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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 69

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69: Capítulo 69 69: Capítulo 69 El amor no se agradece, se siente Luego de hacerle el amor en la ducha un par de veces, Rómulo salió del baño antes que Gralisa.

Por alguna razón, ella necesitaba limpiar su cuerpo, tratar de quitar de su piel la extraña sensación de repugnancia que sentía tras las caricias de Hades.

—Tengo que quitar de mi cuerpo todo sus huellas —frotó con la esponja su piel, dejándola enrojecida y ardiendo.

Sólo después que Rómulo le preguntó por su tardanza, ella decidió salir de la ducha.

—¿Gralisa, estás bien?

—preguntó él, acercándose a la puerta del baño.

—Sí, sí.

No te preocupes, ya casi salgo.

—Bien, voy a ver que preparo para cenar.

Muero de hambre.

—Ve y ahora te alcanzo.

—tomó la toalla y secó las lágrimas en su rostro que se confundían con las gotas de agua.

Rómulo bajó para preparar algo para cenar, buscó dentro de la gaveta una olla y un cuchillo para cortar algunas verduras.

Minutos después ella bajó con un largo camisón de algodón que cubria sus brazos y llegaba hasta sus rodillas.

Aquella ropa que ella usaba le pareció algo rara a Rómulo, ya que sabía lo sensual y extrovertida de Gralisa.

Gralisa, se ofreció a ayudarle, pero él se negó.

—¿Necesitas que te ayude a pelar las verduras?

—preguntó ella, necesitaba ocupar su mente en algo diferente.

—No, no es necesario.

Hoy yo seré el chef y tú mi invitada de honor.

—Rómulo estaba intentando de todas las maneras posibles de hacerla sentir bien.

Aunque ella intentara negarlo, algo le pasaba.

La pelicastaña se sentó frente a la ventana, miraba a lo lejos, se venía dispersa, ausente.

Había algo más que ella no había querido decirle a Rómulo.

En ese momento, él recuerda las palabras de Laura, humillando a Gralisa, diciéndole que era una ramera.

Aunque Rómulo en ese instante supuso que la rubia se refería a que Gralisa era una actriz de AV, pero ahora tenía ciertas dudas.

La actitud y el comportamiento de la pelicastaña no eran nada normal.

¿Qué le había ocurrido a Gralisa durante el secuestro?

¿Qué era eso que la mantenía inmersa en sus pensamientos?

Se preguntó él.

Gralisa en tanto, seguía perturbada y conmovida por todo lo que Rómulo había hecho por ella, por rescatarla y por protegerla de aquella organización mafiosa.

Además de ello, se encargó de cuidarla y consolarla.

A ratos voltea y lo observa preparando la cena para ambos y se enternece de tener cerca a ella, a un hombre tan especial y bondadoso como él.

En el fondo, Gralisa se sentía inmerecedora de todo lo que él hacía por ella.

Aunque lo intentaba, la pelicastaña no lograba sacarse de la mente el recuerdo de aquel hombre, violándola.

Sentía mucho dolor y repulsión hacia sí misma.

Se estaba ahogando con aquel dolor.

Pero tampoco se atrevía a contarle a Rómulo lo que le había pasado, no quería que él se preocupara más de lo debido.

Ya era suficiente con todo lo que había pasado y ocurrido esa tarde.

Aquel recuerdo la invade nuevamente, las sensaciones de la lengua de aquel hombre en su rostro, los dedos fálicos dentro de su vagina, su impotencia de no poder defenderse; todo aquello la atormentaba y la llenaba de miedo, de inseguridad y de tristeza.

—Todo listo madmoiselle —él tomó la silla y la invitó a sentarse.

Ella caminó hacia él.

Gralisa se sentó, Rómulo le sirvió y cenaron juntos, a la luz de las velas que Rómulo encendió para darle un toque romántico a la ocasión.

El silencio entre ellos, era desconcertante para Rómulo, pero tampoco quería presionarla, esperaba que ella tomara la decisión de contarle lo qué le estaba pasando.

—Quiero descansar, estoy agotada —comentó ella, mientras recogía las cosas de la mesa.

—Ve, no te preocupes.

Yo me encargo.

—ella se despidió de él con un beso en la mejilla y subió las escaleras con lentitud y pesadez.

“¿Qué tienes, mi amor?” se pregunta Rómulo, mientras termina de recoger y lavar la losa.

Gralisa, se tumbó en la cama.

Daba vueltas de un lado a otro sin lograr conciliar el sueño.

La terrible experiencia de haber sido ultrajada al punto de sentir un orgasmo, la humillaba y la hacía sentir un profundo dolor.

Se rechazaba a sí misma por haber disfrutado de un acto tan vil como aquel.

Se fustigaba con pensamientos de rechazo y desprecio por lo que ella era.

Después de terminar de lavar la losa, Rómulo apagó las luces y subió hasta la habitación intentando no hacer ruido para despertarla.

—¿Aún despierta?

—pregunto él, al verla mirando el techo.

—No puedo dormir, se me espantó el sueño.

—respondió ella, aunque él sabía que le estaba mintiendo.

Se acostó a su lado y la cubrió con sus brazos, mientras le acariciaba el cabello.

—Descansa mi amor —le dijo él y ella asintió, le dio la espalda y fingió quedarse dormida.

No quería preocuparlo, no quería ser la causa por segunda vez, de su estrés.

Rómulo cayó como una piedra; en tanto, ella continuó pensativa, sin poder pegar un ojo.

La mañana siguiente, Rómulo despertó después que Gralisa se levantó de la cama.

Se puso de pie y fue hasta ella, la tomó de la cintura y volvió a besarla.

Aunque el cuerpo de Gralisa estaba allí, su mente parecía andar en una nube.

Rómulo continuó besando sus labios, acariciando su cuerpo, tratando de que ella se sintiera bien.

Pero no lo lograba.

No tenía idea de lo que le había pasado en aquel lugar, y si ella no le decía sobre lo ocurrido, él no podría saberlo nunca y no sabría que hacer para ayudarla.

Estaba comenzando a preocuparse realmente.

La Gralisa parada frente a él, no era la misma Gralisa de la mañana anterior.

Pero ¿qué era lo que la tenía así?

¿qué la había cambiado tan drásticamente?

Las preguntas sin respuesta revolotean en la cabeza del pelirrubio.

Rómulo quería estar siempre a su lado, cuidarla, protegerla, evitar que alguien pudiera hacerle daño.

No quería verla sufrir, la amaba demasiado como para ello.

La amaba tanto, que inclusive pensó que prefería estar a su lado aunque él no fuera el único hombre en su vida.

—¡Estoy aquí a tu lado, Gralisa.

No voy a dejarte sola —ella miró la sinceridad en sus ojos profundamente azules—.

Vamos, regresa a la cama.

Necesitas dormir… todo irá mejor.

—No tengo como agradecer todo lo que haces por mí.

—respondió un poco más calmada.

Las palabras de Rómulo le devolvían algo de paz.

—El amor no se agradece, se siente… me importas y siempre estaré para protegerte de todo y de todos.

Soy tu ángel, no lo olvides.

—sostuvo su barbilla y besó sus labios con mucha ternura.

Ella se refugió en sus brazos, podía escuchar los latidos de su corazón.

Regresó a la cama, se acostó y él le ofreció su brazo, ella reposó su cabeza en él, hasta que poco a poco se fue quedando profundamente dormida a su lado.

Finalmente Gralisa, durmió en paz….

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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