El Juego de la seducción mortal - Capítulo 99
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99: Capítulo 99 99: Capítulo 99 Un pasado que duele Hades despertó esa mañana antes que Gralisa, notó entonces que estaba acostado en la cama de la pelicastaña, se volvió hacia ella y la contempló por algunos segundos.
Ella estaba acostada boca arriba, por lo que el albornoz de seda se abría lo suficiente en la parte alta, para que sus pechos quedarán expuestos y apetitosamente atractivos ante la vista de su acompañante.
La pelicastaña tenía las piernas ligeramente separadas y el dobladillo de la falda llegaba hasta las caderas, dejando a la vista las bragas blancas que llevaba puesta Gralisa, tras la cual se podía ver el vello púbico bordeando los laterales de su entrepierna.
Hades miró el rostro de Gralisa se veía tan vulnerable pero a la vez tan hermosa, que en un instinto se inclinó lentamente hacia ella y besó su boca escuetamente.
Él sintió la suavidad y tibieza de aquellos labios carnosos, quiso besarla con pasión, mas no deseaba despertarla; tomó el edredón y la cubrió hasta los hombros.
Lentamente y como pudo, se levantó de la cama, sin hacer ruido se dirigió al baño.
Necesitaba una buena ducha que lo hiciera volver a la realidad.
La herida seguía doliendo, aún así se veía bastante mejor, Gralisa había sido tan sutil al curarlo, que al recordarla siente ternura.
Regula ambas perillas de la ducha, al sentir el agua tibia cayendo sobre su cuerpo es inevitable que lo invada el deseo por Gralisa.
La deseaba, si deseaba tenerla entre sus brazos y hacerla suya.
Ella era una mujer capaz de envolver en sus encantos a cualquier hombre, él era uno más de ellos.
Recordó la suavidad de sus labios y su vulva, su pene comenzó a inyectarse de sangre con aquella imagen, Hades acarició su polla y frotó suavemente mientras imaginaba los labios de Gralisa rodeando su pene, deslizando su lengua desde la punta hasta el tallo.
La escena en que ella rogaba y le pedía que no¡le hiciera daño y como obtuvo aquel orgasmo en el almacén, aumentan el morbo de Hades.
Rápidamente su pene estaba duro y tenso, aceleró el movimiento de su mano, sus deseos de poseerla incrementaron y mientras frotaba su pinga, bisbiseó en voz baja, entre jadeos el nombre de Gralisa logrando correrse rápidamente.
—¡Ah, Gralisa!
Gralisa… Los fluidos que emanaba de su polla se diluyeron con el agua que salía de la regadera.
Tomó la toalla pequeña, secó su rostro, se envolvió con la otra toalla.
Caminó hasta el lavamanos y se miró al espejo.
En una especie de retrospectiva, pensó en todo lo que había hecho el día anterior.
Hades había actuado de manera impulsiva aquella tarde, entró al despacho de Gralisa, la retó a que llamara a la policía, fue por ella luego de saber que había sido detenida por su culpa siendo inocente.
Deseaba tanto verla, tanto, que fue hasta su piso, exponiéndose a ser descubierto y encarcelado.
Incluso a morir por no buscar la manera de curar aquella herida de bala que recibió de sus enemigos.
—Has sido un tonto —se increpa a sí mismo.— Preferiste venir a su lado en vez de llamar a Laura.
¿Qué mierda te está pasando, Hades?
¿Desde cuando te importa alguien, más que a ti mismo?
El hombre frío y calculador, cruel y perverso, estaba dejándose llevar por las emociones, él sabía que aquello no era nada bueno para él.
Aún recuerda a Vanessa, niega con su cabeza, se peina el cabello usando sus manos.
El hecho de que Gralisa no lo hubiese denunciado es algo que lo tiene un tanto confundido, pues a pesar de haberla retado, ella no quiso entregarlo; una sonrisa ladeada se dibuja en su rostro.
Hades, recordó también los momentos en que Gralisa disfrutó a su lado, las salidas a los restaurantes, las bromas entre ellos.
Ella era tan genuina, capaz de sonreír por cualquier motivo ¡Gralisa era tan distinta a él!
La vida de Hades lo había convertido en el ser cruel que todos creían conocer, sus padres eran drogadictos.
Aún recuerda las miradas perdidas en sus rostros, las veces que despertó y los creyó muertos, inconscientes por la cantidad de narcóticos que ambos ingerían.
Su madre era una mujer sin voluntad propia, incapaz de contradecir a su padre, ambos hechos uno para el otro, ella sumisa y el dominante, y en medio de los dos, el pequeño Hades.
Su vida de niño había sido un infierno, ver como sus padres constantenente discutían, las veces que vio a su madre llorar o cuando quiso quitarse la vida ingiriendo un frasco de pildoras.
Incluso presenciar sus encuentros sexuales, llenos de agresividad y violencia, cosas que ellos no se ocuparon en ocultar de él, cosas aberrantes que siendo apenas un niño de cinco años, Hades tuvo que presenciar.
Una tarde, sus padres fueron visitados por un par de sujetos que venían por el pago de una deuda de mercancia.
Sus padres habían amanecido consumiendo estupefacientes y Hades estaba sin comer, sabía lo que significaba que ellos estuvieran en aquella condición.
Los dos hombres irrumpieron en el piso donde vivía con sus padres, él escuchó los gritos de uno de ellos exigiéndole el pago de aquella mercancia, oyó los golpes y el grito ahogado de su padre.
Esa vez fue imposible que el niño no llorara.
Uno de ellos al escucharlo, fue hasta la habitación y al ver a Hades sintió compasión por él, lo tomó entre sus brazos y lo sacó de allí.
Hades fue llevado hasta la casa del jefe de la mafia y fue adoptado como un miembro más de la familia.
Allí creció, rodeado de armas, de sangre, de mujeres, de sexo y de mucha maldad.
Él nunca más supo de sus padres, ahora imagina cuál fue su destino.
No se juega con la mafia, ella no perdona.
Hades no nació siendo un niño malo; la vida y las circunstancias lo llevaron a convertirse en el ser maligno que algunos admiraban y otros repudiaban.
Un ser cruel, frío y sin emociones.
De todo ello, Hades siempre se sintió orgulloso, mas cuando conoció a Gralisa, sus perspectivas y convicciones dieron un giro diferente.
La pelicastaña era una mujer con ganas de vivir y triunfar, a pesar de que su madre estaba enferma, a pesar de no tener a su padre, Gralisa a diferencia de él, no quiso ser el resultado de su pasado, sino que aún tenía la esperanza de lograr sus sueños y sobre todo creía en el amor.
Eso es lo que hace que Hades no sólo la admire, sino que se sienta atraído por ella, inevitablemente.
A veces, aquel hombre se pregunta¡lo que hubiese sido de él si sus padres hubiesen estado para él, si lo hubiesen protegido y cuidado como debían hacerlo.
Si su madre, hubiese tenido el carácter y la fuerza de Gralisa.
De seguro él no sería el monstruo que todos creían.
Hades, exhala un suspiro.
En su memoria hay un momento que se resiste a morir, y es que él no conoció a Gralisa en medio del rodaje de aquella película de BDSM o cuando ella le obsequió las flores en la plaza, no.
Hades conoció a Gralisa años atrás, cuando ella era apenas una estudiante en la universidad.
Desde que la vio por primera vez, sintió algo especial por ella, no se trataba sólo de su belleza física, era algo más lo que en ese momento lo cautivó.
Muchas veces se acercó a ella para conocerla mejor, pero al notar que estaba enamorándose de ella, prefirió negar lo que sentía, se mintió a sí mismo diciéndose que eso era sólo parte de su misión.
Lo cierto era, que ninguna de sus misiones implicaban que él tuviese contacto directo con Gralisa ¿verdad?
Aunque su consciente le decía que ella era parte de un objetivo, en su inconsciente, ella era más que un simple objetivo.
Hades estaba viendo en Gralisa a una mujer, una mujer capaz de hacerlo sentir diferente, capaz de convertir aquella bestia en alguien mejor cuyo corazón podía latir y también sentir.
Si esta fuese la historia de amor perfecta que cuentan en los cuentos de hadas, Gralisa sería Bella y Hades la Bestia, cuyo mensaje único es que cuando encuentras a la persona adecuada y con la dosis justa de amor, puedes descubrir lo maravilloso que hay en ti.
Eso es Gralisa para Hades, aunque él mismo se engañe y no desee admitirlo.
¿De no haber sido así, qué sentido tenía que él arriesgase su libertad y su propia vida por ir a ver a Gralisa?
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