El juego del Mesías - Capítulo 65
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65: Que te pasa?
65: Que te pasa?
Mi tierra natal va en declive.
Como ya había dicho antes, me encuentro camino a un país llamado… ¿Eh?
¿Cómo se llamaba?
¿Qué está pasando otra vez?
Me duele mucho la cabeza.
¿Qué es esta sensación?
Siento todo muy fuerte.
¿Qué es esto?
Algo en mi pecho… siento que sangra.
Aún peor, siento que puedo oler la sangre que se derrama.
—Hey, ********, ¿qué te pasa?
¿Todo está bien?
—pregunta mi hermano.
—Sí, más o menos.
Es solo que no recuerdo adónde es que vamos.
De pronto, mi hermano me responde la pregunta, pero no escucho.
—¿Qué?
¿Puedes decírmelo otra vez?
Lo vuelve a decir, y en efecto, no escucho lo que dice.
Las palabras… mis oídos no las quieren captar por alguna razón.
Así que solo miro por la ventana del bus.
No tengo ni hambre ni frío, pero siento que todo está mal.
Abandoné mi país por una mejora de vida.
—¿Ehhh?
¿Cómo se llama mi país?
¿Qué está pasando?
¿Por qué no recuerdo mi país de origen?
Me volteo nuevamente y le digo a mi hermano: —Oye, Lesus, dime, ¿recuerdas el nombre de nuestro país de origen?
—¿Cómo así?
Ni que me llamaras ********.
Instintivamente, me río un poco e insisto: —¿Cómo era?
—Pues es *********.
¿Qué está pasando?
No puedo entender lo que dice.
Es como si me hablara en otra lengua, y no en arameo ni hebreo, tampoco en griego.
Ni siquiera puedo entender una palabra como lo haría si fuera latín.
—¿Qué idioma es ese?
Parece derivado del latín, pero no entiendo nada.
Otra vez miro por la ventana.
¿Qué está pasando?
—¡Ahhhhh!
Grito fuertemente mientras, de tanto dolor en mi cabeza y corazón, me retuerzo.
—¿Qué te pasa?
—dice Lesus, sin mucha empatía, más bien con enojo por estar gritando.
Comienzo a llorar de dolor, pero apenas salen las lágrimas, me las seco.
—Nada, solo estoy loco —digo, porque justo me acordé de la frase que me dijo una persona cuando lloré por última vez así de dolor.
Lesus, preocupado pero sin entender lo que me pasaba, solo guarda silencio.
Luego, yo le expresé una de las raíces del problema que podrían ser.
No obstante, aunque estaban basadas en traumas, eso no respondía a mi reacción repentina de hace un rato.
—Tenemos que buscar ayuda apenas lleguemos al país de los exiliados.
—¿País de los exiliados?
—Quedo en shock y me pregunto a mí mismo: ¿Es verdad?
Ahí está mi otra familia.
Al llegar al país de los exiliados Después de llegar a vivir con mi familia, Lo primero que me pregunto es sobre el trabajo.
Aunque ya había visto varios trabajos extraños, algo no me cuadra.
Para empezar, ¿qué hago yo aquí?
¿Por qué no estoy en Jerusalén?
—Ah, es verdad, vine con mi hermano.
Subo a la habitación donde nos estamos quedando, y me pregunta: —¿Cómo te fue?
¿Te dieron el trabajo?
—Sí, me lo dieron —afirmo.
—Ah, qué bueno.
Al ver bien, noto que solo hay un cuarto pequeño y pregunto: —¿El cuarto no era más espacioso, Lesus?
—¿Más espacioso?
¿Qué más quieres?
Solo somos los dos.
—¿Ahhh?
¿Sí?
—¿Cómo así?
¿Hay alguien más aquí en este cuarto con nosotros?
—dice mi hermano de manera muy graciosa, haciendo gestos recurrentes.
Después de reírme, solo digo: —No sé, me sonaba a que había más gente.
¿Y mi madre y padre?
—pregunto.
—¿Qué?
—responde Lesus muy extrañado, como si le hubiera preguntado algo súper loco.
Luego, siento que una negrura va cubriendo todo mi campo de visión, y él me dice: —Padres… no sé.
Nunca me había preguntado eso —responde Lesus.
Al día siguiente, salgo de la habitación y estoy en una habitación solo con una cama.
Pienso: —Siento que se me olvidó algo.
Pero luego me respondo a mí mismo: —No, yo estoy solo.
Siempre ha sido así.
No hay nadie aquí conmigo.
Pero, ¿por qué me suena el nombre Lesus?
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