El Juego de la seducción mortal - Capítulo 98
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98: Capítulo 98 98: Capítulo 98 Un sentimiento especial —Claro que sí puedo ayudarte, bueno eso si me lo permites —respondió Gralisa y comenzó a retirarle la venda.
Hades se movía al sentir como la piel de la herida se levantaba al Gralisa despegar la venda de los lugares donde la sangre se había ido secando.
—¡Mierda!
—exclamó Hades.
—¡Lo siento!
No quería lastimarte.
—respondió ella y siguió levantando cuidadosamente la venda.
—Lo sé, pero termina de tirar de la venda de una vez.
No aguanto el puto dolor.
—masculló.
—¡Cómo quieras!
—dijo y haló con fuerza de un solo movimiento la venda.
—¡Joderrr!
—gritó él.
La sangre salía de la herida con mayor proporción.
Ella colocó otro pedazo para cubrir la herida.
Hades la miraba con estupor, estaba sorprendido por la actitud solidaria de Gralisa, la verdad él no esperaba que la chica tuviera intenciones de ayudarlo.
Aquel gesto inesperado de la pelicastaña lo llenó de asombro pero también de alegría.
—Debes ser fuerte.
Voy a colocarte un poco de medicamento que evitará la infección.
Sostén aquí —le dijo, Hades colocó la mano sobre la zona afectada.
Gralisa tomó el frasco pequeño, lo destapó y le advirtió— Te va arder un poco, ¿vale?
—Hades apretó sus labios y asintió.
Gralisa colocó el líquido rojizo sobre la herida, Hades tuvo ganas de gritar pero tuvo que contenerse, tampoco podía mostrarse frente a ella como un cobarde.
Con un algodón húmedo, ella limpió los rastros de sangre seca, él sintió el cuidado con el que la chica limpiaba y acariciaba su piel.
Sentirlo cerca de ella, provocó en la pelicastaña una sensación extraña, aturdida por aquella sensación se apartó de él.
Tomó un trozo de gasa limpia y lo colocó con delicadeza sobre la herida.
Al principio Gralisa se concentró en curarle, mas en la medida en que acariciaba su piel y sentía su tibieza, notó que Hades respiraba con mayor rapidez, estaba agitado.
Cuando ella rozó su espalda con la punta de sus dedos, Hades sintió como su pene se endureció de inmediato.
Al ver el bulto que se levantó súbitamente debajo de la tela de gabardina de su pantalón de traje negro, ella volteó el rostro, un tanto avergonzada por la situación: —¡Oh, por Dios!
Que perverso eres, se supone que estás herido.
—lo increpó ella.— Deberías estar pendiente de curarte, no de… —Hades la interrumpió sin dejarla continuar la frase: —Tú misma lo acabas de decir, estoy herido, no muerto.
—Sonrió nuevamente.
—Eres terrible, Hades.
—negó ella con su cabeza, aunque por dentro sentía ganas de reír.
Luego de curar su herida, Gralisa le dijo a Hades que debía descansar y quedarse en el sofá.
—Quédate y descansa en el sofá, yo iré a mi habitación ¿Vale?
—¡Vale!
—respondió él.
Gralisa fue hasta su habitación, se recostó.
Pero no podía dejar de pensar en Santiago ni en Hades.
Lo que estaba sintiendo por ambas facetas del mismo hombre era muy especial.
Por lo que durante toda la noche estuvo dando vueltas sobre la cama, de un lado a otro y sin poder conciliar el sueño.
Finalmente y sin percatarse, Gralisa se quedó dormida.
Minutos más tarde Gralisa despertó, se levantó de la cama y se asomó sigilosamente en la puerta.
Quería ver como seguir Hades, y si estaba dormido.
De pronto el cuerpo de Hades tembló sobre el sofá, Gralisa pensó que él se había despertado, se aproximó a Hades para comprobar si aún seguía dormido.
Él se movía sobresaltado, parecía estar soñando o teniendo una pesadilla, los globos oculares bajo sus párpados fuertemente cerrados se movían rápidamente y su expresión, era de dolor.
Un tanto nerviosa, Gralisa fue al baño, tomó una toalla limpia, la humedeció y volvió a la sala, se arrodilló frente a él y secó el sudor de su frente, al tocarlo, descubrió que Hades estaba hirviendo en fiebre.
Aquello era muy grave, su herida debía estar infectándose, mo cuál preocupó aún más a Gralisa.
—¡Joder!
Que este tío está ardiendo en fiebre.
Gralisa comenzó a desesperarse, sabía que si llevaba a Hades a un hospital, lo detendrían de inmediato, incluso ella misma estaría siendo detenida por esconder a un peligroso criminal que la policía élite estaba buscando en su propia casa.
Aquella no era una opción.
La pelicastaña decidió entonces, despertarlo.
—Hades, despierta —golpeó su rostro con palmadas suaves.
Hades abrió lentamente los ojos, ella estaba tan cerca de él, que el hombre sólo pensó en besar aquellos húmedos y carnosos labios.
—¿Qué ocurre, Gralisa?
¿Llamaste a la policía?
—¡Nooo!
—contestó indignada por las suposiciones de Hades— No he llamado a la policía aún.
No todavía —agregó— pero no significa que no pueda hacerlo.
Él sonrió y acarició con el torso de su mano, el rostro de Gralisa.
—¡Gracias!
—respondió.
—Vamos, levántate, tienes que recostarte en mi cama.
—Ella colocó su hombro debajo de él, lo tomó de la cintura y sin darse cuenta lo lastimó.
—¡Auchhhh!
¿Quieres matarme?
—¡Exagerado!
—espetó ella.
Él se apoyó en ella y fueron hasta la habitación de Gralisa.
Después de ayudarlo a acostarse en su cama, Gralisa fue al estante del baño, tomó un frasco con píldoras para la fiebre.
Cuando regresó Hades seguía temblando de escalofrío.
—Toma esto —le levantó un poco la cabeza con su mano y le dio de beber agua.— Con esto la temperatura bajará pronto.
—¡Gracias, Gralisa!
—dijo él con voz trémula.
Gralisa lo ayudó a recostarse nuevamente y lo cubrió con la cobija para que bajara la fiebre.
Luego dio la vuelta y se acostó en el otro extremo de la cama.
Mientras Hades temblaba de escalofríos y comenzaba a sudar la fiebre, ella tuvo ganas de abrazarlo para darle calor.
Pero se contuvo.
Hades estaba sediento, pasaba su lengua por sus labios para humedecerlos.
—¿Tienes sed?
—le preguntó y él bromeó.
—Sed de ti, y de tus besos.
—Tonto —respondió ella.
Se levantó de la cama y fue por una jarra de agua hasta la cocina.
Regresó y le sirvió otro vaso.
Nuevamente, sostuvo su cabeza y le dio a beber.
Los ojos de Hades, no dejaban de disfrutar del hermoso rostro y senos colgantes cerca de su rostro, quería poder besarlos y morderlos.
Gralisa notó la mirada traviesa de Hades y abruptamente le colocó la cabeza sobre la almohada.
—Descansa, pronto estarás bien.
Lentamente y al cabo de un par de horas, Hades dejó de temblar, sus cejas y rostro se relajaron, y se fue quedando dormido.
Ella lo observó por varios minutos, tocó su frente, la temperatura estaba comenzando a bajar.
Gralisa se sintió un poco más tranquila, se recostó sobre su almohada y se cubrió con la cobija que cubría el cuerpo de Hades.
La pelicastaña durmió al lado de Hades, a pocos centímetros de su cuerpo…
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