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El Juego de la seducción mortal - Capítulo 90

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90: Capítulo 90 90: Capítulo 90 ¡Siempre serás mía!

Al ver en el rostro de Gralisa la decepción, Edgar confrontó a Neves: —¡Cállate!

¿Qué me dices de ti?

No eres tan buen tipo como pareces, ¿verdad?

Sólo eres socio de una empresa cinematográfica, ¿qué eres capaz de hacer para ayudar a Gralisa contra el hombre que la violó?

—Edgar estaba muy enfadado al ver que Neves sólo tenía la intención de dejarlo mal parado frente a Gralisa.

—Eso es asunto mío, pero ahora mismo eres tú quien debería marcharse.

Ve al baile, allí está tu prometida, esperándote.

—No sigas diciendo estupideces, no soy como tú.

Mientras Neves y Edgar discutían, la pelicastaña estaba devastada y triste, Edgar también estaba comprometido, a pesar de que le prometió que lucharía para estar con ella.

Al igual que Neves, él le había mentido, incluso se había acostado con ella a pesar de su compromiso.

Sólo la usó como su amante.

¿La trataba como a una amante?

Indignada por aquella verdad, interrumpe la vanal discusión entre los dos hombres quienes se la disputan sólo como un trofeo de una noche, porque ninguno, ninguno de ellos tenía intenciones de casarse con ella.

—¡Me has estado engañando todo este tiempo!

—espetó.

—No, mi amor.

Nada de lo que dice Neves es verdad, sólo estoy con ella para que me ayude a conseguir lo que deseo, el poder para controlar a mi familia y casarme contigo.

No te miento Gralisa.

Para la pelicastaña, los argumentos de Edgar eran absurdos y vacíos, tan vacíos como los de Neves, ambos eran capaz de estar con cualquier mujer sólo por obtener más dinero.

—Eres igual a Neves, sólo les interesa lograr lo que desean sin importarle los sentimientos de los demás.

Me mientes a mí y a esa otra mujer que también confía en ti.

¿Cómo pudiste Edgar?

—Déjame explicarte mi amor.

Las cosas no son como tú crees.

—No tienes nada que explicarme.

No quiero oír tus mentiras —ella se cubre las orejas, mientras grita con indignación y frustración.— Déjame en paz, vete.

—No mi amor, no me hagas esto Gralisa.

—se acerca y la toma de ambos brazos, pero ella lo rechaza asqueada al sentir sus manos.

—Lárgate Edgar, no quiero volver a verte —Gralisa grita iracunda y le señala la puerta de la habitación a su ex amante.

—Espero no te arrepientas de esto, Gralisa.

Todo lo que estoy haciendo era para estar a tu lado.

Edgar no tuvo más opciones que salir de aquel lugar.

Gralisa no estaba dispuesta a escucharlo ni mucho menos a entender todo lo que él hizo y estaba haciendo para estar junto a ella.

Cuando Edgar salió de la habitación, Gralisa se sentó en la cama y se echó a llorar.

Neves aprovechó aquella situación para acercarse a ella, tratando de consolarla.

Pero la pelicastaña reaccionó diferente a cómo él esperaba.

Lo apartó de un empujón.

—¿Por qué no te vas, qué diferencia hay entre tú y Edgar?

Vosotros dos sólo me tratáis como a una puta ama.

Las palabras de Gralisa provocaron la rabia de Neves, quien la tomó de ambos brazos y la levantó de la cama, luego la besó a la fuerza, pero a diferencia de otras veces en las que ella terminaba cediendo a sus encantos, ella le dio un mordisco en el labio inferior.

Neves la apartó con enojo, pasó el dedo por su labio y vio la sangre que salía, con su lengua tanteó l¡”herida evitando que sangrara.

—Lo defiendes, defiendes a Edgar ¿Eres capaz de perdonar lo que te ha hecho?

Se va a casar con otra, te mintió Gralisa.

Edgar nunca va a abandonar a su familia porque él está acostumbrado a tener todo lo que desea y tú no eres más que otro de sus caprichos de niño rico.

Gralisa no reaccionó esta vez, se quedó en silencio, callada y pensativa.

No sabía que contestar, porque a pesar de todo no quería perder contacto con Edgar.

Al ver que ella no le contestaba, Neves se lleno de ira y de celos, Gralisa parecía importarle más estar con Edgar que con él.

Aunque Neves no le dijera abiertamente lo que tenía planeado, deseaba ayudarla, lo que sentía por ella era real, a pesar de que tal vez no era la mejor manera en que ella esperaba ser ayudada.

La impotencia lo llevó a querer demostrarle a la fuerza lo que sentía por ella, por lo que sin importarle le arrancó el camisón de algodón que llevaba puesto, dejándola totalmente desnuda.

Luego se abalanzó sobre ella, la pegó contra la pared y con sus piernas logró separar las de ella, Gralisa no se defendía, sólo lo miraba sin moverse, él manoseó su cuerpo con lujuria, y mientras la besaba, la penetró salvajemente.

Neves estaba fuera de control, Gralisa era suya, siempre lo había sido y él estaba dispuesto a recordarse así tuviese que usar la fuerza.

—¡Eres mía y de nadie más!

Tú me perteneces Gralisa.

—besa sus labios y su cuello con un deseo perverso.— No voy a permitir que ninguno de esos imbéciles vuelva a tocarte, ninguno de ellos —las lágrimas se deslizan por el rostro de la pelicastaña, quien recibe las embestidas de Neves sin oponer resistencia.

Neves se movió dentro de ella con mayor fuerza y vehemencia, Gralisa permanecía inmóvil, por primera vez, Neves sintió que no tenía el poder de controlar a la pelicastaña.

Comenzaba a frustrarse, aceleró sus movimientos pélvicos hasta correrese dentro de ella.

Cuando Neves terminó de follarla,¡Gralisa se sentó sobre la cama, más que su cuerpo, le dolía el alma: —¡Lárgate Neves, no quiero volver a verte en mi vida!

—gritó y rompió en llanto.

Pero Neves, no le hizo caso a sus palabras, la tomó entre sus brazos y luego de limpiarla por completo con una toalla húmeda se marchó.

Gralisa nunca se sintió tan vulnerable como en ese instante y nunca le había dolido tanto la manera de ser tratada por Neves como en ese momento.

Todo lo que la pelicastaña estaba viviendo, le estaba enseñando a la fuerza y a través del dolor, que debía dejar de ser la chica sensible y confiada y transformarse en otra mujer.

Una mujer que ningún hombre volvería a humillar ni a pisotear.

Todos se iban a arrepentir muy pronto de haberla lastimado…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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