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El juego del Mesías - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 El País de los exiliados parte 2
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6: El País de los exiliados parte 2 6: El País de los exiliados parte 2 **Sala de entrevistas** Sentada en una silla de madera, con la hoja en su escritorio y el bolígrafo afincado en él, escribía una serie de nombres que Lucsus imaginó tendrían que ser los nombres de los trabajadores.

La entrevistadora llevaba puestos unos lentes, que quizás eran porque no fue bendecida con una buena visión o quizás era la edad que ya iba en declive.

Tenía una figura bastante normal; sin embargo, su voz la hacía ver más atractiva.

Era como el timbre de la sensualidad que, cada vez que hablaba, encendía un deseo sexual en cualquiera, incluso en Lucsus.

—Mucho gusto, mi nombre es Sara —dijo con voz muy sensual, sin apartar su mirada de la hoja de papel.

—El gusto es mío, me llamo Lucsus —respondió Lucsus.

Sara levantó la cabeza muy despacio y lo miró fijamente.

—Escucha, Lucsus, iré directo al asunto: este trabajo no es para personas débiles ni frágiles.

Lucsus se quedó en silencio unos segundos y dijo: —¿De qué podría tratar?

—e hizo un gesto de que ningún trabajo era un reto para él.

Con su lenguaje corporal, empezó a expresar confianza e incluso a irradiarla.

Un gesto de la mano de Lucsus, traducido, sería: *Eso lo he hecho yo desde niño o mi abuelo lo hacía porque era el vago de la familia*.

A tal punto que Lucsus pudo haber dado una señal o ser entendido como alguien presumido o que habla de más, pero en este contexto era favorable, puesto que los trabajos rudos obvio no contratan a ingenieros nucleares, sino a gente activa que ellos entienden como presumidos o que hacen todo y ni el pago piden.

Así es la mente de acá, de estos sitios, llegó Lucsus a esa conclusión, la cual era correcta.

—Está bien, tienes la oportunidad —dijo Sara con dudas en sus palabras y expresiones.

El lenguaje corporal y la egocentricidad al hablar y expresarse la convencieron, pero había algo visible que le planteaba la duda: la contextura extremadamente delgada y la percepción de la inteligencia de Lucsus, que no sabía por qué, pero no parecía para este trabajo, pensó Sara.

Lucsus se dio cuenta de lo que pensaba Sara de él.

—Escucha, Lucsus, somos una empresa que trabaja por encargos.

Dame tu número de teléfono y te envío el trabajo que tienes que ir y cumplir sí o sí, ¿entiendes?

Lucsus asintió con la cabeza y le dio el número.

—Yo divido todos los encargos que me llegan, depende de lo que me convenga a mí y, por supuesto, a la empresa, ¿ok?

Solo no me falles.

—Ok —respondió Lucsus y se retiró.

Un poco antes de que a Lucsus se le ocurriera hacer la cena o convencer al hermano o madre para que la hicieran, le llegó una notificación en el teléfono.

**Sara:** Trabajo: ayuda a los talentos.

Irás con 2 personas más.

Lugar de encuentro: la plaza del gran bosque.

Confirma si aceptas cumplir.

Lucsus no sabía exactamente qué era, pero sí que requería mucho, entonces solo respondió: —Sí, señorita Sara.

— **La plaza del bosque** Lucsus estaba sentado en un muro cuando, de pronto, llegó un sujeto.

—¿Eres Lucsus?

—preguntó.

—Sí —respondió.

—No tienes outfit, ¿no?

—No, no tengo.

—Te prestaré un traje antiguo mío: botas de protección, cota y camisa de manga larga, más un casco —dijo—.

Todo eso que te di está en esta píldora.

Lucsus rio y dijo: —¿Cómo así?

—¿Es una píldora de vestimenta básica?

¿Allá de donde vienes no las hay?

—Claro que no —respondió aún incrédulo.

—Agarra la pastilla y tómala sin agua —dijo el sujeto.

—Por algo será que me la da —dijo Lucsus incrédulo.

—Hará efecto en 2 horas, mientras llegamos al bosque, ya estará listo.

Llegó en una carreta con dos caballos jalando de ella el que sería mi segundo compañero en esta misión.

—Súbanse para llegar rápido —dijo el conductor.

Dmir y yo nos subimos rápidamente, y el que manejaba se presentó: —Me llamo Join.

Este trío se encontraba en el bosque, con bestias alrededor de ellos.

Ninguna atacaba, pero sí los acechaban.

—¿Qué es esto?

¿Por qué estamos haciendo algo tan peligroso?

—preguntó Lucsus.

Dmir y Join ciertamente dijeron: —Este es el trabajo.

Hay que frenar las oleadas de monstruos en el bosque para que los talentos de la grieta de la ambición no mueran o se reduzca la probabilidad.

—¿Sabes pelear, no, Lucsus?

—preguntó Dmir.

—No sé, pero aprendo rápido —dijo Lucsus.

—Entonces prepárate, porque allí viene una bestia feroz —dijo Dmir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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