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El juego del Mesías - Capítulo 42

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  4. Capítulo 42 - 42 Me hubiera gustado un mejor final
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42: Me hubiera gustado un mejor final 42: Me hubiera gustado un mejor final En medio de la batalla en el pueblo de Atom, Angi pregunta por la condición actual de Lucsus, a lo que le responden: —Sí, no te preocupes —responde el joven, limpiándose la boca de sangre—.

—Amo, aún no puedes detenerlo directamente.

*Lo sé*.

Sin embargo, necesito aumentar mi nivel actual.

¡Explotaré de rabia si me dejo ganar por un tonto lucero!

Kana’a asiente con la cabeza, pues comparte el mismo sentimiento que Lucsus.

Acto seguido, cierra los ojos y se concentra.

—¡Activaremos al máximo los Ojos del Dolor!

—dice la media zorra.

Una llama azul comenzó a bordear el puño izquierdo del joven; de igual manera, una llama roja bordea el puño derecho.

Este abre las palmas y las cierra, mientras su corazón dolía.

Además, una temperatura interna surgió.

El joven exhalaba aire frío.

Kana’a sonrió y dijo: —Lo conseguimos, amo.

Ahora ya no necesitarás los Ojos del Dolor como medio para cultivar el sufrimiento y el dolor, ni tampoco la energía castaña en ese modo, para que, en especial, la fuerza fuerte te obedezca.

—Ahora eres capaz de responder a tu aura azul, que es el cultivo del narcisismo, y a tu aura roja, que es la psicopatía.

Ambos tienen un dolor digno de su autoridad en cierta medida.

Ahora están en forma de llamas porque se queman por tu nivel bajo de cultivo.

—¿La psicopatía, eh?

—dice el joven mientras se pierde en sus pensamientos.

La media zorra chasquea los dedos: —Amo, esa es la psicopatía.

No te dejes llevar.

El joven entrecierra los ojos y dice: —Es que ha aumentado mucho.

Por un momento, el combate me dejó de interesar.

—Qué curioso que ahora la tristeza y el dolor sean el motor principal del narcisismo y la psicopatía…

La media zorra queda maravillada, puesto que eso era algo que muchos tardaban en comprender.

—Además, una gran mente conlleva a una enorme tristeza.

Por ende, ha de prevalecer la sabiduría con la psicopatía para que puedas llevar tu habilidad a otro nivel —dice Kana’a—.

Estos son los dos principios de un cultivador marcial que no comprenden sino hasta llegar a la cúspide.

Lucsus asiente: —Tienes toda la razón.

Son dos factores determinantes.

Lucsus dijo esto desde su razonamiento, aunque sabía que Kana’a venía de un infinito distinto.

No conocía los eventos porque transcurrían de manera diferente, pues no era un mundo paralelo ni un multiverso.

Justo por eso no le hacía muchas preguntas.

Pero luego iba a tener que hacer tiempo para sacarle toda la información posible, además de confirmar si tenían el mismo concepto del infinito.

*¡Swooch!* El sonido del aire cortado por el mangual de Franc hace que Angi vuelva a atacar con su abanico cerrado, rompiéndole el arma y propinándole una patada en el estómago.

—¡Ahhh!

El dolor es punzante; sin embargo, agarra la pierna de la chica para después lanzarla a gran velocidad.

Angi da una pirueta en el aire, además de poner su mano para caer de pie.

Apenas recobró su postura y seguiría al ataque, pero fue interrumpida por un joven que, a gran velocidad, sale detrás de ella.

Este lanza un rayo a Franc.

—*¡Zzztt!* Por supuesto, Franc fue capaz de responder al rayo, así que pone un pilar de piedra al frente, inutilizando el rayo.

Lucsus golpea a través del pilar de piedra, consiguiendo atravesarlo para conectar en el estómago de Franc un brutal golpe.

Por supuesto, este no esperaba que Lucsus fuera capaz de romper el muro con tanta sencillez, así que no estaba muy alerta.

Al chocar miradas con el joven frente a él, vio que los ojos de este eran de colores diferentes: el ojo derecho era rojo intenso, mientras que el otro era azul intenso.

Un intercambio de golpes surgió, puesto que Franc aún tenía mucho para dar.

Lucsus, utilizando al máximo la densidad de las cuatro fuerzas, apenas era capaz de cubrir directamente los ataques del mangual impregnado de energía.

A su vez, estas cuatro defensas del joven servían como ataque.

El electromagnetismo lo hacía más veloz, y junto con el magnetismo, controlaba las piedras que Franc lanzaba del suelo sin previo aviso.

Cada golpe de Lucsus estaba impregnado con la fuerza fuerte, además de que contrarrestaba la fuerza gravitatoria en él y aumentaba la de Franc, sumándole que desintegraba parte del aura de su contrincante con la fuerza débil.

La media zorra en su interior le permitía utilizar su poder a ese nivel; sin embargo, era notable quién se desgastaba más rápido.

Angi se dio cuenta de que Lucsus estaba en desventaja.

Franc había recién lanzado su lucero del alba, pero no surtió efecto, pues la belleza de los ojos grises y el vestido abierto jaló el mazo, haciendo caer a Neri, puesto que no esperó tanta fuerza.

Luego, lanzó desde la palma de su mano una corriente fuerte de aire en dirección a Franc; sin embargo, esta fue intercedida por una pared hecha de magnesio y aluminio, parecida a un vidrio pero metálica.

Una vez más, Lucsus golpeó en el estómago a Franc.

—¡Ahhh!

Haciendo que vomite saliva.

Después de ese golpe, fue cayendo hacia el frente y cayó.

Lucsus respiraba muy desenfrenadamente, además de que el sudor caía por todo su cuerpo.

*¡Bamm!* Desde el suelo, en donde estaba Franc caído, en diagonal, una columna creciente golpeó el pecho de Lucsus, haciendo que este vuele unos centímetros para después caer.

Franc se levanta rápidamente y, con un grito de guerra, va a golpear al joven que yacía en el suelo, sujetando Franc muy fuertemente su arma.

—¡Ahhhh!

La fuerza fuerte y el electromagnetismo cubrían el cuerpo de Lucsus, pues ya no necesitaba los Ojos del Dolor para acceder directamente a ellas.

Respondían naturalmente a las auras de Lucsus, que ahora se quemaban en el exterior; sin embargo, el aura de Franc era capaz de romper esas barreras.

Lucsus extendió la mano en la dirección de Franc.

Antes de que este joven actuara, escuchó una voz que dijo: —¡No, amo!

Acto seguido, un sonido sordo golpeó en el oído de todos, luego un zumbido de dolor en el tímpano.

Fue como si un tsunami golpeara a Franc y todo en ese rango: un estallido de lo que era imperceptible para Franc y todos los presentes, con la excepción del joven que poseía la habilidad y la media zorra.

*¡Boommmm!* Neri, más una gran cantidad del suelo y, adicionalmente, hasta casas de negocios salieron volando, como si se les fuese arrancado desde la raíz.

El cuerpo de uno de los ninjas estaba a varios metros de distancia.

Sin duda alguna, había sido un golpe devastador, haciendo que se golpeara contra muchas estructuras, atravesándolas como si fuesen de mentira.

—¡Fraaannncc!

—grita Neri desesperado, mientras una gota de sudor corre por su cara—.

¿Qué diablos fue eso?

Pensaba que eras un elementalista…

Angi quedó impactada por lo que había visto; sin embargo, se preocupó más por Lucsus, puesto que antes de lanzar el ataque ya estaba vomitando sangre.

Lucsus, aún consciente, intentaba levantarse, pero no podía.

La media zorra le decía que esperase en el suelo; sin embargo, este se negó.

—No te preocupes.

Déjame encargarme del resto —dice Angi con voz suave.

Lucsus la vio a los ojos y vio mucha sinceridad y amabilidad en ellos.

—No, aún puedo ayudar —contestó de igual manera el joven.

—Hmm…

Angi suspiraba, puesto que era más que obvio que ya estaba fuera de combate.

—Aún no se acaba —dice Lucsus.

—¿Ahh?

—Angi mira en la dirección del ataque.

Entrecierra los ojos, y una figura con moretones por todos lados, raspones e incluso con la armadura destruida sale de lo que parecía una resurrección de entre los muertos.

—Niño, parece que te subestimamos.

Has de ser un cultivador espiritual.

Nunca había visto uno, pero este es tu fin de todas formas.

Puedo ver que tu aura está más que debilitada.

Angi extiende la mano y desencadena una corriente de aire que volaban como cuchillas.

Franc se asusta, apenas esquivando, haciendo que este caiga al suelo de una manera muy lamentable.

—Deja de presumir, perdedor —dice fríamente esta chica de energía madura que no parecía estar preocupada por la situación—.

¡Ya me dejaré de juegos!

Acabaré con ustedes dos de una buena vez.

—Sir Hober, por favor, mi arma…

Al ver que no recibía una respuesta rápida, gritó fuertemente: —¡Sir Hoberrr!

El grito ensordecedor era de una voz molesta y apresurada.

De la carroza sale un hombre barbón, el cual parecía estar tranquilo: —¿Qué?

No pensé que vendrías tú directamente a entregármela, cariño.

El señor llevaba consigo lo que parecía ser una caja de madera delgada y larga.

El esposo de la chica se acerca lentamente, como si no hubiese un campo de batalla.

Angi voltea hacia donde Neri, Franc y les dice: —Vamos a ver cuánto duran con mi arma desenfundada.

El señor caminaba paso a paso mientras pensaba: *Qué oportunidad tan perfecta.

Acá en el país de los exiliados, nunca había visto a alguien más poderosa que Angi.

Nunca la había visto tan alerta.

En estos momentos, su atención está en el joven y los dos cazarecompensas.

Ahora solo falta…* El señor barbón extiende la mano, y Angi sostiene la madera.

Luego, esta se voltea con una sonrisa hacia sus contrincantes.

De pronto, la media zorra alerta a Lucsus rápidamente, pues, mediante su olfato y su gran habilidad genio emocional, detecta la intención dañina mediante la empatía, puesto que no emitía aura asesina.

Detrás de Angi, una daga corta estaba siendo acelerada por el aire, envuelta con un aura morada impregnada de veneno.

—¡Atrás de ti!

—grita desesperadamente el joven que apenas se podía poner de pie.

Al voltear levemente, un cuchillo estaba a punto de perforarla desde atrás y, por el camino que seguía, seguramente atravesaría su garganta.

Este cuchillo ya había atravesado su aura, puesto que fue apuntado en su punto ciego.

—¡Ehh!

Angi nuevamente queda incrédula por los acontecimientos.

Justo hace un momento había pasado por lo mismo.

En estos momentos, vio su vida pasar por unos microsegundos.

Había huido de su nación, dejó de ser una noble y aún así mantuvo las costumbres.

Se casó con la persona que sus padres eligieron.

Hasta el momento, había fracasado en dar a luz un bebé, no porque ella lo desease, sino porque su cultura se lo imponía.

Había tratado de ser lo más justa que podía, e incluso había estudiado mucho por su cuenta.

Construyó un negocio con las riquezas de su antigua nación.

Y de todo esto, se arrepentía de tres cosas: **Número uno:** no haber recuperado el Semirreino de la Paz.

**Número dos:** no haber podido trascender como cultivadora espiritual al primer cielo.

**Y número tres:** no haber podido aferrarme a la esperanza de recuperar nuevamente mis ideales.

Que pensaba que esa parte de mí había muerto.

*Te lo agradezco en el alma, amigo.

Espero conocerte en otra vida, y que nuestro encuentro no sea tan corto.*

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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