El juego del Mesías - Capítulo 107
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Capítulo 107: Yeli vs Lucsus
Yeli estaba imperturbable, con su katana en mano. No había un atisbo de duda en su mirada.
¡Boom!
Despegó del suelo, partiendo el piso donde yacían sus pies.
Lucsus detuvo el ataque de la Kusanagi, y el suelo donde él estaba parado se partió, puesto que el ataque fue de arriba hacia abajo.
Yeli deslizó su espada por la de Lucsus con el mismo movimiento de ataque, dando una voltereta y volviendo a atacar de arriba hacia abajo.
¡Boom!
La katana chocó con más fuerza.
Lucsus se preguntó cómo ese movimiento era posible, mientras quedaba enterrado en el suelo con aún su espada cubriéndolo.
Ka’na le respondió:
—Su balanceo viene de su misma rotación de vuelo. Cuando atraviesas el Primer Cielo de Poder, es posible que, además de volar, puedas impulsarte con el mismo viento.
Lucsus ya casi no aguantaba más el poder destructivo de la Kusanagi de Yeli, así que decidió activar la voluntad de Miguel y la de Lucifer.
¡Boommm!
Destruyó el suelo en el que estaba enterrado, mandó a volar a Yeli e hizo que se golpeara contra una columna y la destruyera.
Los ojos de Lucsus estaban de un color rojo muy oscuro.
Angi, quien apenas llegaba junto con Violeta, dijo:
—Allí están los ojos del linaje perdido.
Esquizo la llamó y pidió que se sentara.
—Parece que sí tiene los ojos de ese linaje, pero esto es algo que se debe mantener en secreto.
Suruki intervino:
—Yo también poseo ese linaje, pero nadie ha vivido tras verlo.
Esquizo la miró con nostalgia.
—Debiste de pasar mucho al cargar con esa cruz.
Suruki, quien parecía inmutable, dejó ver por un instante la tristeza en sus ojos.
—Sí, pero ya estoy bien, gracias a la misericordia del Mesías.
Esquizo se rió.
—¿Hablas de Lucsus como Dios?
—Así es. ¿Qué no todos ya nos hicimos la idea?
—Eso es algo que no se sabe por completo, ya que el universo es variable.
—Pero Esquizo, tú que eres tan sabia y tan grande, le muestras un respeto infundado.
—Eso es porque puedo ver el dolor con el que carga. No porque cargue con los pecados de todos, sino por el suyo propio como ser humano. Es digno de ser una persona a la que yo pueda ofrecer toda mi lealtad.
La gente alrededor había escuchado cada palabra de Esquizo, y todos comprendieron por qué se comportaba de esa manera junto a Lucsus.
La Reina Esquizo continuó:
—Aunque él no sea Dios, igual mi lealtad va a estar en él.
—¿Y si aparece alguien que cargue con más dolor? —preguntó Suruki.
—Eso no puede ser posible, porque yo mismo he presenciado todas las veces en que el Mesías ha hecho su aparición a través de la historia como un cordero.
—¿Quieres decir que has vivido más de 13,800 millones de años?
—No exactamente, pero algo parecido.
—¿¡Qué?!
Todos reaccionaron con gran sorpresa.
—Miren, la batalla se está poniendo interesante —dijo Esquizo, desviando la atención.
Yeli se acercaba lentamente, sacudiéndose el polvo.
Carmesí y Patria, quienes parecían invisibles —pues nadie había notado que estaban allí—, hicieron su primer comentario.
—Está intacta —dijeron ambas al mismo tiempo.
Yeli estaba de muy buen humor.
—Así que ese es el famoso linaje de los Ayes y las voluntades. Esos ojos no podrás utilizarlos cuando pelees con la familia Jue, ¿lo sabes, no?
—Quizás estos no, pero estos sí.
Lucsus parpadeó y sus ojos se tornaron azules.
Yeli quedó impactada.
—Eres una cajita de sorpresas. Con esos ojos, demuéstrame qué puedes hacer.
Yeli levitó en el cielo y salió disparada nuevamente hacia donde estaba Lucsus.
—Esta vez no me contendré. ¡Harchival shel hikum!
Ka’na advirtió:
—Está abriendo su desaceleración, amo. Activemos también nuestro harchival shel hikum.
—Ok, activando.
¡Boommm!
Los dos harchival shel hikum se expandieron, mezclándose y abriendo paso a una pelea de desaceleración.
La espada de Yeli estaba a punto de estallar de nuevo de arriba hacia abajo contra la espada de Lucsus, pero esta desapareció de la vista de Lucsus de repente y apareció abajo, conectándole un golpe fuerte con la empuñadura de la Kusanagi.
Salió disparado y pegó contra la pared. Yeli no se detuvo; siguió volando y, antes de que se deslizara por la pared, le envió una estocada hacia el pecho, que Lucsus apenas desvió uniendo las cuatro voluntades. La katana de Yeli se enterró en la pared, y alas brotaron de Lucsus: alas doradas y majestuosas. Allí, los ojos de Lucsus cambiaron de color a un marrón muy claro.
—Estos son los ojos del dolor, el modo en que libero todo el dolor de los demás.
Lucsus empuñó su espada y dijo:
—Dominio de seis cortes de espada.
Al ver la velocidad de tal movimiento, Yeli retrocedió, dejando la Kusanagi enterrada en la pared, y esquivó con gran facilidad el dominio de seis cortes. Luego dijo:
—Creo que te estoy subestimando. Siento que aún hay un poder que me escondes. Incrementaré mi harchival shel hikum del 30% al 50% y usaré mi arte de fuego.
La espada de Yeli se imbuyó de fuego, y Lucsus sintió el incremento del HSH.
—Yeli se está tomando el duelo más serio de lo que pensaba —dijo Kevin.
Rías asintió.
—No sé qué nivel tenía el chico antes de esta batalla, así que no sé cuánto ha mejorado —dijo Suruki.
Angi explicó:
—Él no tenía venas profundas; apenas comenzó a cultivar desde que llegó al Reino Esquizo.
—¿En serio? —dijo Wan Wantia—. Este chico es muy talentoso, entonces… no, yo diría un genio entre genios.
—Así es —dijo Angi—. Es increíble que pueda pelear contra un Primer Cielo así.
Esquizo arqueó una ceja.
—Ahí te equivocas. Yeli no es un Primer Cielo; ella hace dos días pasó al Segundo Cielo de Poder, el Hoshi no Sora.
Angi centró la mirada en Lucsus; sus ojos grises no se despegaron de él en ningún momento.
—Parece que ya ha crecido mucho.
—¿Va en serio? —dijo Lucsus a Ka’na mediante su conexión mental—. Activa el frío, o mejor dicho, el dolor que solo un Dios puede soportar.
—Ok, orden recibida, amo. Activando euforia.
De pronto, se dibujó una sonrisa macabra en la cara de Lucsus.
Todos se levantaron de sus asientos. Esa era la misma sonrisa que tenía en el momento del juicio que se realizó en la cárcel de Dante.
—¿Acaso empezaría uno ahora mismo? —Todos estaban muy preocupados, menos Titania, que conocía el origen del poder, al igual que Ka’na.
Jajajajaja… jijijijiji…
La risa eufórica era fuerte, muy fuerte, tanto que quisieron acercarse a detener el duelo, pero fueron detenidos por Titania.
—No se preocupen, todo está bajo control.
—Está sufriendo, puedo verlo —dijo Esquizo.
—Así es, pero es parte de su ser, y es un poder que tiene que aprender a manejar.
—Está bien —dijo Esquizo, quien se sentó y comenzó a cortarse las uñas con los dientes, cosa que jamás habría hecho anteriormente. Ella y ninguna monarca. Wan Wantia quedó estupefacto y, por dentro, maldecía a Lucsus: ¿Cómo alguien tan basura como tú es capaz de causar tales reacciones en mi reina? Si eres el Mesías, por lo menos no hagas que se preocupe mi reina.
—¡Yeliiii! ¿Qué pasa? ¿Por qué no atacas?
Yeli sintió miedo, pero no por el poder, sino por la personalidad tan distinta.
—Espíritu de la salamandra, combínate con mi Kusanagi. Expansión de universo al 70%.
Yeli esta vez no voló, sino que corrió, partiendo todo el suelo por el que corría, rompiendo varias veces la velocidad del sonido. El primer impacto contra la espada de Lucsus partió el suelo que pisaba él. El segundo, tercero, cuarto y quinto partieron todo el suelo a su alrededor, puesto que Lucsus se movía después de cada ataque.
La batalla se estaba prolongando, y Lucsus, aún con su modo eufórico y alas doradas, le costaba mantener el ritmo.
Lucsus ennegreció la espada, y una energía negra lo poseyó, porque su aura destilaba el color negro, a excepción de sus alas doradas que conservaban su pureza.
—Dominio de ocho cortes.
La intención de espada de Lucsus brilló junto a la de Yeli.
Allí, Yeli entendió que el próximo ataque sería con todo.
Yeli cubrió cada corte con una exquisita precisión, pero después del sexto corte, su Kusanagi comenzó a pesar, haciendo que con los otros dos cortes Lucsus desarmara a Yeli, y esta activara su harchival shel hikum al 100% para patear a Lucsus y tomar su espada en el aire de regreso.
La patada fue muy fuerte, pues era uno de los ataques más poderosos de Yeli. Lucsus quedó fuera de combate y, al chocar con dos columnas —llevándose por el medio a ambas—, impactó contra la pared, haciendo eco en toda la sala y escupiendo una gran bocanada de sangre, dejándolo inconsciente.
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