El Juego de la seducción mortal - Capítulo 78
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78: Capítulo 78 78: Capítulo 78 ¡Siempre, serás mía!
El grito de Gralisa, obligó al hombre que estaba del otro lado de la puerta a abrirla, empujando con fuerza para que Gralisa le permitiera entrar.
Ella sintió que la fuerza de aquel hombre era superior a la suya y dándose por vencida se echó para atrás.
Al levantar la mirada se encontró con los ojos oscuros de Neves.
Gralisa temblaba son poder evitarlo, a pesar de los esfuerzos de Neves por protegerla y hacerla sentir a salvo.
—¡Por Dios, Gralisa!
¿Qué te ocurre?
¿Por qué tiemblas de esa manera?
—pero ella no respondía, sólo se aferraba a su pecho para ocultarse “¿de qué se escondía?” Se pregunta Neves—.
¿Por qué no me abrías la puerta?
Llevo rato tocando para que me abras.
¿Qué te ha sucedido?
La recepcionista me informó que habías llamado haciendo preguntas extrañas ¿dime que está pasando contigo?
—Neves acaricia su cabeza y su espalda, tratando de reconfortar a la pelicastaña.
El llanto de Gralisa persiste.
Sólo se imagina lo que hubiese pasado si él no hubiese aparecido frente a su puerta.
Si bien ella había estado enamorada de Neves desde que llegó a AV, también sabía que él nunca se casaría con una mujer humilde como ella.
Pero daba gracias a Dios porque él estaba allí, justo en ese momento cuando ella más necesitaba sentirse segura.
Estando un poco más calmada, Neves la llevó hasta el sofá, le sirvió un vaso con agua y le dio a beber.
—Debes calmarte preciosa.
—ella sostuvo el vaso con ambas manos, le hizo un espacio a Neves, y él se sentó junto a ella.— Tienes que decirme que es lo que ocurre, sino no tengo como ayudarte.
Gralisa pensó que siendo Neves un ejecutivo importante en la empresa, podría ayudarla por lo que decidió contarle todo lo ocurrido.
—Cuando salí de la grabación de la última película, Rómulo me invitó de vacaciones a un lugar donde estaba trabajando con su investigación —aunque Neves la escuchaba atento, no podía ocultar su incomodidad al saber que ella estaba junto al actor, los celos lo invadían en la medida que Gralisa hablaba de él con tanta admiración y emoción— No supe cuando me desmayé, sólo estaba con los ojos vendados y maniatada.
Sé que allí estaba un hombre y que se aprovechó de que no podía defenderme para violarme —la pelicastaña no puede evitar romperse, hablar de aquel asunto sigue siendo difícil para ella.
—¿Quién fue ese desgraciado?
—pregunta Neves, apretando los puños con fuerza y frustración.
—No sabía su nombre hasta hoy.
En aquel momento me juró que me volvería a ver y hoy un repartidor tocó a mi puerta, me trajo un bendito ramo de rosas y me dijo que me había encontrado.
—se abraza a su jefe—.
Neves tengo miedo, no quiero volver a estar sola, ni quiero que me haga daño, tienes que ayudarme por favor.
Neves se siente indignado, Rómulo debió haber cuidado de ella y no ponerla en riesgo, todo lo que había pasado era su culpa, Gralisa no tenía por qué haber sufrido tal vejación por parte de aquel perverso hombre.
—¿Hades?
Dices que así se llama el malnacido que… —Neves no se atreve a repetir aquella palabra, cada vez que lo piensa, le hierve la sangre y el deseo de vengarse de aquel hombre se apodera de él.
—Sí, eso fue lo que me dijo el repartidor.
—contesta ella, entre sollozos.
Neves se queda pensativo, no encontró un ramo de rosas afuera.
Algo no le cuadraba en aquella historia, sabía que Gralisa era algo nerviosa.
Escuchar y ver a Gralisa devastada y atemorizada, le recuerda que usualmente las victimas de este tipo de situaciones suele pensar que es su culpa, en base a su experiencia, Neves se inclina y besa con ternura y compasión su cabeza: —¡No eres culpable de nada de lo que pasó!
—ella levanta la mirada, él limpia sus lágrimas— ¡Estoy aquí para ayudarte!
Para protegerte y cuidar de ti, mi princesa.
Sabes que puedes contar conmigo.
Neves siempre ha admirado la fuerza y valentía de Gralisa no sólo como actriz sino como mujer, poco a poco podría superar aquel trauma.
Mas, él estaba dispuesto a investigar quién le había hecho daño e ir hasta las últimas consecuencias contra aquel desgraciado.
Las palabras de Neves, conmueven a la pelicastaña, la percepción que tenía sobre él, minutos atrás cambia por completo, ahora quería estar a su lado y que él la protegiera.
Necesitaba de alguien y ese alguien era él.
Siempre había confiado en Neves, porque él siempre la ayudó.
Sólo que cuando él le confesó lo que había hecho para separarla de Edgar, ella pensó que él quería hacerle daño, sin entender que realmente sólo intentaba asegurarse de que ella no sufriera y por supuesto, de no perderla.
Neves la miró fijamente, sostuvo su rostro entre sus manos y repartió besos en su frente, sus ojos, su nariz, sus mejillas, su barbilla y finalmente sus labios, Gralisa se entregó por completo a aquel beso.
Los labios de Neves abrazaban los suyos con pasión, extrañaba aquellos labios y esa manera de hacerla estremecer con apenas besarla.
Pronto las manos de Neves, amasaron la cintura de Gralisa, abriendo la bata y sintiendo su suave piel.
La miró, ella estaba totalmente desnuda, su cuerpo, el de ella, reaccionó rápidamente y sus pezones se endurecieron, su piel se erizó por completo.
Neves la observó, escaneando de pie a cabeza, la desnudez de Gralisa, provocando un despliegue de emociones internas en la pelicastaña, ella sintió su vagina humedecer y contraerse al sentir como con la mirada de su ex amante, la miraba de arriba hasta abajo, deseoso de poseerla.
Él se inclinó y le susurró al oido: —Siempre serás mía, Gralisa.
Mi princesa.
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