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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 7

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7: Capítulo 7 7: Capítulo 7 La tentación Gralisa sigue pensativa, observa en rostro de su atractivo jefe, mientras imagina sus carnosos labios saboreando los suyos.

Su entrépida lengua hurgando entre su boca, jugueteando con la suya, imaginando que entra y sale con un movimiento preciso y sexual.

Se pierde en sus pensamientos por segunda vez, imagina que él abandona sus labios y emprende el recorrido por su cuello, se pasea por sus senos y continúa descendiendo por su ombligo, mete su lengua con firmeza, ella gime de placer.

Ella coloca sus manos en sus hombros y lo obliga a continuar bajando hasta encontrar su coño.

Abre con sus dedos sus labios gruesos dejando ver sus pétalos carnosos y dibujando con su lengua ondeante la ruta hasta su hendidura, dobla su lengua en forma de canal y la mete con firmeza dentro de su cavidad palpitante y ardiente.

Ella se estremece imaginando aquella situación, pronto sus bragas están tan húmedas como su vagina.

Al sentir aquel chorro de flujo descender hasta su pantie, ella se incorpora, respira un par de veces, el calor invade cada parte de ella.

Trata de recomponerse de aquel orgasmo y desvía su atención hacia la cena que tendrán en un rato.

—¿Qué vsmos a cenar?

—pregunta ella y ante la inesperada pregunta él sonríe con picardía y responde: —¡Es una sorpresa!

—Me encantan las sorpresas, pero soy un poco remilgosa para comer cualquier comida.

—No te preocupes, te aseguro que te gustará.

—responde él y el ambiente se vuelve más tenso para ambos.

El juego de palabras toman un sentido diferente en las mentes de quienes piensan en lo perverso, en el lo excitante, en coger.

Lo que menos imagina Gralisa es que Neves realmente tiene preparada una sorpresa para ella, él mismo ha preparado la cena.

Llegan a la lujosa mansión, es evidente que Neves gana muy bien como director de filmes para adultos.

Ella observa con detenimiento la decoración, es bastante minimalista, lo que le da sobriedad y elegancia al lugar, algunos cuadros con imágenes abstractas y el lujoso comedor donde ambos cenaran.

Mientras, ella se sienta, él sirve la pasta a la putanesca que sabe preparar muy bien y que es su receta favorita.

—¿Vino?

—pregunta él, descorchando la botella de vino blanco.

Ella asiente.

Él sirve la copa de ella, luego la suya.

Se sienta y brinda con ella.— Por esta noche, llena de sorpresas.

¡Salud!

—¡Salud!

—responde ella, viendo la humedad de sus labios al sabotear la copa de vino.

Aquel detalle resulta algo especial para ella, que él mismo haya preparado la cena y esté brindando por aquel momento, la hacen suspirar de emoción, pensando en la remota posibilidad de que él, Neves, tenga algún interés más allá de lo profesional en ella.

Gralisa siempre ha sido muy insegura de sí misma, por lo que aunque deseé que su jefe se fije en ella, su mente la contradice.

Si Neves nunca ha mostrado interés por alguna de las actrices de la lista A, que suelen ser no sólo bellas sino bastantes exigentes y diestras en las técnicas sexuales y de seducción, como podría fijarse en ella que pertenecía a la lista D.

Eso era imposible.

Luego de cenar, pasaron al salón principal, mientras degustan un frangélico para digerir la comida, ella conversa con él acerca de su interés por escalar hasta el nivel de las actrices de la lista A.

—Sé que es algo un poco exigente de mi parte lo que te voy a deci4, pero necesito subir a la lista A y sé que tú com tu experiencia u nuevos consejos eres el único que puede ayudarme.

¿Dime que es lo que tengo que hacer para acceder a los privilegios de las actrices top de la empresa?

—Neves la escicja con atencion, mientras lleva su mano al mentón y piensa— Quiero ser una excelente actriz, que todos deseen ver mis videos y ganar no solo popularidad sino más dinero.

Eso sí, me gustaría tener un estilo propio.

Admirado por el deseo de Glarisa de crecer en el mundo de los AV, la anima a no desistir de su idea.

—Ven, acompáñame —se pone de pie, deja el shot sobre la mesa de centro.

Ella se levanta de su asiento y lo sigue.

Al subir las escaleras y ver que él se enfila hasta su habitación, se estremece imaginando lo que puede significar aquella invitación a su dormitorio.

—Para poder determinar el estilo personal que deseas, necesito que te desnudes.

—Glarisa comienza a sudar, su corazón late apresuradamente y su respiración es agitada.

Aquello es mucho más difícil de controlar que cuando están frente a las cámaras , rodeados de empleados.

Pero allí, solo ellos dos y sus infinitas ganas de follar con él, es demasiada enorme la tentación.

—Vamos, desvístete —le ordena y ella comienza a desvestirse con cierta timidez.

Primero desabotona la blusa, lentamente dejando ver su ropa íntima, color rojo que resalta sobre su blanca piel, luego desabrochar la falda que se desliza por sus piernas hasta caer al suelo.

Saca un pie, luego el otro.

Neves la mira fijamente, sin distraerse, aquello provoca en ella excitación.

Luego suelta el sujetador y sus senos firmes se erizan por completo.

Glarisa termina, quitando su pantie de encajes rojos y negros que hacen juego com su brasier.

Neves se acerca a ella, lentamente.

La mira y comienza a tocar cada parte de su cuerpo, su cintura, sus redondeadas caderas, la firmeza de sus muslos torneados.

—Nada mal —murmura.

Ella traga en seco, está nerviosa y a la vez ansiosa y sumamente excitada.

Neves la toma de la barbilla, le levanta el rostro y la mira fijamente.

Desliza sus dedos por su rostro, iniciando desde su frente, su nariz hasta llegar a su labio inferior y obligándola a abrir su boca.

Ella deja escapar un gemido.

—¡Ahhhh!

—que se escucha como un eco repetitivo en su cabeza.

Luego se acerca y la besa.

Sus labios se sumergen en un rítmico y apasionado beso, sus lenguas se juntan y se entrelazan al igual que sus labios, una necesidad de devorarse y a la vez calmar la sed contenida desde hace algún tiempo.

Gralisa siente que su cuerpo va a estallar de ganas, pero no desea echarlo a perder.

Se somete a cumplir las órdenes de su jefe.

Aquella sumisión es tan excitante como la que experimentó días atrás, porque queriendo abrazarlo y tomar el control, sabe que no debe hacerlo.

—Besas muy bien —dijo el separándose lentamente de ella.

La chica se estremece con sus palabras.

Mas, él parece imperturbable frente a ella.

Él baja su mano hasta su clavícula para medir el porcentaje de grasa corporal de Gralisa, asiente al comprobar que ella está muy bien.

Luego continúa descendiendo hasta llegar a sus senos.

El hombre se inclina y con su puntiaguda lengua bordea la forma redondeada de sus pezones, un río de fluidos se desborda de su vagina como lava ardiente que quema a su paso, las contracciones pélvicas, esa especie de taquicardia vaginal comienza a tomar vida.

Uno a uno los chupa con fuerza.

—¡Son exquisitos!

—la mira y ella gime— Mas… un tanto pequeños —bromea y los apreta con ambas manos meciéndolos con fuerza.

Gralisa trata de calmarse aunque no puede; no internamente, pues sus bragas están tan húmedas que podría exprimirlas y ver el chorrete de fluidos que salen de ella.

Está ansiosa por sentir su pene taladrando dentro de ella.

Pero debe contenerse, nuevamente debe ocultar su deseo de follar con su jefe.

Se consuela con las burlas que Neves hace hacia ella y su cuerpo, eso la regresa a tierra, a la realidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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