El Juego de la seducción mortal - Capítulo 79
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79: Capítulo 79 79: Capítulo 79 Perfectos amantes Neves tumbó a Gralisa desnuda sobre el sofá, y la besó con lentamente, comenzando desde sus labios, saboreó su boca, mordió y chupó sus labios y su lengua, descendió luego por su cuello, donde también chupó y lamió, provocando en ella sensaciones intensas de deseo y placer, luego bajó hasta sus pechos, allí se detuvo unos segundos, besando, mordiendo y chupando uno a uno sus pezones turgentes y endurecidos.
Continuó el recorrido hasta su abdomen bajo, su monte de venus y abriéndose paso con su lengua y labios se internó entre sus labios hasta dar con el pistilo que se encontraba rodeado de sus pétalos en flor.
Neves, acarició con la punta de su lengua el pistilo rosado y movió en forma circular su lengua bordeándolo por completo, cubriéndolo de saliva y chupando con suavidad sus labios menores.
Gralisa se fue entregando al placer y todas sus emociones comenzaron a ser reemplazadas por el intenso deseo y la lujuria.
Las habilidades amatorias de Neves eran innegables, su astucia en tocar, acariciar y estremecer a Gralisa, lograban volverla loca.
Siempre tenía un as guardado bajo la manga, o en este caso, ¿bajo la lengua?
Después de lamer su pistilo siguió bajando, colocó sus manos en la parte interna de los muslos de la pelicastaña y los separó aún más, dejando que sus pliegues dejaran al descubierto su orificio vaginal.
Se aproximó y amagó a meter su lengua, lo cual Gralisa anhelaba con ansias, pero se detuvo y sopló en su hendidura, sin besarla ni lamerla.
Gralisa gimió y gritó de placer cuando el flujo de aire le hizo cosquillas en su coño.
Ella enlazó sus piernas a la cabeza de Neves, incitándolo a lamerla para calmar aquel deseo inhóspito que le provocó aquella experiencia nunca antes vivida por ella.
Su pistilo rosado comenzó a contraerse, dejando escapar un líquido brillante y viscoso.
Al ver como ella estaba excitada, Neves lamió su clítoris con su puntiaguda lengua y lo mordió suavemente con sus dientes, luego con sus dedos abrió lentamente el pistilo de Gralisa hasta dejar que de ella emergieran todos sus fluidos, dejando su coño húmedo y brillante.
Neves se incorporó y empezó a desvestirse delante de Gralisa, dejando ver lo fuerte de sus músculos y su tonicidad, su abdomen era perfectamente marcado y delineado, su vientre y la V que convergía en la base de su pelvis, hicieron sonrojar a Gralisa.
Lentamente se acercó a la pelicastaña, se arrodilló en el sofá, separando sus piernas con las suyas, sostuvo con su mano izquierda la pierna derecha de ella que colindaba con el espaldar del sofá y con su otra mano se apoyó en su otro muslo.
Observó con detenimiento como el coño de Gralisa se contraía e imploraba probar su presa.
—¿Lo deseas?
—preguntó él, mirando como ella humedecía sus labios sedientos con su lengua y elevaba su cadera tratando de aproximarse al mástil duro y palpitante de Neves.— Responde, ¿lo deseas?
—ella asintió y Neves esbozó una sonrisa perversa.
Neves introdujo su pene grueso y largo en el coño húmedo de Gralisa, quien gimió al sentir como se deslizaba dentro de su vagina.
El miembro curvo de Neves entró profundamente haciendo que su glande rozara la abertura del útero de la pelicastaña.
Un placer intenso se desató en ambos, los movimientos de Neves sobre ella eran precisos y profundos, lo que desesperaba a la chica quien ansiaba sentir su pinga entrando y saliendo con mayor rapidez e intensidad.
Gralisa sujetó sus propias piernas permitiendo que su orificio vaginal quedara completamente libre para ser penetrado por Neves, quien se movía con ganas de correrse dentro de ella, la deseaba, la deseaba tanto que volver a sentirla lo hizo enloquecer de ganas.
Tuvo que contenerse para no derramar su semen dentro de ella, por lo que sacó su falo, la tomó de La cintura y la hizo girarse, ella se arrodilló sobre el sofá y levantó sus glúteos, pegando su torso y rostro del cojín, mientras él la sostenía por la cadera y la penetraba con fuerza.
El pene de Neves, entraba y salía de la vagina de Gralisa con rapidez, ella contraía sus músculos pélvicos presionando con sus paredes vaginales la pinga cada vez más dura de su amante.
Ella volteaba a mirarlo, mientras el sudor de él caía sobre sus redondas nalgas.
Neves no paraba de ensartar su pene en el orificio de Gralisa, en algunos momentos lo sacaba sólo para acariciar la separación de sus nalgas y ver como su ano se contraía de ganas.
Ella se incorporó y él se sentó en el sofá colocando sus brazos abiertos en el espaldar, ella se subió sobre él y a horcajadas cabalgó sobre su pinga.
Él jadeaba de placer y chupaba las tetas de Gralisa que quedaban perfectamente a la altura de su boca, mientras ella se sujetaba de sus hombros y se balanceaba de adelante hacia atrás con vehemencia.
—¡No sabes como te he extrañado Gralisa!
—murmuró él mientras mordía su cuello, provocando mayor excitación en la pelicastaña.
Gralisa no quería admitir que al igual extrañaba la manera singular de follar con Neves, si algo no podían negar ninguno de ellos, era que como amantes se entendían a la perfección y disfrutaban sl máximo de sus perversas ganas.
Cambiaron de posición nuevamente, él se acostó de lado dejando un espacio para ella, quien quedó de espaldas a él, Neves levantó la pierna de Gralisa con su mano e introdujo su polla dentro de ella, la garganta de la pelicastaña estaba seca de tanto jadear.
Él colocó la pierna de ella sobre el espaldar del sofá y apretó, manoseó y acarició sus turgentes pezones, mientras los apretaba, la chica gemía de placer, Neves lograba enloquecerla de tal manera, que aunque ella deseara no podía evitar sucumbir a sus deseos e instintos sexuales… Si tan sólo Neves quisiera casarse con ella todo sería perfecto.
Suspira y se contonea con fuerza provocando en Neves deseo de correrse por segunda vez…
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