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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 68

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68: Capítulo 68 68: Capítulo 68 El secreto de Gralisa Luego de aquel momento tan terrible en el almacén, la pesadilla para Gralisa había terminado.

Saber que estaba a salvo y Rómulo también, la hace sentir mucho mejor.

Aunque sigue inmersa en sus pensamientos, ya que Rómulo había perdido todo el trabajo de su investigación, sólo por rescatarla a ella de manos de sus enemigos.

—¿En qué piensas?

—le pregunta él, mientras conduce el coche de regreso al Chalet.

—En todo lo que pasó.

—responde ella parcamente, sin especificar ningún punto en específico.

—No te preocupes por eso, ya pasó.

Estás a salvo —tomó su mano entre la suya.— No iba a dejar que algo te pasara.

Ella sonríe levemente.

—¿Tendrá alguna repercusión grave el que ella, tu ayudante, tenga la información de la investigació?

Digo porque me comentaste que era secreto de Estado —pregunta con evidente preocupación.

—No.

No le pasé toda la información —le da un guiño.

Ella lo mira con asombro— Digamos que hice algunos cambios, que Laura no logrará entender porque por lo visto sólo era una infiltrada por lo que no debe tener idea de lo que es una fórmula; además, es una mujer bastante arrogante como lo pudiste notar, se cree superior al resto de las personas.

Y bueno, gracias a ti que hiciste ese disparo, distrayéndola por algunos segundos, estoy seguro que no se dio cuenta de esos detalles —él besa su mano un par de veces con excesiva ternura..

—Me alegra de que hayas tomado todas esas previsiones.

Me hubiese sentido aún más culpable —responde ella, y él sonríe— aunque no sé si sólo lo dices por hacerme sentir bien ¿es eso?

—Rómulo niega con su cabeza.

—No, Gralisa no lo digo para que te sientas bien… Entiende dos cosas, Gralisa.

Yo fui culpable de lo que te pasó, no debí dejarte sola.

Además te tomaron como rehén porque saben que me importas.

Si te hubiese ocurrido algo por mi culpa no me lo habría perdonado nunca.

Lo otro es que no soy tan tonto como para entregar todo lo que llevo hasta ahora logrado.

—Realmente eres un hombre muy inteligente y sobre todo, eres valiente y arriesgado.

Yo en cambio, siempre he sido muy cobarde e imprudente— se refiere a sí misma de forma negativa.

—No digas eso, eres la mujer más valiente que he conocido, todo lo que hiciste hoy me demuestra que eres capaz de defender las cosas justas.

Eso me hace sentir muy orgulloso de tenerte en mi vida.

De no ser por tu supuesta “imprudencia” Laura habría notado los cambios que hice en el documento.

Y allí, sí nos habrían eliminado a ambos.

—Rómulo detuvo el auto, la tomó de la barbilla y la miró a los ojos fijamente:— Es la primera vez que me preocupo tanto por alguien, Gralisa, quiero verte sana y feliz, protegerte, cuidarte ¿aceptas?

Ella lo miró con los ojos brillosos, ¿Cómo podía negarse a ello?

Rómulo era un hombre increíble y bueno.

Él la abrazó y la besó apasionadamente.

Minutos después llegaron al Chalet, ambos tomados de mano, subieron a la habitación.

—Tienes una deuda pendiente conmigo —dijo él, y ella sonrió.

—Pues cuando quieras te la pago —contestó ella con picardía.

Ambos se abrazaron y besaron con tanta pasión, que parecía que sus labios y cuerpos eran uno sólo.

Ella sintió como su lengua jugueteaba con la suya, hambrientos el uno del otro.

En ese instante todas las preocupaciones, desaparecieron para ellos.

Rómulo acarició su espalda y su cintura.

Ella se prendió a su cuello, mientras sus cuerpos comenzaron a moverse con deseo.

Rómulo le quitó la blusa que ella llevaba puesta y buscó con avidez sus senos, pero ella lo detuvo.

—¿Vamos al baño?

Quiero darme una ducha antes de hacerte el amor, ahora estoy sucia.

—Realmente así se sentía la chica, sucia por dentro; aunque se duchara mil veces no podría quitarse de la mente lo que había ocurrido en la habitación de aquel pervertido hombre.

—Todo lo que tú digas, mi musa.

—la levantó entre sus brazos y la llevó cargada hasta la tina.

Luego la bajó lentamente.

Gralisa abrió la llave de agua tibia y se quedó algunos segundos debajo de la regadera, sintiendo el agua cayendo sobre su cabeza y su cuerpo.

La temperatura del agua no sólo humedeció sus cuerpos, sino que los arrojó nuevamente en brazos del placer.

Rómulo volvió a tomar a Gralisa entre sus brazos, la besó con locura, con hambre devoradora, ella correspondió a sus besos y se dejó llevar por aquel instante.

Rómulo besó, chupó y mordió sus senos, y abdomen; bajó hasta llegar a su monte de venus cubierto por la diminuta pantie; la pelicastaña respiró profundo y con su cadera le lanzó una invitación perversa.

Él sonrió y con sus dientes fue bajando la tela hasta dejarla a la altura de sus rodillas y con sus manos terminó de sacarla.

Luego se arrodilló frente a ella, aproximó su boca a sus labios verticales y saboreó su vagina, metiendo su lengua entre sus pliegues, mientras con su otra mano frotaba su pene, preparándolo para aquel encuentro sexual.

Gralisa se estremeció al sentir su lengua hurgando entre sus labios rosados y su coño palpitante.

Necesitaba sentir las caricias que su amante le propinaba, él lamió su coño con ganas de devorarlo.

Ella metió sus dedos entre su húmedo cabello y abrió sus piernas, para darle total acceso a su sexo, suplicándole silenciosamente que la tomara y la hiciera suya.

—Te necesito, Rómulo.

Quiero que me hagas tuya.

—bisbiseó entre sus gemidos y su respiración acelerada.

El pelirrubio se puso de pie, la levantó con fuerza y ella lo rodeó con sus piernas, él colocó su miembro turgente y duro en su hendidura y la penetró con vehemencia; sus pelvis se movían al mismo compás.

Ambos necesitaban sentir sus cuerpos y follar para liberar la cantidad de adrenalina que se disparó en ellos durante aquella angustiosa situación.

Jadearon producto del éxtasis que sentían.

Sus movimientos al principio eran lentos, sensuales, pero cuando sintieron el orgasmo cerca, sus embestidas se hicieron brutales, follando con todas sus ganas.

La garganta de Gralisa ardía de tanto jadear.

Rómulo sintió como su miembro era apretado por las paredes vaginales de Gralisa, por lo que aumentó la velocidad de sus embestidas, mientras la presionaba contra la pared, en la medida que su polla entraba y salía de la vagina de la chica.

El nivel de excitación fue mucho mayor y él, aceleró sus movimientos pélvicos hasta llegar a un fabuloso clímax que lo dejó con la garganta seca y el corazón acelerado.

El agua de la regadera, caía sobre ellos, lo que impedía que el pelirrubio notara la tristeza y el dolor que llevaba dentro de su corazón, la pelicastaña.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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