El juego del Mesías - Capítulo 103
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Capítulo 103: La familia jue obtiene un rayo de esperanza
La familia Jue estaba abrumada; no esperaba que la reina hiciera algo tan drástico.
Yang Jue se levantó.
—Reina, usted es la encarnación de la sabiduría; claramente, no puede estar equivocada. No obstante, ¿cómo sobreviviremos mi ejército y yo dentro de esta barrera? Digo, no todos tienen ni un Primer Cielo de poder; son miles, de hecho, y aquí no hay alimento.
—Debiste pensar eso antes de traerlos —dijo Esquizo con frialdad.
El líder de la policía militar quedó en shock. Dos de sus guardias lo levantaron.
—Jefe, ánimo, esto puede quedar en un acuerdo. Recuerde que usted no le ha faltado al respeto al joven Lucifer; por ende, la Reina Esquizo no ha de estar molesta con nosotros.
Dicho eso, el líder se dignó a hablar nuevamente con la reina, pero al cambiar la mirada hacia donde ella estaba, pudo comprender que nadie iba a salir ileso. La mirada fue fulminante: era una mirada que albergaba odio puro.
—Su aura es majestuosa, pero aplastante —dijo Irina.
Bonny, en cambio, la miró con una cara de póker.
—Después de ver el aura de Titania, ya nada me impresiona.
Irina rio con desdén.
—¿En realidad crees que Titania mostró toda su aura? No lo hizo. De hecho, lo que mostró no lo pudimos percibir bien con la barrera que puso Suruki y Niel.
—Ah, ¿sí? Hermana mayor, entonces, ¿qué tan fuerte pueden ser sus auras?
—No lo sé.
Los relámpagos comenzaron a sonar más fuerte, y los rayos se volvieron más destructivos alrededor de la Reina Esquizo. Esta levantó un dedo índice en dirección a la familia Jue.
—Debería ejecutarlos por traición, porque claramente esto parece un golpe de estado.
El jefe de la policía militar se agarró la cabeza, tambaleándose hacia los lados de manera frenética, como alguien que estaba comenzando a perder la cordura.
—¡Por favor, reina, no nos mate! Nosotros guardaremos el secreto.
El cuerpo de Yang Jue comenzó a estremecerse.
*¿Qué diablos pensaste que pasaría, padre, al enviarme aquí?*, pensó.
—Oye, espera —interrumpió de manera poco sutil Irina.
—¿Qué sucede?
—Creo que tengo una idea: ¿qué tal si Lucifer se enfrenta en una batalla a ese tal Jin Jue, y así veríamos si en verdad fue un ataque bajo o lo venció?
La reina bajó su dedo y lo pensó por un breve momento.
—Aunque el duelo sería totalmente injusto, ya que alguien que no tiene ni el primer rango de paladín podría enfrentarse a un *Taikiken no Sora*… ¿Tiene el Primer Cielo de poder tu hermano, no, Yang Jue?
—Sí, así es, majestad. Como imaginé, es usted muy audaz —dijo Yang Jue, sin poder evitar sonreír.
—Sí, majestad. Eso parece una buena idea.
Jin Jue, tan orgulloso y arrogante como de costumbre, se quitó las vendas y no tenía ninguna herida.
—Parece que mi rehabilitación ha sido completada justo a tiempo.
La Reina Esquizo pidió que se acercara Irina mediante una señal. Al estar a dos pasos de ella, Irina sintió cómo entró a una zona aislante de ruido: era una barrera que no permitía que el sonido saliera ni entrara.
—Oye, ¿qué tratas de hacer? Un *Taikiken no Sora* es mucho para el señor Lucsus.
Irina entrecerró los ojos.
—¿En serio te parece que el Mesías juegue sucio para ganar un duelo?
La Reina Esquizo arqueó una ceja.
—Bueno, no lo creo.
—Pues habrá que averiguarlo —dijo Irina con plena confianza, llevando su mano al pecho—. Creo en el Mesías.
—Haaaa… —Esquizo exhaló muy fuerte y chasqueó el dedo, desactivando la barrera aislante de sonido.
—Está bien. Yang Jue, Jin Jue y Lucifer se enfrentarán en un duelo dentro de un mes. Mientras tanto, pueden hospedarse en los aposentos que cubren la barrera que coloqué. Como dije antes, ninguno podrá salir de la capital, Frenia, puesto que la barrera les impedirá eso.
Yang Jue, de rodillas, dijo:
—Como diga mi reina.
Después de que la policía militar y el ejército se retiraron del castillo, Celica y Yeli dejaron salir a Lucsus.
—Parece que tienes tu primer duelo —dijo Rías, quien había escuchado todo mediante la unión de cuarenta y ocho cartas del tarot para oír las vibraciones y así la conversación, usando un sistema complejo de ondas.
Lucsus, aún desconcertado, dijo:
—¿Pelear? ¿Pero con quién?
—Contra un tal Jin Jue —dijo la belleza angelical de cabello escarlata y ojos azules, Rías, la maga.
—¿Quiere decir que Angi y Violeta ya están aquí?
Lucsus abrió las puertas rápidamente y fue recibido con un abrazo de una mujer que solo podía describirse como hermosa y, a la vez, filosa. Su cabello amarillo con mechas anaranjadas revoloteaba por el aire, y sus ojos grises estaban cerrados. Lucsus lo supo al instante, aún sin verla; solo al sentirla, claramente era Angi, la mujer a la que le debía mucho.
—¡Gracias al cielo estás bien! —decía muy aceleradamente, con el pecho destrozado y las lágrimas saliendo de sus ojos. Violeta solo los miraba de lejos, y poco a poco se fue acercando. Ella también tenía un nudo en la garganta que no desató hasta que se acercó y abrazó a Lucsus y Angi.
Este momento era aquel que tanto ansiaba Angi desde que Lucsus fue encerrado, pero nunca pensó que fuera tan pronto y, además, posible. Cuando los seguidores de la Reina Esquizo le pidieron que las acompañaran a Frenia, no pensó que Lucsus estaría allí.
El llanto de una mujer se oyó por todos los presentes: era el de Angi, porque Violeta seguía aún resistiendo parte del nudo que no desataba.
Minutos más tarde, nuevamente Esquizo estaba sentada en su trono. Había, como de costumbre, dos filas de caballeros traslúcidos con sus armaduras —estos no revelaban su cara—, y a los lados derecho e izquierdo estaban Silver y Wan Wantia, los únicos seres no traslúcidos en el castillo, aparte de Nariaki, que no estaba presente porque fue enviado a entrenar con la espada. Pero al frente estaban todos los demás, y esta vez, Angi y Violeta.
La Reina Esquizo habló:
—Los detalles de Lucsus se los darán más tarde, mientras deben fortalecerse para ayudar a Lucsus en su misión.
—Sí, señora —dijo Angi mientras se inclinaba.
La reina arqueó una ceja.
—¿Es mi idea, o aceptaste todo muy rápido? ¿Será porque estás indocumentada y el señor Lucsus te dijo que yo me encargaría de que estén legales?
—Mi reina, yo no soy originaria de este país. Me hace feliz que, aún sabiendo eso, me reciba. No obstante, esa no es la razón, pues para mí el estar al lado de Lucsus y poder ayudarlo en todo lo que pueda es más que suficiente.
—Hmmm… entiendo —la reina esbozó una sonrisa—. Me caes muy bien, Angi.
Lucsus las interrumpió:
—Disculpen que las interrumpa, pero… ¿voy a pelear contra un Primer Cielo en un mes?
Angi explicó:
—De hecho, es más fuerte que un *Taikiken no Sora* normal. Va como a un cincuenta por ciento del cultivo.
Irina sonrió y dijo:
—Vamos, lo está entrenando Titania, y ya antes acabó con él. ¿Cómo lo hiciste?
Lucsus negó con la cabeza.
—Eso fue un golpe de suerte.
—Atravesar el cuerpo de un *Taikiken no Sora* no es un golpe de suerte —dijo Irina.
—Está bien, supongo que puedo manipular varias voluntades: Lucifer, Miguel, Rafael y Uriel, que en mi mundo son la fuerza fuerte, la electromagnética, la fuerza débil y la gravedad.
—¡Guau! Es increíble —dijeron todos los presentes.
—Claro, con ayuda de eso, supongo que es posible dañar a un Primer Cielo, pero el daño a pagar ha de ser grave —dijo Esquizo.
De pronto, se acercó una mujer con cabello negro y mechas plateadas, con intención de espada en sus ojos.
—A mí me gustaría ser tu oponente. ¿Qué dices, señor Lucsus?
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