El Juego de la seducción mortal - Capítulo 8
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8: Capítulo 8 8: Capítulo 8 Una prueba de fuego No era la primera vez que Gralisa era examinada de aqueñla manera como actriz de video de adultos.
De hecho, uno de sus atributos era precisamente la belleza física que ella poseía.
Era esbelta, pero sus curvas eran pronunciadas y esto le encantaba a los directores de los casting.
Mas, aquella revisión que realiza Neves, no solo es minuciosa sino que venía de las manos del hombre por quien ella sispiraba.
¿Sería capaz de pasar aquella prueba de fuego sin quemarse?
Neves, amasa sus senos una vez más provocando en ella, un placer increíble, luego él desliza sus manos hasta la cintura esbelta de la chica, contornea sus curvas con firmeza.
Se aproxima a su oído y susurra: —Eres muy sexy —ella respira agitada, tratando por todos los medios de no dejarse llevar por aquel deseo que le mueve por dentro, que le recorre cada centímetro de su piel, que arde y quema en su interior.
La hermosa mujer, intenta enfocarse en que todo aquello es una rutina, que debe controlarse “Vamos Gralisa, tú puedes” se repite en su mente una y otra vez, aunque cada vez se siente más al filo de caer.
Respira profundamente y muerde sus labios impidiendo que algún gemido escape de sus labios al él tocar alguna parte sensible de su cuerpo, aunque ante él, ella es realmente vulnerable.
Sin imaginarlo y de manera repentina, las manos de Neves, se dirigen hacia sus caderas para luego posicionarse de su redondo trasero, la apreta con tal fuerza, que Gralisa deja escapar un gemido intenso tras aquel roce.
A pesar de ello, Neves parece imperturbable ante la demostración de placer que se escapa de los labios de Gralisa.
Él continúa acariciando ahora sus muslos, como si el grito de ella lo incitara a seguir explorando su cuerpo y develando cada uno de los deseos ocultos de la chica.
—¡Quítate las bragas y abre las piernas!
—le ordena, ella por instantes duda en hacerlo, si lo hace el podría notar sus deseos más íntimos.
La braga está tan húmeda como su interior, su vagina parece una fuente de fluidos volcánico.
Al mirarla, en espera de que ella termine de desnudarse, nota que sus mejillas estan encendidas y sonrosadas.
—Gralisa, tienes que tomarte las cosas con seriedad y con una actitud profesional —la mira fijamente, ella baja la mirada, sabe que él tiene toda la razón, pero su temor es quedar en evidencia ante él.
Aún así, accede a cumplir sus órdenes y cuando saca su pantie, está empapada de fluidos vaginales.
—No tienes porque avergonzarte, es parte de nuestra fisiología humana ante cualquier estímulo externo que nos provoque placer.
—Neves trata de explicarle con un lenguaje un tanto formal aquella situación; mas, en la mente de la chica sólo había una única explicación lógica.
Gralisa dice para sus adentros “si tan solo imaginaras que es contigo que me mojo de esa manera”, suspira ante esa idea.
—Vamos abre las piernas y muéstrame lo que hay dentro de ellas, quiero ver tu vagina.
—le ordena, eleva su mirada y la mira fijamente a los ojos.
Gralisa no sabe que es más excitante para ella, si las caricias de Neves o su voz de forma fría dándole aquellas órdenes tan soeces.
En cuanto, la chica abre sus piernas, sus labios húmedos e hinchados resplandecen con los fluidos que emanan de su hendidura y que, inevitablemente se deslizan por sus muslos.
Aquello la llena de vergüenza, estaba quedando en evidencia frente a él, le estaba demostrando lo que podía provocar en ella con tan solo tocarla.
Neves, no se detiene, muy por el contrario, abre aún más las piernas temblorosas de la chica, se agacha frente a ella y coloca su cabeza frente a su sexo, con su mano y sin perder contacto visual con ella, mete su mano entre sus pliegues carnosos y los frota a tal punto que Gralisa ya se siente venir, él introduce sus dedos y con movimientos hábiles dentro, entrando y saliendo de su coño, logra que ella explote en un orgasmo con tan solo penetrarla un par de veces con sus dedos.
Aunque ella trata de contenerse, cuando él mete sus dedos, los fluidos de la chica salpican el rostro de Neves.
Gralisa siente que muere de vergüenza, se cubre la boca con ambas manos, quería disculparse con él, decirle “lo siento”, pero su sorpresa es mayor cuando ve que Neves se pone de pie, baja la cremallera y saca au polla del pantalón que también está a punto de reventar, para luego colocar su pene dentro de su coño ardiendo.
Cuando la cabeza de su pene hizo contacto con los pliegues de su coño, ella sintió como de su hendidura chorreaba baba delgada, indicio de que estaba caliente hasta el tope, se encontraba en su mero punto, ya no necesitaba más estimulo.
Con un ágil movimiento Neves introdujo la cabeza y parte del grueso tallo dentro de la vagina acuosa.
Empujó otro poco y metió su miembro hasta la raíz dentro de la tibia y húmeda vagina de Gralisa, que se amoldó perfectamente a su pene como si fuera un guante o un estuche de piel elaborado exactamente a su medida.
Neves comenzó a bombear rítmicamente, mientras ella seguía los movimientos tratando de mantener el mismo ritmo, logrando que el goce fuera mutuo y más intenso para los dos.
Con fuerza la embiste, penetrándola una y otra vez, provocando sonidos excitantes cada vez que su polla sale y entra; ella gime y se estremece ante cada roce de su pene contra sus paredes vaginales, su coño se amolda perfectamente al grosor de su pene ardiente y palpitante, sus movimientos ondulantes de cadera y sus pieles chocando enloquecen a Gralisa, quien no para de bisbisear el nombre de su jefe con gran excitación: —¡Neves!
Sí, así, que rico… —¿Así, te gusta así?
—pregunta él entre jadeos, mientras ella se contonea provocando mayor fricción e intensidad entre su pene y su vagina..
—¡Ahhhh!
—ella deja escapar ahora sus gemidos, sin inhibiciones; liberando cada emoción contenida en ella.
El hombre la sostiene con fuerza de las nalgas, presionándola contra su pelvis, acelerando una vez más sus movimientos ondulantes y pélvicos; tras cada embestida, ella gime de placer, de deseo, se aferra a su espalda con sus uñas, su cuerpo se estremece, sus piernas también, él sube y baja afincando su cadera, hasta que finalmente en un movimiento fuerte y preciso, jadea y se corre dentro de ella.
—¡Ahhhg!
—Neves gruñe.
Inesperadamente y luego de aquel estallido orgásmico, él se separa de ella.— Lo siento, te pido disculpas, pero no pude evitarlo, quería experimentar sexualmente contigo.
—ella asiente con la cabeza un tanto desconcertada.
Mas de forma repentina lo que él hace después, la estremece por completo de nuevo.
Neves relame sus labios, saboreando los fluidos del coño de Gralisa.
Ante aquella actitud, Gralisa se queda sorprendida, aún no puede creer que haya cogido con su jefe y que él se haya comido sus fluidos.
Desliza su mano por su entrepierna y ve el semen de Neves chorreando.
Neves se había corrido dentro de ella, sí lo había hecho.
Mientras su vagina continúa palpitando, en su cabeza se repite una sola pregunta: ¿Qué pasaría ahora entre ella y su jefe?
Habían cogido.
¿Hasta donde aquello era real y hasta donde dejaría de serlo?
Gralisa estaba dispuesta a caer en aquel infierno de pasión y lujuria, sin pensar en otra cosa que no fuese disfrutar aquel momento de placer en total plenitud.
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