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El juego del Mesías - Capítulo 29

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  4. Capítulo 29 - 29 No puedo mover mi cuerpo
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29: No puedo mover mi cuerpo 29: No puedo mover mi cuerpo ** En la sala del circuito ** Berto quedó conmocionado por la escena delante de sus ojos.

Era algo que solo se describe con admiración; sin embargo, se negó a creer lo que sentía.

Se dio la vuelta y dijo: —¡Completaste el circuito!

—Déjame levantarte —dice el hombre con el parche.

Lucsus apenas y podía mover los dedos.

Shinyi también se acercó a levantarlo, y aunque varios querían ayudarlo, no se atrevían, puesto que algo les decía que no necesitaba de ellos.

Así que solo desde la distancia le dicen: —¡Excelente!

¡Esa es la juventud!

—mientras que otros decían: —Yo, porque estoy cansado y viejo, sino también lo superaría.

Lucsus logró reunir fuerzas para sentarse, junto con el apoyo de esas dos personas.

—Eres más duro de lo que pareces —dijo Shinyi.

Mientras que el del ojo parchado se levanta.

—Te recomendaré a Fire.

Empiezas mañana a primera hora, a las 5 am en el estadio.

Lo ocupamos de 5 am a 2 pm.

Shinyi se sorprendió tanto que su boca quedó abierta por completo.

El ojo parchado se fue.

Shinyi sonríe a Lucsus.

—Ya no tendrás que esperar al combate organizado por John.

Sino que empezarás a pelear mañana mismo por encargo.

—¿Qué significa eso?

—preguntó Lucsus.

—Que pelearás en grupo contra equipos organizados dentro de la misma arena.

—¡Qué demonios!

—pensó Lucsus.

—No te preocupes, paga así pierdas, pero debes cumplir con lo demandado.

Si te piden 3 horas de combate, tienes que aguantar eso sin ser noqueado.

Luego de allí viene la recompensa del ganador, que es otra.

—A mí no me gustan esos trabajos, puesto que me sirven más los de salir al exterior como mercenario.

Y sin armas, no soy tan bueno como tú en combate.

No me sirve.

**Cuarto de Lucsus:** En posición de meditación, estaba creándose un aire morado a su alrededor.

Los golpes y heridas se estaban sanando rápidamente.

Lucsus no podía curarse como Koba, puesto que sería mucho dinero, adrmas que eso era mas para amputar un brazo ,el cual él no ah perdido.

Sin embargo, descubrió que su energía giraba en cuatro ciclos distintos.

El primero fue el castaño (Itami no me), y el segundo está viendo que es de color blanco; sin embargo, a la vez siente el tercero, que es el morado.

Este morado es más fácil de controlar que el blanco; expulsa las partes dañadas y absorbe las que complementan la sanación, haciendo que sane rápidamente su cuerpo.

—Se parece al láser, con la diferencia que esto parece formar algo aparte —dijo Lucsus.

Lucsus abre los ojos y dos esferas moradas comprimidas están cerca de su cabeza.

Al verlas, solo puede observar el dolor, heridas, la energía y sufrimiento, partículas del ambiente fusionadas, creando así algo totalmente independiente.

Con ese ciclo de energía.

—¡Fisión es como se llama esto!

—dice Lucsus.

Lucsus abre la mano y sale energía blanca, la cual libera apuntando a la esfera morada y la destruye con lo que parecía un choque blanco eléctrico.

—¡Booom!

Era la energía de un rayo, pero con falta de fuerza, pensó Lucsus.

La última es mi mismo alrededor.

Así es, Lucsus apunta hacia la cama y lanza una onda no perceptible, y levanta la cama con suma facilidad en el aire , su color es negro.

—Parece que tengo: – La fuerza fuerte.

– Fuerza débil.

– Fuerza electromagnética.

– Y fuerza gravitatoria.

Son las 4 fuerzas que gobernaban en el valle de hinon.

Por acá parece que hay muchas personas fuertes; sin embargo, aunque el principio sean estas 4 fuerzas, no creo que las distingan muchas personas igual que yo.

¿Esa carta que me dio Rías tendría algo que ver con todo esto?

Mi habilidad, Genio Emocional, me permite entender esto.

Ahora soy capaz de distinguir habilidades, bueno, solo unas cuantas.

A medida que me desarrollo, adquiero más sabiduría e imaginación, razón y locura.

No obstante la fuerza no parecen ser tal cual como en el valle de hinon , por ejemplo aunque la fuerza débil cambia las propiedades de ciertas partículas bases no es capaz de cambiar las de la mayoría, y qui si es capaz de cambiar un estado a otro.

De fracturado a sano y puede que también al contrario, realmente es más una guía las 4 fuerzas porque estas no son tal cual sino más evolucionadas.

**Estadio, 5 am:** Aún con ayuda de la fuerza nuclear débil y su dominio (expulsión de heridas), transformando la energía que sale en radiactiva, mis órganos siguen entumecidos.

Sin embargo, tendré que pelear así.

Minutos más tarde, llega el encargado de guiar a los de la arena.

—Ustedes 8 son los estelares.

Combatirán con 18 personas el día de hoy, y la meta de nosotros no será el ganar, sino el no dejarnos romper los huesos, mientras llevamos ropa pesada, y llevar los cofres de monedas de un lado del estadio al otro.

Si logramos pasar un cofre de monedas de oro, la recompensa será enorme para los 8.

No obstante, si fallamos en obtener los cofres, solo tendremos la recompensa si no nos dejamos romper los huesos, y eso no está en discusión.

A nadie le puede pasar eso, puesto que recibirá 0 monedas.

Lucsus estaba escuchando atentamente.

Claramente era una barbaridad cada una de las palabras que salían de la boca de este sujeto.

—Yo, William Shelwood, aseguro que podremos todos cumplir con lo demandado, pero solo si siguen mi estrategia, puesto que los 18 sujetos a quienes nos vamos a enfrentar son: mercenarios, militares entrenados, luchadores de peleas, aventureros, talentos del país exiliado, e incluso, participantes de la grieta de la ambición.

Lucsus no entendía mucho la diferencia de los talentos y los participantes de dicha grieta.

Llamaban a los talentos a los participantes que se habían rendido en la grieta y enviaban personal por la zona circundante para aumentar su probabilidad de supervivencia.

—Supongo que la diferencia más notable es la habilidad de combate —pensó Lucsus.

Luego de terminar el discurso, pasaron a darles camisetas, pantalones, muñequeras y zapatos deportivos.

—Parecíamos jugadores de alguna selección deportiva, vestidos todos de negro.

**1 hora después:** —En 15 minutos comenzamos el evento.

Como verán, las gradas están bastante llenas.

Una audiencia gigante estaba gritando con emoción.

—¡Peleen!

¡Peleen, peleen, que empiece la pelea!

¡Que empiece la pelea!

¡Rompanle los huesos!

—se escuchan gritos por todas partes.

—Es increíble que en un evento como este, tanta gente esté de acuerdo y se entretenga con esto —murmuró para sí mismo Lucsus.

—He estado aquí, y hay cosas aún peores, y todavía queda por ver mucho en el bajo mundo.

Entrando por la puerta principal del estadio, 18 personas vestidas de gris pasaban saludando a todo el mundo.

—¡Oohhh!

—Aplausos se escuchaban por más de medio estadio.

Claramente eran figuras conocidas por la mayoría de la gente, a diferencia de nuestro grupo, que era organizado recién y ni fama teníamos.

En este evento, solo éramos carne de cañón o la lujuria de la audiencia que quiere ver cómo nos quiebran y hasta dónde somos capaces de llegar por dinero.

—Esto no es un evento para niños, y no hacemos daño a nadie, puesto que todos estamos a voluntad.

Sin embargo, hay algo que me incomoda de todo esto.

Los 18 se pusieron al frente de nosotros, justo en el centro del estadio.

Eran varios metros para llegar al lugar donde está su base, cubierta de una raya blanca que, al pasar, ganamos ese cofre.

En cuanto al cofre, estaban todos en el medio.

Eran un total de 6: 3 de plata y 3 de oro, todo en monedas.

Entre los 18, había un sujeto muy alto y otro cuadrado, como un fisicoculturista.

Estos tenían mucha presencia, y Lucsus sentía la presión que estos generaban.

De pronto, un sujeto se acercó con una bandera roja, la elevó a lo alto y la bajó rápidamente.

—¡Comienzan, ya!

Al oír la campanada, mis 7 compañeros salieron como una bala a agarrar los cofres.

Quizás su motivación más grande era eso, puesto que si llegabas solo con él sin ayuda, sería suyo un 70%, el otro 30% sería para el organizador, Fire.

Yo comencé a moverme; sin embargo, eran lentos mis movimientos.

Las ropas que nos dieron tienen una anomalía.

De alguna manera, William Shelwood es capaz de cambiar la masa de un objeto, y cambió la masa de la tela por la de un árbol de 50 kg, dividida en todas las prendas, sumando todo esa cantidad, y a medida del tiempo va aumentando hasta llegar a 80 kg.

—¿Por qué la de un árbol?

—Lo mismo se preguntó Lucsus, pero la respuesta es que William puede absorber la masa de los objetos que derriba con las manos desnudas.

La tela cambia su masa, pero no su volumen ni densidad.

Esto es así hasta que William Shelwood se quede sin fuerza, siendo este un arte sagrado de su familia.

Los organizadores pidieron este espectáculo, y por ende, la audiencia está informada de todo.

Igual está el animador, que es el que está en el centro con la bandera roja, quien va describiendo las cosas.

—¡El participante 2 va a una velocidad increíble!

Los 50 kg parecen no afectarle, e incluso el cofre de monedas de oro lo trata como si fuera una caja vacía.

¡Es algo impresionante de ver!

—dice el animador, Coco.

En medio del participante dos, se mete un sujeto alto de piel negra, el mismo que Lucsus detectó como peligroso.

—¡Esto es un encuentro cara a cara!

Parece que el ex militar de la fuerza especial, Cricket, le va a hacer frente al participante número 2.

—¿Qué voy a hacer?

Esto no pinta bien —piensa el participante número 2—.

Con el cofre en ambas manos no puedo pelear.

Tendré que soltarlo y pelear.

—¡El participante número 1 también está a punto de enfrentar a Jiro, el aventurero de clase oro, conocido por matar a bestias enormes!

—¡Oh!

Parece que el participante número 8 no desayunó hoy.

Está más atrás que todo el mundo.

Lucsus se movía muy despacio.

Entre ambos equipos, solo había una distancia no mayor a 110 metros ,50 metros en ambas direcciones, dejando los 10 metros para el área de los cofres, llamada el área chica.

Lucsus ya había pasado esa línea; sin embargo, faltaban unos metros para llegar al otro extremo.

Como fue el último, no quedó cofre para él.

—Parece que mi cuerpo no reacciona —Lucsus sudaba y le dolía todo el cuerpo.

—¡Qué demonios haces, Lucsus!

¡Date prisa, muévete rápido!

—gritó William Shelwood.

—Es fácil decirlo —pensó Lucsus.

Los otros voltearon a ver a Lucsus.

—Es demasiado lento.

Si le rompen los huesos, seremos 7 contra 18.

—Diablos, ¿quién lo contrató?

—decía su equipo.

La parte de atrás de la camisa de Lucsus decía un número, el cual era 8.

La audiencia en su espalda le decía: —¡Vamos, número 8, tú puedes!

¡Corre!

Lucsus suspiró.

—¡Ssss!

¡Qué fastidio!

Por lo menos los de atrás me alientan.

—Siento como si mis músculos se fueran a desgarrar.

—El participante 8 se toma su tiempo, mientras que el dos soltó el cofre y está peleando contra Cricket —dice Coco.

El participante 2 lanza una patada certera que hace que hasta el aire se aparte para dársela en el pecho a Cricket, creando una onda de aire a su alrededor.

Esto hace que una bocanada de sangre salga de la boca del gran ex militar.

Este participante no se conforma con ver la sangre de Cricket, así que lanza un combo de patadas, el cual se las conecta en el piso, en una posición de arriba hacia abajo.

—¡Crack!

¡Crack!

—El piso se comienza a agrietar por la fuerza con la que el participante 2 lo golpea.

—Hmm, creí que sería más rudo este tipo.

Me pregunto si este es el más fuerte, los demás serán pan comido.

—¡El participante 2 acaba de mostrarnos un excelente y aterrador combo de patadas!

¿Acaso este es el final de Cricket?

—dice Coco.

El participante dos pasa su dedo por la parte baja de su nariz.

—Está hecho polvo.

No va a revivir —dice mientras agarra el cofre.

Y al salir, algo lo agarra por el pie.

—¿Qué?

¿Por qué algo me toma del pie en la dirección derecha?

—se pregunta.

—¡Pumm!

—Cae en el suelo y pega la cara contra el piso.

Un sujeto delgado se había colocado sutilmente en una dirección en donde el participante 2 no tenía visión.

—Eres rápido y fuerte, pero muy confiado.

Esto es 18 contra 8, no es una pelea que puedan ganar.

Cricket se levanta, se limpia la sangre.

—Ahora pagarás lo que me hiciste —dice.

El sujeto delgado le hace una llave al participante número 2, y Cricket se acerca y lo golpea en el estómago una y otra vez, hasta que bocanadas de saliva salen de su boca.

—¡No, por favor, detente!

¡Me rindo!

—¡Pum!

—Lo golpea en la cara y lo agarra del cabello.

—No dejaré que te rindas tan fácilmente.

No seas aburrido —dice Cricket.

—Se están divirtiendo con él.

No planean dejar que se rinda —dice William Shelwood.

—No te enfrentes al aventurero Jiro, número 1.

Estamos en desventaja, y un aventurero de oro es muy fuerte.

Si te llegan entre varios, solo lograrás que te sometan como al 2.

—Parece que al equipo Fire se le están complicando las cosas.

Acaban de agarrar al participante número 2, quien demostró ser de los más fuertes.

Ahora, ¿quién más podrá contra estos expertos en el combate?

—dice Coco.

Los números del equipo Fire están colocados al azar para que no sepan quién es el más fuerte, pero parece que a simple vista, el 8 parece el más débil.

Lucsus acababa de llegar al frente de estos, a tan solo 5 metros.

—¡No te quedes allí!

Ve por los flancos, que te pueden cerrar la vía de escape —grita William Shelwood.

Lucsus sabía que eso podía pasar; sin embargo, su cuerpo estaba muy cansado.

Aún ni siquiera recuperaba el aliento.

—Este sujeto es un estorbo —dijeron los números 3, 4 y 5—.

¡Vamos a perder por culpa de él!

—¡Te voy a partir la cara si perdemos por tu culpa!

—dice el número 1.

Lucsus pensaba: —Tienen razón, los estoy atrasando.

Sin embargo…

Levantó su mirada hacia el número 1.

Ojos marrones brillaron con mucha intensidad y se volvieron claros.

—¡Si crees que puedes salir ileso peleando contra mí, te invito a que lo hagas!

El número 1 se sorprendió por la respuesta y mirada de Lucsus.

—Pero, ¿qué está pasando?

El número 8 acaba de mostrarnos una mirada de depredador.

¿Es idea mía o le cambiaron los ojos de color?

—dice Coco.

—¿Qué?

¿Ojos de color?

No puede ser —murmuraba la audiencia—.

Pero esa raza está extinta , bueno tampoco es que sean rojo, o a menos que sean artificial, como los del semirreino militar —¡Dejen de pelearse entre ustedes!

Por favor, colaboren —dice William Shelwood.

Los participantes 3, 4 y 5 comenzaron a murmurar entre ellos, y luego uno se acercó a uno de los 18.

—Si ustedes nos dejan pasar, les daremos el 80% del dinero de los cofres para que se los dividan —le murmuró.

Maquintaro era quien los estaba escuchando.

—Esto es un espectáculo.

No puedo simplemente dejarlos pasar, sino perderé prestigio.

—Lo sé —dice el número 4—.

Por eso les entregaremos como sebo al número 2 y al 8, mientras yo y mis otros dos compañeros nos escabullimos con 2 o 3 cofres.

¿Qué dices?

—Hmm, tentador —dice Maquintaro, sin dudar tanto antes de decir—.

¡Acepto!

Yo personalmente convenceré al resto.

—¡Pum!

—Un golpe es dado al número 4 en el rostro.

Este sale volando hacia sus 2 compañeros.

—Parece que Maquintaro no quiere levantar sospechas —le dice a ambos compañeros de tez pálida, que pensaron que había sido rechazado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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