El juego del Mesías - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 La mujer que lo perdió todo
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45: La mujer que lo perdió todo 45: La mujer que lo perdió todo **Pueblo de Atom – 1:00 p.m.** El cultivo espiritual no es como el cultivo marcial.
Mientras que el marcial se centra en ser un depredador que acaba con todo a su paso de la manera más sabia posible, el espiritual se centra en ser el mismo universo y adueñarse del caos.
Así que, mi discípula, cuando sientas que el caos se apodera de toda la situación, recuerda que siempre existe un guía para el vasto caos existente.
Y nunca debes olvidar que un peleador espiritual puede perder todo, menos la razón.
No importa si tu mente es un caos: aún en la locura, la razón prevalece.
—¡Apodérate del caos!
—Esas palabras resonaban en la cabeza de una persona cuya existencia estaba a punto de acabar.
—¡Arte espiritual: Muro de viento!
—dijo una chica cuya vida pendía de un hilo fino, levantando solo dos dedos para tener mejor control de dirección.
El arte fue utilizado hacia un joven que había sido bombardeado por múltiples peleadores.
El aire alrededor del joven comenzó a girar, haciendo un tornado que lograba rotar la energía de todos hasta extinguirse por completo, sin dejar rastro de los ataques dirigidos al joven.
—¿Qué pasó?
¿Nos pudo neutralizar a todos?
—dijo el líder de los cazarrecompensas.
—¡Ahhh!
—Un grito de dolor resonó en los oídos de todos, en especial en los de Lucsus.
Al voltear, una belleza de ojos grises —ahora de tez pálida— caminaba lentamente hacia donde él.
Su vestido manchado de sangre hacía relucir su increíble voluntad ante la muerte, que ella misma aceleraba, pues su mano derecha en el cuello estaba deteniendo el sangrado y extendiéndose el veneno por el cuello.
Esta no fue detenida por nadie, puesto que el shock de los presentes era tanto que no sabían cómo es que ella seguía viva con todas esas heridas.
Se colocó delante de Lucsus, de espaldas a él, haciendo frente al grupo entero.
Giró el cuello hacia donde el joven y dijo con su voz hecha pedazos, apenas entendible, las palabras que pronunció con gran estruendo, salpicando sangre: —¡Hhuyee, yy vvive porr faavor!
Luego, una sonrisa se formó en su cara, saliendo espontáneamente de ella.
Esto hizo que el corazón de Lucsus se estremeciera, al igual que el de Kana’a.
—No tenemos otra alternativa más que huir, amo.
Sin embargo, en esta situación, después de todo lo que ha hecho, la respuesta es clara, ¿no?
—dijo Kana’a.
—Así es, Kana’a.
Jamás la abandonaré.
Si esta es mi tumba, moriré con orgullo peleando junto a ella.
—¡Ahhh!
—Los ojos de Angi se comenzaron a nublar, perdiendo así el equilibrio, mientras que al frente, misiles de fuego eran disparados en su dirección.
Esta intentó formar un ataque de viento explosivo con la palma de su mano, pero no pudo.
Justo antes de que la golpearan, Lucsus la sacó del ataque a un rango seguro.
Los ataques siguieron, haciendo que el joven retrocediera.
Tomó a Angi en sus brazos e intentó escapar, pero rápidamente le bloquearon el paso.
—¡Bam!
—Lucsus cayó de rodillas.
Su aura había desaparecido; ya no tenía más energía.
Sus ojos se nublaban, pero aún seguía sujetando con fuerza a la hermosa mujer que había hecho tanto por él de corazón.
Kana’a fue forzada a salir del mundo espiritual de Lucsus, pues ya ni siquiera podía mantenerla allí.
La Media Zorra rápidamente evaluó el panorama: vio que Shinji estaba oculto, que la niña aún seguía atada en el carruaje y que todos los lugares o vías de escape estaban cerrados.
—¡Haaa!
—Suspiro fuertemente y dijo—: ¡Aún es muy pronto para rendirse, amo!
Aún podemos hacer algo.
Lucsus escuchaba pero no podía verla bien.
La Media Zorra, con una voz apresurada, dijo: —Hay una energía que puede salvarnos.
Esta chica tiene un vórtice en sus venas profundas.
Utiliza la fuerza débil para desintegrarlo, o mejor dicho, déjame entrar otra vez a tu mundo espiritual.
De lo contrario, podrías destruir sus venas profundas.
Si desintegramos su vórtice, quizás la energía que salga será suficiente para que ella se levante de nuevo y podamos huir.
Lucsus, sin entender mucho, abrió su mundo espiritual utilizando lo último que le quedaba.
Kana’a entró, enviando energía a través del cuerpo del joven.
El vórtice comenzó a destruirse; sin embargo, el proceso era lento.
Lucsus escuchó que algo venía hacia donde él.
Al centrar la mirada, bolas de fuego venían a su dirección.
—¡Whoochh!
Sacando fuerza de su voluntad, se giró hacia atrás, haciendo que las bolas de fuego quemaran su espalda.
Sin embargo, logró su cometido: Angi no había recibido más daño.
—¡Boomm!
—Ataques de agua.
—¡Ziiippp!
—Agujas de sangre se clavaban en la espalda de Lucsus.
El joven apretaba los dientes por el dolor físico intenso.
—¡Ahhh!
—El Lucero del Alba lo golpeó; esta vez, las púas también se le enterraron en la espalda.
—Ya estás hecho polvo, amigo.
Mejor deja de resistirte.
Deja que te dé el golpe final.
No opongas resistencia —dijo Neri.
—¡Suueetamme!!, ddmjm ssolaa…
—Las palabras desgarradoras que salían de la boca de Angi eran tan claras como el agua para Lucsus.
—No te preocupes de nada.
Si morimos, lo hacemos juntos —dijo el joven, que, sin importar cómo lo golpearan —sin tener defensas ni aura que lo protegieran—, jamás la soltaría de sus brazos, puesto que el orgullo para protegerla estaba en sus huesos, junto con su voluntad inquebrantable.
Angi sentía algo en sus venas profundas: sentía fluir su energía como si se tratase de un río de fuego fluyendo por su interior.
—¿Qué es esta calidez?
¿Por qué me siento tan cálida?
No solo son sus brazos…
Su energía me hace sentir bien —pensó.
—¡Bbzztt!
—Una luz se encendió en el corazón de Angi, como si una estrella surgiera de su corazón, con mucha calidez.
Sintió la conexión entre el cielo y la tierra; sus venas profundas y exteriores comenzaron a brillar.
—¡¡Ehh!!
—Lucsus y Kana’a estaban sorprendidos y confundidos.
Sin embargo, Kana’a al instante supo lo que estaba ocurriendo.
—¿Qué pasa?
¿Te encuentras bien, Angi?
—No es un problema, amo.
El vórtice ya lo desintegré; sin embargo, no tomé en cuenta la enorme razón, energía y voluntad de esta chica —dijo Kana’a.
—¿Qué?
No entiendo —dijo el joven.
Una luz cubrió todo el cuerpo de la belleza casi muerta que se encontraba en los brazos del joven.
Sus ojos se iluminaron, y desde el cielo, las nubes se abrieron, haciendo que un disco de fuego se viera a lo lejos.
El disco giró, transformándose de la unión de fuego, nubes, agua y rayos a una estrella de gran brillo y majestuosidad.
De pronto, la estrella hizo un sonido, despegando hacia la dirección de Angi, comprimiéndose rápidamente.
Llegando al lugar de Angi e impactando toda la zona cerca de ella.
Todos los cazarrecompensas se apartaron del lugar, puesto que pensaron que alguien le había lanzado un potente ataque para exterminarlos por completo al joven y a la chica, y no querían quedar atrapados en ello.
—¿Ehh?
¿Quién diablos lanzó un ataque combinado tan fuerte?
¿Por qué diablos no avisan?
—dijo Neri.
Todos, viéndose la cara, preguntándose unos a otros quién fue.
Al ver que la escandalización con el brillo estaba regresando al centro de Angi y Lucsus —como si alguien lo estuviera absorbiendo rápidamente—, fijaron su mirada en ellos.
El pavimento seguía intacto, y el joven seguía con múltiples heridas en la espalda sin soltar a la chica.
—¡Haaaa!
Dios, estás siendo un dolor en el trasero, chico —dijo Neri.
—¡Matadlo de una vez!
—gritó enfurecido Bills.
—¡Ataque al máximo!
—gritó el líder de todos los cazarrecompensas, puesto que no dejaban de dar sorpresas.
Seguido de un rollo que sacó Neri, al abrirlo, un arsenal de shuriken de fuego salieron al ataque de un joven que ya no podía ni estar de pie.
—¡Zzziiiiipp!
—¡Woochhh!
—¡Booommm!
Un ataque combinado sin piedad, con todas las técnicas de los elementalistas y los que poseen el arte sangriento, fue lanzado.
De repente, una voz autoritaria sonó, como si se tratase de la autoridad misma encarnada: —¡Arte espiritual: Huracán!
—¡Whoosshh!
Un ataque de viento acabó con todos los ataques e hizo trizas los artes y elementos.
Lucsus cayó hacia atrás, pues ya estaba en su límite.
La chica que estaba en sus brazos lo sujetó para después abrazarlo.
—¡Gracias!
¡En serio estoy muy agradecida!
—Lo colocó en el suelo detrás de ella y se colocó al frente.
La chica de gran belleza estaba sin un rasguño; todos los daños que había sufrido antes ya no eran parte de ella.
No solo estaba sin una herida: algo en ella había cambiado, y todos habían sido testigos de ello.
El miedo inundó sus corazones al ver a la figura, pues lo que más les preocupaba a todos no era la sanación completa repentina y milagrosa, sino que esa mujer no tenía los pies en el suelo.
Estaba flotando sin ayuda de ningún elemento.
El miedo se apoderó del corazón de todos, porque era como decían las leyendas: hay seres capaces de trascender las leyes del universo, seres capaces de alzarse en el otro lado de lo imposible, siendo conocidos entre las épocas como cercanos a las deidades.
No querían admitirlo, no solo porque no querían creerlo, sino porque costaba trabajo entenderlo.
—¡E-e-e…
el primer cielo!
¡El Taikiken no Sora!
—gritaron despavoridos muchos de los presentes.
—¡Ahhhh!
—El miedo en sus gritos estaba presente.
Nunca en la historia se había visto en el país de los exiliados un poder tan grande, y ahora, para su “buena suerte”, habían ganado su ira.
Angi se torció el cuello.
—¡Crack, crack!
Una sonrisa salió de ella, acompañada de una risa cínica y sarcástica: —¡He he he!
¿Ahora quién se atreve a tocar a mi persona especial?
El líder cazarrecompensas entendió rápido la situación, pues sus instintos le decían que esta persona era capaz de masacrarlos a todos en un parpadear.
Así que se inclinó para pedir su perdón, pero antes de que la inclinación de su cabeza tocase el suelo, una presión de aire golpeó su cara.
La onda sónica era pequeña, pero tenía una fuerte presión.
—¡Baammm!
Haciéndolo volar a más de 100 metros, siendo arrastrado por el suelo, golpeando una roca en su camino, la cual se estrelló.
Su armadura quedó hecha polvo, y su sangre se derramó en toda la roca, quedando inconsciente.
—Espero los demás no sean tan tontos como él.
No importa cuánto me supliquen: nadie saldrá ileso después de lo que le hicieron a mi persona especial —dijo Angi, la hermosa belleza de ojos grises que tenía un aura madura y que, en este momento, estaba en el *Taikiken no Sora*: el primer cielo de poder.
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