El Juego de la seducción mortal - Capítulo 96
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96: Capítulo 96 96: Capítulo 96 ¡Me tienes en tus manos!
Hades estuvo revisando a la hermosa chica durante unos cinco minutos, luego de ese tiempo quitó sus dedos de encima de ella, aún así, Gralisa temblaba como una hoja de papel en manos de un estudiante que tiene su primera exposición.
A pesar se que ella intentaba estar tranquila no podía controlar aquella rara sensación que la envolvía.
El temblor que Gralisa estaba experimentando se debía a dos cosas, en primer lugar al innegable temor que la chica sentía hacia Hades, y tenía sobradas razones para ello; en segundo lugar, también sentía el deseo de que los dedos de Hades continuarán tocando su piel.
El sólo contacto de sus dedos sobre su cuerpo, eran suficiente para desplegar por cada centímetro de su piel, todo el fuego contenido dentro de ella.
Mas, eso la hacía sentir emocionalmente perturbada.
No era eso lo que debía sentir por su verdugo.
Se supone que debía odiarlo, ¿No?
Su mente decía una cosa muy distinta a lo que su cuerpo deseaba en verdad.
Gralisa se increpa a sí misma por aquella mezcla de miedo y placer que la envuelve.
En tanto, Hades sonríe al recordar como Gralisa se estremecía al contacto de sus dedos, tal vez en el fondo ella también sentía algo por él o por Santiago.
Eso también causaba en él, confusión.
Su objetivo era al comienzo usarla de anzuelo para despojar a Rómulo de la fórmula, sabía que el físico no pondría en riesgo a la chica.
Pero ahora, mientras se acercó a ella por segunda vez, fingiendo ser Santiago, comenzó a descubrir en aquella hermosa mujer, algo más que su belleza física, Gralisa era una mujer increíble, ahora el podía entender por qué Rómulo jamás dejaría que algo le ocurriera.
Hades tomó la manta del sofá y se lo lanzó a Gralisa para que ella se cubriera.
La chica se envolvió como oruga rápidamente.
Como pudo, ella se sentó en el sofá.
Él también logró sentarse en el sofá, resintiéndose un poco de la herida en su costado.
Gralisa estaba sentada en el sofá grande y Hades estaba sentado al otro lado, encendió un cigarillo y se mantuvo en silencio.
Gralisa podía oler el fuerte olor a sangre que desprendía el cuerpo de Hades.
La pelicastaña se hacia mil preguntas a la vez ¿Por qué no la atacó como la primera vez?
¿Qué era lo que Hades realmente tenía en mente?
¿Por qué olía tanto a sangre?
Mientras Hades estaba sentado a su lado, Gralisa no se atrevía a hacer ningún movimiento.
Ansiosa por el silencio de Hades y sus dudas, Gralisa finalmente le preguntó a Hades: —¿Por qué acudiste a mí de esta manera?
—Hades la miró fijamente y su mirada provocó cierta calma en la chica.
Era una mirada diferente, como cuando Santiago estaba junto a ella y la hacía sentirse tranquila y protegida.
—Mis hombres se enteraron que la policía te había llevado detenida y por eso vine; vine a cerciorarme de que estabas bien.
“¿Así que sólo me pidió que me desnudara para ver si estaba herida?” Pensó Gralisa.
—Pero por qué hacer que me desmayara —preguntó y él esbozó una sonrisa.
—¿En serio lo preguntas?
¿Me habrías abierto la puerta si hubiese venido hasta aquí y supieras que era yo.
—Gralisa no contestó a esa pregunta, ella misma no sabría que hubiera hecho si él llegaba a su casa.— Ves, no habrías abierto la puerta jamás.
Eres predecible, preciosa —la seguridad de Hades en sí mismo, desconcierta a la chica.
—¿No tienes miedo de que llame a la policía?
—La pelicastaña espetó.— Puedo ir a mi habitación ahora mismo y llamarlos, decirle que el gran Hades está aquí.
—dijo en tono un tanto irónico— De seguro no tardarían cinco minutos en venir por ti y meterte a la cárcel.
—agregó.
—Puedes llamar a la policía, si así lo deseas, Gralisa.
Estoy herido, ahora no puedo huir —le respondió y ella lo miró con estupor — ¡Me tienes en tus manos, preciosa!
Soy tuyo.
—Sonrió y se resintió nuevamente de su herida.
Gralisa no esperaba aquella respuesta viniendo de Hades.
El Hades que ella conoció en el almacén, era un hombre perverso y frío, arrogante, cruel.
En cambio ahora, parecía un hombre frágil y desvalido.
¿O eso creía ella?
A pesar de sus dudas y contradicciones, Gralisa se levantó del sofá y sin mirar atrás, se dirigió hasta su dormitorio.
Estaba dispuesta a denunciarlo y entregarlo a la policía.
Entró a la habitación.
Su móvil estaba allí sobre la mesilla de noche, conectado al cargardor.
Era sólo tomarlo y enviarle un mensaje a Rómulo para decirle que Hades estaba allí, o llamar simplemente a la policía y delatarlo.
Gralisa tenía a Hades en sus manos.
Su destino, el de él, era suyo.
Pero una extraña emoción la hizo detenerse y pensar en lo que estaba por hacer.
Si Hades estaba allí en su casa pudo aprovechar mientras estaba inconsciente de violarla o incluso cuando la desvistió a la fuerza.
Pudo haberla violado sin contemplación como aquel día en el almacén, pero no lo hizo.
¿Por qué no lo hizo?
Al contrario de lo que ella imaginaba o esperaba de aquel monstruo, él había ido hasta allí para ver que ella estuviera bien, incluso se había arriesgado a que lo vieran y allí mismo le detuvieran, perp eso no le importó.
¿Qué sentía Hades por ella?
Se pregunta Gralisa.
¿Realmente le importaba como decía?
Rápidamente la invaden los recuerdos de los momentos que vivió junto a Santiago.
¿Acaso Hades también recordaba la hermosa amistad que surgió entre ellos durante esos meses?
¿Podía alguien cambiar de forma de ser en corto tiempo ¿Podía un demonio convertirse en ángel después de haber conocido la maldad?
Gralisa llevaba días con aquella sensación inexplicable de querer ayudar a Santiago o Hades, como quiera que realmente se llamara.
Ella podía convertirse en su verdugo o por el contrario en su ángel protectora.
¿Qué hará Gralisa ahora que tiene a Hades en su poder?
¿Será capaz de destruirlo a pesar de lo que siente por Santiago?…
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