El juego del Mesías - Capítulo 102
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Capítulo 102: La exterminación parte 1
La Reina Esquizo recibía a las dos chicas en persona, y detrás de su carruaje se encontraba un ejército de cultivadores. Los de adelante parecían los más fuertes; todos montaban caballos cuyas pesuñas de fuego eran más notables.
Una chica de cabello rojo y armadura roja con negro, con un emblema de una rosa claramente visible, dejaba ver que era de la poderosa familia Jue. Se bajó del caballo e inclinó la cabeza.
—Mi nombre es Yang Jue, soy la representante de la familia Jue. Toda poderosa Reina Esquizo, es un placer conocerla.
Todos hicieron lo mismo, incluida la policía militar, que vestía armaduras marrones.
—Reina Esquizo, lamentamos esta inesperada visita. Esperamos no importunarla, pero venimos en busca del joven que hirió a mi hermano menor, Jin Jue, y que faltó el respeto a mi familia. Tenemos un informante en la prisión, y nos dijo que el joven Lucifer había escapado, y que usted salió con dos sujetos vendados, uno de los cuales probablemente sea Lucifer. Por favor, entréguenoslo para que pueda cumplir con su condena.
La Reina Esquizo la miró, y Yang Jue bajó la cabeza. Una gota de sudor recorrió su mejilla; aunque estaba arrodillada, las piernas le temblaban. *¿Cómo demonios acabé con un ejército delante de la persona más poderosa y la líder de mi reino? Esto puede ser tomado como un golpe de estado. Debo pensar bien lo que digo.*
—Reina Esquizo —dijo aún con la cabeza agachada—, no sabíamos que nos encontraríamos por el camino, por eso movilizamos a nuestro ejército. De ninguna forma es una intimidación; nadie en este reino que tenga dos dedos de frente sabría que eso es posible. En cuanto a mi demanda, es algo en lo que la policía militar está interviniendo porque el joven rompió las leyes tanto al entrar como al escapar de la prisión. Y por último, si la policía militar no lo toma preso, nos deja solo a nosotros con el deber de tomar venganza por nuestra cuenta.
La Reina Esquizo entrecerró los ojos.
—Levanta la cabeza, Yang Jue —dijo con tono dulce pero autoritario.
Yang Jue hizo lo que le pidió y la miró de frente.
**¡BOOOOMM!**
Un estallido de poder hizo volar a muchos y rompió el suelo con extrema facilidad.
—¿Acaso dudas de cómo debo reinar?
El ejército de Yang Jue retrocedió, al igual que la policía militar. No obstante, el líder de la policía militar intervino.
—Para nada, usted es la encarnación de la sabiduría, Reina Esquizo. Lo que intenta decir Yang Jue es que todos deben juzgarse por igual ante la ley.
**Zzzzzzzttt…** Pequeños rayos blancos comenzaron a salir del cuerpo de Esquizo. Estos no golpeaban a la gente; solo aparecían como energía frente a ella y luego desaparecían al instante. Eran solo un reflejo de su poder.
El líder de la policía intentó acercarse, pero se quedó congelado cuando la reina posó su mirada sobre él.
—Entiendo que busquen a alguien que dañó su reputación, pero aquí no encontrarán la manera de volverla a restaurar.
Yang Jue estaba temblando; su respiración era muy acelerada. Sin embargo, decidió mostrarse fuerte, no solo por el honor de su familia, sino también por su orgullo de ser una poderosa guerrera del cuarto cielo de poder.
—Por favor, Reina Esquizo, solo queremos que se haga justicia.
La Reina Esquizo estaba flotando porque el suelo en donde estaba parada ya no existía. Su vestido blanco revoloteaba, y sus ojos rojos estaban afilados como sus grises pupilas.
Wan Wantia llegó, al igual que Silver, los dos caballeros de la reina. Ambos eran paladines de nivel 5.
—¿Qué está pasando? —dijo Wan Wantia—. ¿Acaso debemos considerar a este ejército como enemigos?
—En cambio —dijo Silver—, solo observemos un poco más antes de actuar.
Más atrás, llegaron caminando muy despacio Irina con Bonny.
—¿Qué tanto alboroto hay? —preguntó Irina.
—Parece que hay una disputa —dijo Bonny.
—¿Contra Esquizo? ¿Quién se atrevería? —dijo Irina, muy sorprendida.
**Dentro del castillo…**
Antes de salir del castillo, se encontraban Celica y Yeli.
—Hola, Lucsus…
—Hola, chicas. ¿Por qué están en medio de la puerta de salida?
—Como verás, estamos bloqueando la salida. Si te ven aquí, Lucsus —alguien que debería estar preso—, la reina perderá la cara —dijo Celica.
—Haaaa… —Rías suspiró mientras aceptaba que era verdad—. Dejemos esto en manos de la Reina Esquizo.
**Afuera del castillo…**
Silver se acercó a las dos chicas para llevarlas adentro. No obstante, les preguntó:
—¿Ustedes notaron que ellos las seguían?
—No, ellos fueron muy cautelosos.
—Entiendo. Por favor, pasen adentro. Las escoltaré.
—¡Un momento! —dijo el líder de la policía militar—. ¿Ellas por qué están aquí? ¡Eso es prueba contundente de que Lucifer está aquí!
Silver, aún sin perder la calma, respondió:
—¿Y cuáles son los crímenes que se le acusan a ese tal Lucifer? ¿Y dónde están las pruebas?
Silver no conocía ese otro nombre de Lucsus, por lo que pensó que quizás se equivocaban de persona.
La familia Jue quedó en silencio. Luego, Yang Jue habló:
—Nosotros, la familia Jue, somos testigos de cuando agredió a Jin Jue.
Angi se metió en la conversación y dijo:
—¡Mientes! Fue Jin Jue quien nos hizo daño, y luego aceptó un duelo en el que perdió. Lo demás fue la familia Jue utilizando su poder para salirse con la suya.
La Reina Esquizo elevó su aura al oír eso.
—¿Ustedes se atreven a utilizar su posición para manipular y oprimir a un individuo?
Todos comenzaron a sudar frío.
Yang Jue bajó la cabeza.
—No, reina, eso no es verdad. No le crea a esa mujer; ella no es de una familia prestigiosa, por eso no le interesa mentir.
El aura de la reina era cada vez más fuerte; la presión del aire hacía que los caballos y sus jinetes quisieran correr. El líder de la policía militar estaba aterrado, por decir poco, así que decidió callar.
Yang Jue pegó la cabeza contra el suelo.
—La reputación de nuestra familia se verá manchada si ese sujeto puede estar libre después de habernos insultado.
Esta vez no habló Esquizo, sino Silver.
—¿Y de qué manera dañó su reputación?
Yang Jue respondió enseguida:
—Él atacó desprevenido a mi hermano y lo hizo brutalmente.
Angi volvió a responder:
—Lucifer era solo un paladín de nivel 0, y Jin Jue es un Primer Cielo, un *Taikiken no Sora*, y está por encima del cultivo básico. ¿Cómo explicas que Lucifer haya ganado?
—¡Tú, maldita zorra! No juegues con tu suerte —dijo Yang Jue.
La Reina Esquizo miró directamente a los ojos de Yang Jue y le dijo:
—No te atrevas a insultar a mi invitada.
Mostrando disgusto en su mirada, más su expresión fría, hacía que los huesos de Yang Jue temblaran.
—¡Lo siento mucho, su majestad! No sabía que ella era importante para usted. No volverá a ocurrir.
Era obvio que ni Yang Jue ni nadie en el Reino Esquizo se atrevería a ir en contra de algo que dijera Esquizo. No obstante, la reputación no era algo con lo que ellos pudieran dejar pasar por alto.
El aura de Esquizo irradiaba tanta energía que los pequeños rayos comenzaron a salir en varias direcciones, destruyendo todo a su paso con el sonido de un estruendo parecido a los relámpagos.
La Reina Esquizo estaba furiosa; apretaba sus dientes con mucha fuerza.
—¿Quieren hablar de faltar el respeto a una familia, y están aquí, afuera de mi castillo, con un ejército y queriendo cobrar venganza de alguien que posiblemente sea mi invitado de honor?
Las palabras de la Reina Esquizo fueron breves, pero más que suficientes para hacer estremecer el corazón de todos.
—Está bien, lo admito. Yo tengo a Lucifer, pero desde ahora, nadie podrá salir de aquí.
**¡Arte Sagrado: Barrera!**
**¡ROOOONNM!**
Una barrera se extendió desde la palma de la mano de Esquizo y cubrió todo el ejército y el castillo.
Yang Jue se asustó.
—¿Qué significa esto, reina?
—En otras palabras, son mis prisioneros ahora, hasta que yo decida su libertad.
Jin Jue, quien salía de entre las filas, aún cubierto de vendas, dijo:
—¡No, no puede ser! ¿Qué será de nosotros? ¿Y por qué? ¿Ese tal Lucifer es tan importante?
**¡Bam!** Una bofetada fue dada a Jin Jue por parte de Yang Jue.
—¡Cállate! Todo esto es tu culpa por dejar que un simple paladín te hiciera pasar tal vergüenza.
Ella agarró la cabeza de su hermano menor y la pegó contra el suelo.
—Por favor, acepte nuestras disculpas. No sabíamos que el joven Lucifer era tan importante para usted.
La Reina Esquizo, aún enojada, dijo:
—Justo porque ahora saben lo importante que es, no los dejaré ir. Y si están en contra, pueden pelear para ganar su libertad.
—¿¡Qué?! —Yang Jue ni podía creer lo que sus oídos escuchaban—. ¡Nunca me atrevería a pelear en contra de usted, Reina Esquizo!
La Reina Esquizo rio con rastros de felicidad.
—Entonces, pónganse cómodos, porque no van a poder salir de aquí hasta que yo lo decida.
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