El Juego de la seducción mortal - Capítulo 95
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95: Capítulo 95 95: Capítulo 95 En manos del depredador Gralisa, quien tomó el guión entre sus manos, no se percató, ni imaginó que el papel del guión estaba rociado con algunos químicos que al ser expuestos en el aire podían provocar en la persona que estuviese manipulando aquel objeto, una especie de letargo, que la mantendría inconsciente por algunas horas.
Resulta que al ella abrir el guión, instantáneamente el químico se evaporó en el aire provocando que la pelicastaña se desmayara.
Eso fue exactamente lo que Rómulo le alertó a Gralisa, cuando le pidió que no recibiera ningún paquete.
Sólo que la chica no se recordó de las advertencias de su compañero, ni imaginó que en la compañía de AV, estuviera expuesta al peligro, más allá de que sabía que Santiago se había infiltrado allí como un actor para tener de cerca a Rómulo y robarle la fórmula de su invento.
Ella era sólo un efecto colateral, claro, eso al principio.
Sólo que de un tiempo para acá, todo había cambiado, pues ella ahora se había convertido en el objetivo de la venganza de Hades y Laura.
Gralisa abrió los ojos lentamente, miró a su alrededor, seguía estando en su despacho.
¿Qué le había pasado?
Se incorporó poco a poco, aún estaba algo aturdida por los efectos del químico que había inhalado de forma inconsciente.
Gralisa miró su reloj, ya habían transcurrido tres horas desde que perdió el conocimiento.
Un olor fuerte perturbó a Gralisa, no se trataba del químico en el papel, no.
Era un color que ella reconocería fácilmente.
Olía a sangre.
La habitación estaba impregnada de aquel desagradable olor.
Se puso de pie, se sentía un poco mareada, caminó sigilosamente hacia la cocina, si había alguien dentro de su casa, debía defenderse.
Gralisa se inclinó y tomó el bate de béisbol que estaba escondido junto al estante.
Nunca le preguntó a Neves por qué guardaba aquel bate allí, pero en ese momento sólo podía agradecerle por haberlo dejado en el despacho.
Lentamente se acercó hasta el baño, el olor era mucho más fuerte dentro de aquel lugar.
Revisó con su mirada el lugar, el olor se hacia mucho más fuerte, fue hasta la puerta del lavabo, la abrió con sumo cuidado pero con los latidos de su corazón cada vez más rápidos, su respiración era agitada, la garganta seca y sus manos sudorosas.
Corrió la puerta lenta muy lentamente, levantó el bate dispuesta a golpear a quien pudiera estar dentro de la tina, pero no había nada, ni nadie en ese lugar.
Respiró intentando controlar sus nervios, era en ese momento que necesitaba estar más calmada y alerta.
Con cautela, piso el pedal de la papelera metálica, la tapa se levantó y frente a ella había un pedazo de gasa ensangrentada.
Tomó con la punta de sus dedos el trozo de gasa, evitando tocar la sangre y a pesar de sentirse asqueada, trató de controlar sus náuseas.
Salió rápidamente de allí y se dirigió a la habitación.
Debía llamar a la policía.
Alguien había entrado a su despacho y posiblemente era la misma persona que había colocado el químico en el guión para dejarla inconsciente.
La pelicastaña salió del baño y se dispuso a ir hasta la habitación para tomar su móvil y llamar a la policía.
De pronto, notó con horror que había alguien más en la habitación a parte de ella misma.
Al levantar el rostro reconoció de quien se trataba, no podía creer que él estuviese allí, frente a ella.
—¡Hades!
—exclamó en un hilo de voz que evidenciaba el pánico que debía estar sintiendo en ese momento, la joven actriz.
Hades, estaba parado cerca del sofá, en silencio y mirándola fijamente como lo hizo aquella vez en el almacén.
Una sensación recorrió el cuerpo de Gralisa, imaginando lo que ocurriría luego.
Era evidente que si Hades estaba allí, no era sólo de visita.
Todo el cuerpo de la pelicastaña estaba tenso, sentía que no podía moverse, el pánico la invadió por completo.
Instintivamente y como una manera de defenderse, la pelicastaña le arrojó el bate, pero su fuerza era menor a la que normalmente ella tenía, todo producto del químico usado, por lo que bastó que Hades apenas levantara su brazo y con su antebrazo detuviera el trayecto del bate.
Ella quiso correr pero sus piernas no respondían a sus órdenes cerebrales, Gralisa estaba en shock.
—¡Quítate la ropa!
—le ordenó Hades.
Antes de que la chica pudiera analizar aquella frase, Hades se aproximó a ella y sin ningún tipo de contemplación, le arrancó la ropa con sus dos manos.
En la mente de Gralisa sólo había un pensamiento, ¡Hades iba a volver a violarla!
Horrorizada por aquella idea, dejó escapar un grito: —¡Aaaaahhhh!
—se cubrió los ojos con ambas manos, mientras gritaba.— No, por favor, no me hagas daño —dijo y se quebró de inmediato.
Pero Hades no se detuvo.
Ni siquiera cuando vio las lágrimas recorriendo el rostro de la chica.
Apenas siguió desvistiéndola con un poco más de suavidad.
Una vez que Gralisa quedó desnuda frente a él, examinó con detalle el cuerpo esbelto de la chica, la hizo girar de espaldas a él y vio la parte trasera, luego volvió a girarla de frente, miró sus tetas y ella instintivamente se cubrió su parte baja con ambas manos.
Él volvió a hacerla girar, acarició su suave espalda y contempló las nalgas arqueadas y redondas de Gralisa.
Aquella imagen despertó en Hades su instinto masculino, su cuerpo comenzó a reaccionar, mas él hizo un gran esfuerzo para mantenerse relajado reprimiendo su deseo de poseerla.
La pelicastaña estaba realmente paralizada, esperaba el momento en que Hades la tomara por la fuerza y la obligara a estar con él.
Gralisa no se movió, se mantuvo rígida, mientras lis largos dedos de Hades, recorrían sus espalda y revisaban cada parte de su cuerpo con su hábil tacto.
¿Qué era lo que pretendía Hades?
¿Por qué no terminaba de hacer lo que había ido a hacer con ella?
Aunque su cuerpo reaccionaba a sus caricias, su mente le decía que debía huir de allí.
Nuevamente el horror paraliza a Gralisa, quién espera su final en manos de su depredador.
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