El juego del Mesías - Capítulo 108
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Capítulo 108: Infiltrados
Lucsus despertó poco a poco, viendo a todos a su alrededor. Estaba siendo sanado por Yeli, quien tenía un arte de sanación de nivel intermedio. Ella lo tocaba en el rostro y, estando frente a él, dijo:
—Eres muy fuerte. Ese de la familia Jue no será rival para ti.
—No nos adelantemos. La familia Jue es conocida por poseer artes sagradas que permiten al usuario multiplicar su poder varias veces.
—¿Eso es cierto? —preguntó Suruki.
—Así es —le respondió Titania.
Niel, quien había estado observando la batalla desde la lejanía, se acercó y dijo:
—No solo eso. Quién sabe hasta dónde pueden llegar para incrementar el poder de Jin Jue. Hay que tener eso en cuenta.
Todos se quedaron pensativos por un momento. Rompiendo el silencio, Bonny preguntó:
—¿Qué puedo hacer yo para ayudarte? Desde que me dijeron que soy uno de los más leales al Mesías, estoy preocupada de no saber qué hacer o cómo ayudarte.
La pequeña Bonny estaba un poco triste.
Lucsus, quien estaba siendo sanado, miró no a Bonny, sino a su hermano Niel.
—¿Hay algo que puedas decirle?
Niel sonrió y rio.
—Por algo es el arcángel más leal a Dios. Se ve que su preocupación es muy grande. En cuanto a lo que preguntas, pequeña niña, no debes preocuparte en vano; eso no sirve de nada. Mejor prepárate física y mentalmente para todo lo que se viene.
Las preocupaciones de Bonny no cesaron, pero disminuyeron enormemente.
—Tengo que entrenar y hacerme más fuerte —fue lo que se le ocurrió a Bonny.
Y todos, en su mente, también juraron ser más fuertes para ser de utilidad al Mesías.
De pronto, llegó Nariaki corriendo, casi sin aliento. Apenas pudo tomar aire; lo primero que gritó fue:
—¡Madre, se infiltraron en el castillo!
—¿Qué? ¿Quiénes? —respondió Esquizo.
—No lo sé, no pude ver sus rostros, pero peleé con varios de ellos. Estaban hablando de secuestrar al Mesías.
Esquizo rápidamente envió a los soldados traslúcidos a buscarlos y preguntó a Titania si podía sentir la presencia de los infiltrados, ya que ella no podía. Titania negó con la cabeza.
—¿Personas que saben ocultar por completo su presencia? Nariaki, ¿qué tan poderosos eran?
—No lo sé. Eran cuatro y apenas los encontré con trajes negros y capucha. Los ataqué porque oí su conversación; dijeron que si no encontraban al Mesías, secuestrarían a la Reina Esquizo, a ti, madre. Les dije que eso no pasaría, y esquivaron con gran facilidad mis ataques para luego huir entre las sombras.
Wan Wantia dijo:
—La reina está en peligro. Hay que llamar a todos los soldados traslúcidos más fuertes.
Todos obedecieron.
—Nariaki es un Tercer Cielo de Poder. Si lo esquivaron tan fácilmente, han de ser asesinos de un reino poderoso —agregó Wan Wantia.
Silver, en cambio, se mantuvo pensativo.
La Reina Esquizo vio de reojo a Silver y asintió con la cabeza.
—Así es. Son del Reino del Duende o del Dominio. Al parecer están jugando con sus propias reglas.
Titania dijo a Lucsus:
—Hay que resolver este problema antes de irnos a entrenar de nuevo.
Lucsus asintió.
Titania juntó las manos y cerró los ojos.
—Yo quizás no pueda sentir sus auras, pero mis cadenas pueden rastrear cualquier existencia, siempre y cuando sean poderosas.
Las cadenas se enrollaron alrededor de Titania y giraron; luego se detuvieron de repente. Titania, que tenía los ojos cerrados, los abrió y sus ojos amarillos resplandecieron.
—Cadena del Duende Verdadero: Ve.
Las cadenas salieron disparadas hacia el norte, justo a la capilla, y Titania salió más atrás. En un parpadeo, la cadena ya había alcanzado a uno de los infiltrados.
Esquizo tomó en sus manos a Lucsus y lo llevó hacia donde estaba Titania, al igual que el resto, que la siguieron a gran velocidad.
Al llegar, Lucsus vio a una persona de aspecto muy joven gritando fuertemente:
—¿Qué diablos son estas cadenas? ¿Por qué no puedo quitármelas?
Titania, que no escatimaba en risas, sorprendentemente se detuvo de repente y dijo:
—¿Quién diablos eres y qué haces aquí?
El joven se asustó por la gran cantidad de risas de esa mujer, que lo miraba por encima del hombro como si fuera alguna clase de mosca.
—¿Sabes quién soy yo? —dijo con miedo en su voz—. Si lo supieras, no estarías mirándome de esa forma.
—¿Ah, sí? Entonces, ¿demuéstrame de qué estás hecho? Ah, se me olvidó que no podías salir de esas cadenas… ¡jajajajajajajá!
Esquizo y el resto llegaron; solo estaba el sujeto encadenado. No vieron cómo pasó.
La Reina Esquizo dio un paso hacia adelante y el joven la vio. Al verla, sonrió.
—Cayeron en nuestra trampa. ¡Salgan!
Del suelo emergieron tres sombras que se convirtieron en personas encapuchadas. El joven que estaba atado en la cadena era el único al que se le podía ver el rostro, pues las cadenas lo despojaron de la capucha e hicieron que su rostro fuera visible.
—No salió como calculamos, pero al fin pudimos acercarnos a la Reina Esquizo de frente —dijo una de las personas encapuchadas que, por su voz, era mujer.
Los otros dos eran hombres, pues al reírse dijeron:
—A esa reina solo la habían visto en pintura. No podemos armar un escándalo entre reinos, por eso nuestra misión era encarar a Esquizo, y aquí está ella, viniendo a nosotros.
—¿Qué su misión no era llevarse al Mesías? —dijo Wan Wantia.
Esto hizo que la atención se desviara hacia él.
—Así que sí hay un Mesías —dijo la chica que emergió de las sombras.
La Reina Esquizo intervino:
—Eso solo es algo que Nariaki escuchó.
—Ah, el niño —dijo la chica—. Pues lo dejamos escapar para ver cómo reaccionaban. Nuestras charlas fueron solo un show, y en el le colocamos un micrófono pequeño. Pudimos oír todo lo que han dicho hasta el momento. Aún no estamos seguros de si hay un Mesías, pero nos llevaremos con nosotros a cualquier sospechoso. Así que todos ustedes vendrán conmigo.
Nariaki busco por todos lados hasta que encontró y se quito para después aplastar al micrófono.
Irina interrumpió el discurso de la chica con gran gracia en su mirar.
—¿Y cómo piensas hacerlo?
—Niña, no sabes con quién estás hablando. Yo sola podría con Esquizo misma.
La Reina Esquizo le dijo a Irina:
—Sé que eres fuerte, pero esa es mi presa. Tú encárgate de los dos hombres junto con el resto.
Irina sacó sus dagas.
—Esto sería un duelo muy injusto; seríamos muchos contra solo dos.
Esquizo negó con la cabeza.
—No puedo saber en qué cielo están estas personas. Al principio pensé que era porque ocultaban su presencia, pero no es así. Es que no soy capaz de percibirlas. Eso quiere decir que están a un cielo mayor que el mío.
—Jajajajaja —el sujeto amarrado en las cadenas rio fuertemente—. Como se esperaba de la famosa Reina Esquizo. Nosotros somos muy poderosos para ustedes. De no ser por estas extrañas cadenas, ya los habría hecho polvo.
Titania rio y dijo:
—Mis cadenas buscan al más fuerte, así que quizás tengas razón. Pero no lo sabrás, porque esas cadenas no te soltarán hasta que yo lo diga.
La chica que salió de la sombra dijo
– tampoco hay que confiarse de la de cabello morado no puedo sentir su cielo de poder , los otros dos hombre también asintieron
Irina se acercó a Esquizo y dijo en voz baja:
—Necesitamos información, o si no, estas personas pueden matarnos.
Titania volteó hacia donde estaba Irina.
—No te preocupes. No dejaré que nadie muera.
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