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El juego del Mesías - Capítulo 106

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Capítulo 106: El duelo

Titania se acercó lentamente hacia donde estaba Lucsus.

—Oye, ¿cómo hiciste eso? Absorber el alma de un orgulloso dragón no es para nada sencillo.

Lucsus retiró la espada del corazón del dragón y dijo:

—No opuso resistencia. Parece ser que quiere que continúe con su legado.

—¿Y cuál es su legado? —preguntó Titania.

—Que luche libre y gane batallas de ahora en adelante.

—Hmm, me parece muy típico de ese tipo de dragón tan orgulloso. Continuemos con tu entrenamiento. Para saber en qué punto de cultivo estás, no debería ser posible, pero esto deja de ser así desde el sexto cielo de poder. Así que con solo mirarte puedo saber tu cultivo: vas a la mitad del Taikiken no Sora, y apenas vamos en el primer día. La segunda parte del entrenamiento de hoy va a ser de concentración total en tu mundo interno. Por cierto, ya no absorves energía de las emociones por este espacio en el que estamos, con excepción de las mías. Al absorberlas, si sientes que te carcomen, para que quede claro.

Lucsus asintió, aunque no tenía idea de cuándo se consideraría que lo carcomían.

Empezó a meditar, entrando a su espacio. Sus emociones estaban en calma, pero absorbiendo bastante. Deben ser las emociones de Titania. Debo apurarme y enfocarme en absorber energía de mi universo.

Lucsus se sentó y meditó con las manos juntadas. Comenzó a levitar sin darse cuenta, pero Ka’na, que estaba a su lado, sonrió.

Por fin está pasando. Ya estás empezando a dominar el cultivo, pensó, mientras dejaba que se concentrara al máximo.

Al cabo de un tiempo —exactamente cuatro días—, dejó de meditar y notó que estaba flotando en su mundo imaginario. Luego dejó de hacerlo y salió de ese mundo, donde encontró a Titania mirándolo de frente.

—Ya has avanzado mucho en tu cultivo. Invocaré a más bestias.

—Jutsu de invocación.

Esta vez invocó a lobos furiosos, blancos, de linaje puro. Robustos y con dientes muy afilados. Fueron diez lobos en total.

—¡Auuu! ¡GRAAAAH!

Esta vez Lucsus no sacó la espada de su vaina. Se cuadró de manera que protegía sus puntos vitales, haciendo una pose parecida a la del boxeo de su antiguo mundo, el Valle de Hinon. Por supuesto, Titania también conocía esa forma de pelea.

Los lobos comenzaron el ataque, y una patada impactó en el primero que se abalanzó.

Titania se sorprendió porque el estilo de pelea era más una combinación de kickboxing. Lucsus atacó a los demás con una ráfaga de golpes que dejaban chillando a los grandes lobos. Ya solo quedaban cinco, y estos mostraron miedo. Como lobos de linaje puro, eran inteligentes, así que retrocedieron.

Lucsus estaba un poco manchado de sangre de los animales, lo que los asustaba más. Además, respiraba con dificultad; los movimientos fueron rápidos, coordinados y muy exhaustivos.

Los lobos aullaron nuevamente.

—¡Auuuu!

El sonido rompió su retirada, y todos volvieron y se colocaron detrás de Titania.

Titania rio alegremente.

—Parece que mis pequeños ya no quieren pelear. Los dejaré vivir, porque no es que te tengan miedo, es que te respetan. Si fuese porque se acobardaran, yo misma los mataría. Pueden irse, Lobos Blancos Feroces.

¡Boom!

Los cinco desaparecieron en humo.

Lucsus relajó su postura.

—¿Y qué hago con los cinco lobos que no desaparecieron?

—Al igual que el dragón, absórbelos. Ellos no fueron lo suficientemente inteligentes para pensar antes de atacar.

Lucsus entrecerró los ojos.

—Vaya forma de ver el mundo.

Titania rio con mucha gracia.

—Son solo animales salvajes. Al igual que el dragón, puedes acabar con ellos.

Lucsus clavó su espada en el corazón de cada lobo, absorbiendo su vitalidad y luego poniendo en sumisión las almas de los mismos. Antes de hacerlo, Lucsus vio cómo salían las formas espirituales de cada animal. A diferencia del dragón, estos no estaban dispuestos a ceder la vitalidad de su alma, pero esto les duró poco, porque el alma de Lucsus —que está ligada a la de Ka’na— las arrolló. La media zorra lanzó un fuego de sus manos que chamuscó las almas pero sin dañarlas, solo lo suficiente para que cedieran.

Luego, Lucsus, sin descanso, volvió a cultivar sentado, y así pasaron dos semanas fuera del mundo del vacío.

Lucsus le habló a Titania del duelo contra Yeli, y ella aceptó. Al dejarlo salir, Lucsus pudo respirar aire normal. Esto era como volver a nacer de nuevo, puesto que el aire en el vacío era escaso.

Titania lo escoltó a la sala del trono, y allí estaban Yeli y compañía esperando, porque no se iban a perder el duelo.

—Vamos a la sala de entrenamiento —dijo Yeli de forma tranquila.

Esquizo saludó a Lucsus y, por supuesto, también fue a la sala.

Todos estaban sentados en asientos. Bonny estaba sentada en las piernas de Irina.

—Hermana mayor, me dijiste que Yeli era muy fuerte, y yo sé que tengo que estar y apoyar al Mesías porque en mí está la voluntad de Miguel, el arcángel, pero no me parece que sea rival para ella.

Irina negó con la cabeza.

—Que él tenga menos cultivo no significa que sea más débil. Además, está en crecimiento, y lo que queremos ver son los avances del entrenamiento con Titania.

Celica se unió a la conversación.

—Es verdad, porque si no le gana a ese de la familia Jue, tendrá que volver, y esta vez no a la cárcel, sino en manos de la familia Jue.

Rías, que estaba detrás de ellas en un asiento, dijo:

—No tenían que haber pactado eso. El cultivo de ese joven no era bajo.

Celica, con una expresión un tanto extrañada, dijo:

—¿Y cómo sabes en qué cielo está?

—Me lo dijo la Reina Esquizo: que estaba casi en la mitad del segundo cielo.

Las chicas quedaron en shock.

—Es muy pronto para que se enfrente a un oponente tan poderoso —dijo Bonny.

Kevin estaba sonriente.

—Es bueno que tenga un reto mayor. Además, si las cosas no marchan bien, ya las arreglaremos.

Silver, por otra parte, no dijo nada; se mantuvo en silencio. En cambio, Wan Wantia expresó su opinión:

—Creo que a ese joven le falta mucho para asemejarse a la gran… —y antes de que pudiera terminar, frenó su lengua porque sintió la presión del aura de la Reina Esquizo—. Digo, creo que con un poco más de trabajo superará a cualquiera.

El sudor goteaba de la cara de Wan Wantia.

La Reina Esquizo suspiró.

—Bueno, es comprensible que duden de él, pero la forma completa de él solo se muestra cuando es expuesto al dolor. Así que este duelo servirá para ver eso.

Suruki terminó de decir lo que Esquizo estaba transmitiendo:

—Para ver cómo reacciona ante el dolor, para ver si está en contra de la humanidad o a favor, ¿no es así?

Esquizo asintió.

En medio de la sala de entrenamiento, se encontraban cara a cara Yeli y Lucsus.

Yeli sonrió coquetamente y dijo:

—Espero que esa espada no sea solo un adorno, porque voy a desarmarte en un parpadeo.

Lucsus sonrió ampliamente.

—Lo era, pero ya no. Además, tengo la ayuda de Ka’na. —Miró a la espada—. Ka’na, haz tu voluntad.

Ka’na se metió dentro de la espada y comenzó a hablar; su voz solo la podía oír él, porque así lo decidían.

Yeli sacó su Kusanagi directamente, sin imbuirla con el espíritu de la salamandra.

—Que comience el duelo —dijo Titania, quien estaba en el centro.

Yeli estaba imperturbable, con su katana en mano. No había un atisbo de duda en su mirada.

¡Boom!

Despegó del suelo, partiendo el piso donde yacían sus pies.

Lucsus detuvo el ataque de la Kusanagi, y el suelo donde él estaba parado se partió, puesto que el ataque fue de arriba hacia abajo.

Yeli deslizó su espada por la de Lucsus con el mismo movimiento de ataque, dando una voltereta y volviendo a atacar de arriba hacia abajo.

¡Boom!

La katana chocó con más fuerza.

Lucsus se preguntó cómo ese movimiento era posible, mientras quedaba enterrado en el suelo con aún su espada cubriéndolo.

Ka’na le respondió:

—Su balanceo viene de su misma rotación de vuelo. Cuando atraviesas el Primer Cielo de Poder, es posible que, además de volar, puedas impulsarte con el mismo viento.

Lucsus ya casi no aguantaba más el poder destructivo de la Kusanagi de Yeli, así que decidió activar la voluntad de Miguel y la de Lucifer.

¡Boommm!

Destruyó el suelo en el que estaba enterrado, mandó a volar a Yeli e hizo que se golpeara contra una columna y la destruyera.

Los ojos de Lucsus estaban de un color rojo muy oscuro.

Angi, quien apenas llegaba junto con Violeta, dijo:

—Allí están los ojos del linaje perdido.

Esquizo la llamó y pidió que se sentara.

—Parece que sí tiene los ojos de ese linaje, pero esto es algo que se debe mantener en secreto.

Suruki intervino:

—Yo también poseo ese linaje, pero nadie ha vivido tras verlo.

Esquizo la miró con nostalgia.

—Debiste de pasar mucho al cargar con esa cruz.

Suruki, quien parecía inmutable, dejó ver por un instante la tristeza en sus ojos.

—Sí, pero ya estoy bien, gracias a la misericordia del Mesías.

Esquizo se rió.

—¿Hablas de Lucsus como Dios?

—Así es. ¿Qué no todos ya nos hicimos la idea?

—Eso es algo que no se sabe por completo, ya que el universo es variable.

—Pero Esquizo, tú que eres tan sabia y tan grande, le muestras un respeto infundado.

—Eso es porque puedo ver el dolor con el que carga. No porque cargue con los pecados de todos, sino por el suyo propio como ser humano. Es digno de ser una persona a la que yo pueda ofrecer toda mi lealtad.

La gente alrededor había escuchado cada palabra de Esquizo, y todos comprendieron por qué se comportaba de esa manera junto a Lucsus.

La Reina Esquizo continuó:

—Aunque él no sea Dios, igual mi lealtad va a estar en él.

—¿Y si aparece alguien que cargue con más dolor? —preguntó Suruki.

—Eso no puede ser posible, porque yo mismo he presenciado todas las veces en que el Mesías ha hecho su aparición a través de la historia como un cordero.

—¿Quieres decir que has vivido más de 13,800 millones de años?

—No exactamente, pero algo parecido.

—¿¡Qué?!

Todos reaccionaron con gran sorpresa.

—Miren, la batalla se está poniendo interesante —dijo Esquizo, desviando la atención.

Yeli se acercaba lentamente, sacudiéndose el polvo.

Carmesí y Patria, quienes parecían invisibles —pues nadie había notado que estaban allí—, hicieron su primer comentario.

—Está intacta —dijeron ambas al mismo tiempo.

Yeli estaba de muy buen humor.

—Así que ese es el famoso linaje de los Ayes y las voluntades. Esos ojos no podrás utilizarlos cuando pelees con la familia Jue, ¿lo sabes, no?

—Quizás estos no, pero estos sí.

Lucsus parpadeó y sus ojos se tornaron azules.

Yeli quedó impactada.

—Eres una cajita de sorpresas. Con esos ojos, demuéstrame qué puedes hacer.

Yeli levitó en el cielo y salió disparada nuevamente hacia donde estaba Lucsus.

—Esta vez no me contendré. ¡Harchival shel hikum!

Ka’na advirtió:

—Está abriendo su desaceleración, amo. Activemos también nuestro harchival shel hikum.

—Ok, activando.

¡Boommm!

Los dos harchival shel hikum se expandieron, mezclándose y abriendo paso a una pelea de desaceleración.

La espada de Yeli estaba a punto de estallar de nuevo de arriba hacia abajo contra la espada de Lucsus, pero esta desapareció de la vista de Lucsus de repente y apareció abajo, conectándole un golpe fuerte con la empuñadura de la Kusanagi.

Salió disparado y pegó contra la pared. Yeli no se detuvo; siguió volando y, antes de que se deslizara por la pared, le envió una estocada hacia el pecho, que Lucsus apenas desvió uniendo las cuatro voluntades. La katana de Yeli se enterró en la pared, y alas brotaron de Lucsus: alas doradas y majestuosas. Allí, los ojos de Lucsus cambiaron de color a un marrón muy claro.

—Estos son los ojos del dolor, el modo en que libero todo el dolor de los demás.

Lucsus empuñó su espada y dijo:

—Dominio de seis cortes de espada.

Al ver la velocidad de tal movimiento, Yeli retrocedió, dejando la Kusanagi enterrada en la pared, y esquivó con gran facilidad el dominio de seis cortes. Luego dijo:

—Creo que te estoy subestimando. Siento que aún hay un poder que me escondes. Incrementaré mi harchival shel hikum del 30% al 50% y usaré mi arte de fuego.

La espada de Yeli se imbuyó de fuego, y Lucsus sintió el incremento del HSH.

—Yeli se está tomando el duelo más serio de lo que pensaba —dijo Kevin.

Rías asintió.

—No sé qué nivel tenía el chico antes de esta batalla, así que no sé cuánto ha mejorado —dijo Suruki.

Angi explicó:

—Él no tenía venas profundas; apenas comenzó a cultivar desde que llegó al Reino Esquizo.

—¿En serio? —dijo Wan Wantia—. Este chico es muy talentoso, entonces… no, yo diría un genio entre genios.

—Así es —dijo Angi—. Es increíble que pueda pelear contra un Primer Cielo así.

Esquizo arqueó una ceja.

—Ahí te equivocas. Yeli no es un Primer Cielo; ella hace dos días pasó al Segundo Cielo de Poder, el Hoshi no Sora.

Angi centró la mirada en Lucsus; sus ojos grises no se despegaron de él en ningún momento.

—Parece que ya ha crecido mucho.

—¿Va en serio? —dijo Lucsus a Ka’na mediante su conexión mental—. Activa el frío, o mejor dicho, el dolor que solo un Dios puede soportar.

—Ok, orden recibida, amo. Activando euforia.

De pronto, se dibujó una sonrisa macabra en la cara de Lucsus.

Todos se levantaron de sus asientos. Esa era la misma sonrisa que tenía en el momento del juicio que se realizó en la cárcel de Dante.

—¿Acaso empezaría uno ahora mismo? —Todos estaban muy preocupados, menos Titania, que conocía el origen del poder, al igual que Ka’na.

Jajajajaja… jijijijiji…

La risa eufórica era fuerte, muy fuerte, tanto que quisieron acercarse a detener el duelo, pero fueron detenidos por Titania.

—No se preocupen, todo está bajo control.

—Está sufriendo, puedo verlo —dijo Esquizo.

—Así es, pero es parte de su ser, y es un poder que tiene que aprender a manejar.

—Está bien —dijo Esquizo, quien se sentó y comenzó a cortarse las uñas con los dientes, cosa que jamás habría hecho anteriormente. Ella y ninguna monarca. Wan Wantia quedó estupefacto y, por dentro, maldecía a Lucsus: ¿Cómo alguien tan basura como tú es capaz de causar tales reacciones en mi reina? Si eres el Mesías, por lo menos no hagas que se preocupe mi reina.

—¡Yeliiii! ¿Qué pasa? ¿Por qué no atacas?

Yeli sintió miedo, pero no por el poder, sino por la personalidad tan distinta.

—Espíritu de la salamandra, combínate con mi Kusanagi. Expansión de universo al 70%.

Yeli esta vez no voló, sino que corrió, partiendo todo el suelo por el que corría, rompiendo varias veces la velocidad del sonido. El primer impacto contra la espada de Lucsus partió el suelo que pisaba él. El segundo, tercero, cuarto y quinto partieron todo el suelo a su alrededor, puesto que Lucsus se movía después de cada ataque.

La batalla se estaba prolongando, y Lucsus, aún con su modo eufórico y alas doradas, le costaba mantener el ritmo.

Lucsus ennegreció la espada, y una energía negra lo poseyó, porque su aura destilaba el color negro, a excepción de sus alas doradas que conservaban su pureza.

—Dominio de ocho cortes.

La intención de espada de Lucsus brilló junto a la de Yeli.

Allí, Yeli entendió que el próximo ataque sería con todo.

Yeli cubrió cada corte con una exquisita precisión, pero después del sexto corte, su Kusanagi comenzó a pesar, haciendo que con los otros dos cortes Lucsus desarmara a Yeli, y esta activara su harchival shel hikum al 100% para patear a Lucsus y tomar su espada en el aire de regreso.

La patada fue muy fuerte, pues era uno de los ataques más poderosos de Yeli. Lucsus quedó fuera de combate y, al chocar con dos columnas —llevándose por el medio a ambas—, impactó contra la pared, haciendo eco en toda la sala y escupiendo una gran bocanada de sangre, dejándolo inconsciente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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