El Juego de la seducción mortal - Capítulo 76
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76: Capítulo 76 76: Capítulo 76 Regresa la pesadilla Gralisa despertó súbitamente y algo sobresaltada: —¡Jahh!
—miró a todos lados, un poco aturdida; se había quedado dormida sin percatarse en que momento lo hizo.
Buscó con su mano el móvil entre las sábanas, no lo encontraba, se incorporó un poco, siguió hurgando entre las sábanas hasta que por fin dio con él; miró la hora, apenas habían transcurrido algunos minutos, sólo diez minutos que le parecieron a la pelicastaña, toda una eternidad.
Se sentó en la orilla de la cama ¡on lentitud, estiró sus brazos, tanteó la pantuflas con sus pies, se levantó, volvió a estirar sus brazos, frotó sus ojos y arregló el cinto de su albornoz; un bostezo escapó de sus labios, aquella breve siesta pareció dejarla más cansada a cómo se sentía antes de dormir.
Sintió mucha sed, fue hasta el refrigerador, se sirvió un vaso con jugo y lo bebió de un solo sorbo.
Dejó el vaso sobre el mesón de mármol y caminó en dirección a la sala principal, se sentó en el sofá con las piernas recogidas, en posición budaica.
Miró su móvil varias veces y entre el cúmulo de dudas que la llenaban de inseguridad, finalmente decidió llamar a Rómulo.
Aunque Gralisa no quería incomodarlo, deseaba por lo menos oír su voz.
No había sabido de él desde aquella tarde que salió a poner la denuncia y regresó al instituto para continuar con su investigación.
Después de ese día no había vuelto a hablar con él pelirrubio.
El móvil repicó varias veces, per¡”él no atendía; justo cuando la chica estaba por desistir, escuchó la voz agitada del otro lado de la línea.
—¡Aló!
—respondió y la pelicastaña se emocionó al oír su voz.
—Hola, ¿cómo estás?
—preguntó ella con un tono dulce y a la vez de añoranza.
—Bien mi amor, y ahora mucho mejor que puedo escuchar tu voz.
He estado tan ocupado que no he podido tomarme un tiempo para llamarte y saber de ti —exhaló un suspiro— ¿y tú, cómo has estado?
—Bien, también.
Pero extrañándote mucho.
—dijo ella.
—¿De verdad me has extrañado?
—preguntó él con un tono sugestivo.
—Sí, mucho.
—respondió la chica; aunque tal vez la forma de ella extrañarlo era diferente a lo que él imaginaba, sintió un tono pícaro en su voz; mas lo que ella necesitaba era el sentirse protegida y sólo junto a su ángel, lo lograba.— ¿Y tú, me has extrañado?
—le devolvió la pregunta del mismo modo.
—Absolutamente, no veo el momento de terminar con todo esto y poder ir a verte.
Necesito verte… —esta vez el tono de su voz se escuchaba cansado.
—También espero que regreses pronto.
¡Me haces falta!
—masculló.
—¿Cómo ha estado todo por allí?
—La pregunta de Rómulo, incómoda un poco a la pelicastaña, ella estaba poniendo todo de su parte para superar aquel trauma y esa interrogante la ponía ansiosa y nerviosa.
Evitando caer en esa situación, terminó cambiando de tema y hablándole sobre su nuevo proyecto en AV.
—Ya comencé a filmar una nueva película.
—¡Eso es excelente!
Podrás distraerte un poco.
—Sí, es lo que estoy haciendo, tratando de no pensar mucho y enfocándome en las grabaciones.
—¿Y quién es mi rival?
—preguntó con suspicacia.
Rómulo sabía que Neves al ver sola a Gralisa intentaría acercársele y hacer que la actriz cayera rendida nuevamente a sus pies.
Lo que no sabía él, era que efectivamente Neves lo había intentado en el primer momento que supo de su regreso, sólo que Gralisa, no quiso aceptar su invitación, Neves era lo suficientemente inteligente y seductor como para convencerla y esta vez ella no estaba dispuesta a seguir su juego.
Gralisa tragó en seco, aquella pregunta era muy directa.
Pensó en lo ocurrido con Santiago y terminó respondiendo a su ángel: —Ninguno, eres el único con quien puedo sentirme protegida y segura.
—dijo con firmeza.
—¿Sólo eso?
—insistió él, usando un tono de voz bastante seductor, pero justo cuando Gralisa le iba a contestar, oyó la voz de fondo de una mujer, indicándole a Rómulo que en un par de minutos daría inicio la reunión para tratar el tema del robo de la investigación.
Gralisa quedó descolocada en ese instante, por lo que pensó que lo mejor era dar por terminada la conversación, no quería interrumpir el trabajo de Rómulo, ya había hecho que por su culpa, su ángel perdiera parte de su trabajo.
—Creo que mejor hablamos después, cuídate mucho.
No olvides hablarme cuando puedas.
Me hace bien oír tu voz.
—Así lo haré, mi musa, mi amor… Gralisa, finalizó la llamada, se quedó pensativa por unos segundos, Rómulo era un hombre encantador y maravilloso pero la mayor parte del tiempo estaba ocupado, eso era algo que la desconcertaba.
Tampoco quería tener que ponerlo a escoger entre ella y su pasión por la física.
El timbre de la puerta la trajo d¡”vuelta a la realidad.
Se puso de pie y fue hasta la puerta, abrió y frente a ella estaba un joven con un uniforme de repartidor.
La pelicastaña estaba confundida, no recordaba haber hecho algún pedido.
—¡Sí, dígame!
—ella preguntó y el joven respondió sacando de detrás de su espalda, un ramo de rosas rojas.
Gralisa sonrió pensando que podía ser algún detalle de Edgar, ya que usualmente la sorprendía con detalles románticos como ese.
—¿Es usted, Gralisa?
—ella asintió.— Señora, esto me lo ha confiado un hombre guapo para que se lo regale.
La idea de que se trataba de Edgar se mantuvo en su mente, por lo que le preguntó al repartidor, sonriendo: —¿Cómo se llama?
Digo, el hombre que me envió las flores.
—Mas lo que le diría aquel chico posteriormente, cambiaría el estado de ánimo de la pelicastaña, abruptamente.
—Hades —respondió el repartidor, Gralisa quedó paralizada, sintió que la adrenalina subía por su cuerpo dejándola petrificada y atónita— también quería que le diera un mensaje de su parte “te he encontrado, querida”.
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