Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El juego del Mesías - Capítulo 62

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El juego del Mesías
  4. Capítulo 62 - 62 Rafael
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

62: Rafael 62: Rafael Lucsus entraba a la habitación muy despacio, a diferencia de Angi, quien se mostraba bastante indiferente al cuarto.

Lo primero que ve el joven al entrar es a la niña amarrada en la esquina del adorno de la cama, tan junta que no tenía más remedio que sentarse en el suelo.

Su ropa estaba desgastada y su cabello negro cubría sus ojos.

—Hey, niña, Lucsus está aquí, así que salúdalo como corresponde —dijo Angi.

La niña pareció escuchar algo que le llamó la atención; no obstante, no miró directamente a la cara de nadie.

Angi lanzó un viento leve con el abanico, y este hizo que el cabello de su sobrina se fuera hacia atrás, dejando al descubierto sus ojos morados, que se veían claramente, como si se tratase de un ser indiferente.

—Nunca hemos tenido la mejor relación tía-sobrina, pero mínimo me debes respeto, y más que nadie a Lucsus, quien pidió por ti.

Si no, ya estarías muerta por nuestras antiguas costumbres —dijo Angi, y añadió—: Su nombre es Violeta.

Lucsus camina hacia la niña y se inclina.

—Un gusto conocerte, Violeta.

La niña quitó la cara, haciendo un claro gesto de rechazo.

—Niña malcriada —dijo Angi, luego se disculpó con Lucsus por su sobrina—.

No te preocupes, solo hay que darle tiempo.

—Por ahora, ¿qué te parece si la desatas?

—¿Qué?

—dijo Angi, incrédula de lo que había escuchado.

Lucsus señaló las manos de Violeta, que estaban rojas y en parte moradas por lo fuerte que era el amarre.

—Parece que te dieron una paliza más grande de lo que pensé —dijo Angi, riéndose—.

¿Acaso no recuerdas cuando te hablé de sus pecados?

—Mmm…

—Sí, creo que me acuerdo.

Aún así, insisto.

—Haaaa, ya no sé hasta qué punto te entiendo —dijo Angi.

Luego la desata, y apenas lo hace, Violeta se toca las manos, tratando de aliviar el dolor en ellas.

Lucsus se da cuenta, así que la ayuda a levantarse, agarrándola en sus brazos y acostándola en la cama.

Tanto Violeta como Angi se sorprenden al ver a Lucsus hacer ese gesto; no obstante, Angi sonríe, mientras que Violeta aún queda incrédula y, segundos antes de que la suelte, exige que la bajen.

Angi estaba comenzando a perder la paciencia con Violeta.

—¡Eres una malagradecida, niña malcriada!

—le gritaba.

A lo que Lucsus se ríe.

—Tranquila.

Por cierto, déjame intentar algo.

Lucsus toma la mano roja de Violeta y cierra los ojos.

Los 8 pecados giran alrededor de su universo espiritual, y Kana’a aparece allí.

—Lo siento, amo, pero como te dije, tienes que evolucionar genio emocional.

—¿Las fuerzas no obedecen según las emociones?

—Sí, pero para ser exactos, a los que puedan codificar un sentir muy poderoso.

—¿Quieres decir que pueden llegar a responder a otros sentires aparte de mis 8 pecados?

—Así es —respondió la hermosa Kana’a, con una mirada de preocupación—.

Y como te dije, actualmente no sientes las emociones, y estas se desbordan por la misma razón.

—¿Y qué pasa si uno los 8 pecados que tengo en una misma voluntad?

Kana’a entiende lo que quiere decir.

—Si se refiere a utilizar la fuerza débil para curar la mano de la niña, bastará solo con que una las 4 más fuertes de ellas.

Lucsus se concentra y fusiona la lujuria, con ambición, tristeza y orgullo.

En el exterior, Angi vio cómo eran sanadas las manos de Violeta, y esta quedó en shock.

—¿Qué es esa luz ultravioleta?

Al mirar detenidamente, se dio cuenta de que las heridas de las manos de Violeta desaparecieron.

—¿Qué ocurrió?

—preguntó asombrada Angi.

Lucsus abrió los ojos y no respondió al instante; solo revisó la mano de Violeta, dándose cuenta del éxito.

Angi no fue la única; incluso Violeta habla.

—Ya no me duele nada.

No está rojo ni morado.

¿Qué ocurrió?

Angi volvió a preguntar.

—Lucsus, ¿qué demonios fue eso?

Lucsus volteó y al instante notó que él nunca le había dado su nombre, así que supuso que fue Shinyi quien se lo dio.

Angi continuó.

—Aquí los láseres de curación vienen impregnados con tecnología del semirreino experimental, y solo son para tejidos de piel, como un miembro que se haya perdido recientemente, ya sea un brazo o piernas, algo que no sea fatal, y va saliendo mientras el organismo comienza a crear sus propios tejidos.

Por eso son muy caros.

Pero el arreglar heridas como la de Violeta se necesita un arte de sanación básica, por lo menos.

—Y eso que usaste no es un arte de sanación, y tampoco veo que utilizas energía de artefactos.

—Ahhh…

Lucsus se sorprendió.

Él ya sabía del láser; por eso no dudó en quitarle un brazo a su oponente en el mercado negro.

Pero no sabía que era tan caro.

Y en Jerusalén había uno parecido, pero no hacía algo tan increíble como eso.

Solo tejía heridas menores.

—Esto…

¿cómo explicártelo?

Se le llama fuerza débil.

—¿Qué?

¿Qué significa eso?

¿Es una técnica débil, dices?

—No, no es débil.

Solo que tiene ese nombre por su alcance.

Consiste en que puedo cambiar las formas de las partículas fundamentales hacia otras.

—¿Qué?

Angi, como gran cultivadora y disciplinada, sabía de lo que le hablaba de ciencia.

—Lucsus, no sé de dónde vengas, pero aquí esa fuerza se le llama Rafael, y la posee el portador de la voluntad del arcángel.

Aún no ha hecho su aparición, pero se presume que el archimago aparecerá en la siguiente década.

¿Acaso tú eres el archimago?

Lucsus quedó sorprendido; no sabía qué decir.

Kana’a, por otro lado, dijo: —No, amo, tú no eres ese archimago.

Justo por eso que le dijo Kana’a, respondió con confianza: —No, no lo soy, pero sí puedo usar algo similar.

Angi se emociona.

—¿Entonces aprendiste eso por tu cuenta?

Es increíble.

Se dice que puedes cambiar una carga con mucha energía a una sin casi energía.

En otras palabras, cambias el estado de ciertas partículas.

Lucsus se impresionó por lo que Angi le decía, y como Kana’a asentía a todo lo que ella decía, solo escuchaba y aprendía de Angi.

Él solo sabía las bases y que podía curar de alguna manera.

En cuanto a Angi, le dijo: —Es posible curar heridas porque las venas profundas estan hechas de esas mismas partículas que puedes modificar.

Y en este mundo, casi todos tienen venas profundas activas,.

Eso sin decir que si tus venas profundas están sanas tu organismo también ya que Rafael tiene toda la autoridad tanto en eso como en cualquier otro organismo vivo.

A lo que Lucsus se sorprendió y entendió por qué su proceso de curación era diferente al del resto, y entendió por qué pudo curar las venas profundas de Angi.

Y Angi saltó a abrazarlo, porque ahora sabía claramente que fue él quien curó sus venas permanentemente a menos que se lesione.

Angi no soltaba a Lucsus, y este le devolvió el abrazo.

Mientras la abrazaba, había alguien que también quería agradecerle, pero no tuvo el valor para hacerlo.

Así es, Violeta desistió por miedo escénico, aunque la audiencia era solo un par.

Kana’a, furiosa, con fuego en su mirada, atacaba a Angi, pero la atravesaba como si fuese un fantasma.

Lucsus lo notó, así que separó a Angi.

Kana’a, ya un poco más tranquila, se arregló el cabello, no perdiendo su elegancia y sensualidad, con una voz muy seductora, dijo: —Si estás preguntando por tu proceso de sanación sin tener venas profundas, se debía a la absorción de las 4 partículas que absorbiste, y eso servía como lago de energía para transformar esa energía, simulando que son venas.

No obstante, como no lo es, solo hacía un proceso de entropía inverso, en donde hay un cambio de partículas entre tú y la naturaleza.

Por eso se hacía ese proceso de fisión, en donde tus heridas, sacadas de tu organismo, se reunían en un punto de separación contigo y después solo desaparecían, uniéndose con la naturaleza.

O, en tu caso, que solo la eliminabas con la fuerza electromagnética.

Parece que Lucsus estaba ganando conocimientos que le servirían de mucho, pero ahora no podía utilizar las 4 fuerzas como antes , por lo que era ahora más débil aunque su cuerpo más fuerte.

—Ya se va haciendo la hora.

Vamos a arreglarnos.

Partiremos en breves al reino Esquizo.

—Así es —dijo Lucsus, y añadió—: Por favor, arréglala a ella también.

No podemos llevarla en malas condiciones.

—Mmm…

—En serio, eres impredecible —dijo Angi, mientras asentía con la cabeza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo