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El juego del Mesías - Capítulo 69

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69: El examen 2 69: El examen 2 ** En el bosque de la academia one** Aquellos ojos rojos me recordaron aquella leyenda que decía que los portadores de los ojos rojos, la Secta Eyes, están destinados al caos, a destruir y ser destruidos.

Aquella Secta acabó con varios reinos y un sin número de países, semirreinos, al igual que clanes.

Su poder era tan descomunal que toda la alianza del continente decidió unirse para matar desprevenido a su líder y secuestrar a sus hijos y esposas, para así poder obtener la cabeza de los más fuertes.

Con el pacto de que no matarían a sus hijos o esposas, este tratado no sería respetado, y la caza de Eyes comenzó.

Dicen que aún quedan rastros de su descendencia; no obstante, estos se mantienen ocultos o no despiertan los ojos rojos nunca, porque se perdió la genética a través del tiempo.

Pero en estos momentos, mi compañero de clase, Lucifer, muestra esa anomalía.

Las otras personas que temen por su arte de rayo presente no parecen saber sobre la raza Eyes.

Claro, ¿cómo saberlo si es información que solo manejan personas de alto rango?

Pero gracias a los contactos de mi padre, yo pude entrar en muchas ocasiones en la Biblioteca Santa del Reino Esquizo, en la capital.

Lucifer, de un salto, llega colocándose enfrente de mí, muy cerca de los sujetos que iban en contra mía.

Al parecer, la pelea es inevitable.

—Arte de fuego: Llamas de la Serpiente de Fuego —grita uno de los sujetos.

Lanza dos ráfagas de fuego muy poderosas; no obstante, estas se destruyen a un nivel microscópico al Lucifer extender su mano.

Fue como si un rayo hubiera desintegrado las llamas.

El sujeto de las llamas se asustó y cayó sentado.

Él era uno de mis compañeros de equipo.

Otro sujeto de los del otro equipo dijo: —Eres un inútil.

Cualquiera podría parar tus llamas tan débiles.

Yo me encargaré.

—Arte de tierra: Terremoto del Sepulcro —grita.

El suelo comienza a temblar, y el piso se comienza a agrietar.

La tierra en donde Lucifer está se divide, y un gran agujero se abre debajo de sus pies.

Antes de caer, él salta, pero salen manos de tierra grandes y lo sujetan, para así arrastrarlo hacia adentro.

Las manos son cinco que agarran a Lucifer, y al meterlo abajo, el piso se cierra poco a poco.

—¡Nooo!

—gritó desesperadamente Lucifer, quien había estado peleando valientemente y estaba a punto de ser derrotado.

Los sujetos se reían, como se esperaba.

—Tera Yung es muy poderoso.

Por algo es de una de las familias más fuertes de esta región, además de ser el que se convertirá en paladín.

Tera Yung coloca su cara de sobreestimación hacia sí mismo y, de manera muy arrogante, dice: —Es solo una hormiga comparado conmigo.

—¡Boom!

La tierra se parte en migajas, y sale disparado Lucifer con un aura azul mezclada con roja.

Sus ojos rojos miraban a Tera Yung como su objetivo.

Este abrió la palma de su mano, y de allí salió un rayo que electrocutó a Tera Yung sin piedad, hasta que este quedó cubierto de sangre y sus ropas quemadas.

Los demás sujetos se asustaron, pero reunieron el valor que les quedaba y dijeron: —¡Todos a por él!

Se abalanzaron todos, incluso los que hasta hace un momento estaban en el suelo, heridos por mi manifestación de lobos.

Lucifer esquivaba cada ataque con suma facilidad.

Era como si él viera todo en cámara lenta.

—¡Bam!

—le proporcionó a uno un golpe en la boca del estómago, el cual hizo que saliva saliera de su boca y quedase privado.

Después de ese movimiento, pude observar que sangre salía de la comisura de Lucifer por la boca.

—¿Qué está pasando?

—me pregunté.

Si fue él quien golpeó y no había sido tocado hasta el momento, y fue cuando se me ocurrió: —Claro, al igual que yo, está utilizando un arte mental.

Mi arte de luz es mental en gran medida.

De repente, agarra un hacha del suelo y salta hacia arriba.

Algo, una energía, se reunió en el hacha que llevaba en su espalda, como si se tratase de un desastre natural.

Pude percibirlo.

—¿Qué es esta fuerza que siento?

¿Y esas energías azul y roja que se reúnen en el hacha?

—Ahora, el fin —dice Lucifer.

Y al solo mover su hacha hacia adelante, como si cortara el aire, envió una ráfaga de energía que hizo volar tanto la tierra como los árboles, y a los sujetos los envió por los aires, atravesando los árboles, y arrastrándolos muy por allá.

Después descendió y, como si hubiera sabido desde un principio, al único sujeto que no mandó a volar, el que tenía el arte de tierra que causó un terremoto, le sacó la reliquia de entre sus pertenencias y me dijo: —Ven conmigo.

La prueba ya acabó.

Con estas, son 3 reliquias en mi poder.

—¿Qué suerte tengo, no?

—pensé.

Pues no era así.

Acabé de comprender que esta era la segunda vez que me apoyaba en esto.

Le debo mucho a Lucifer.

Algo pasó de repente.

Sus ojos ya no eran rojos, sino marrón oscuro.

Ya mi mente estaba muy confundida.

Lo habré imaginado.

Por lo cual le pregunté: —¿Por qué tus ojos se tornan en ese color?

Él me ve muy seriamente, casi inexpresivo.

Pensé que me respondería algo como “no es tu problema”, pero para mi sorpresa, me dijo: —Es una habilidad.

También los puedo tornar azul.

Mira.

Su aura roja se tornó meramente azul, y los ojos también.

—¿Ves?

—Qué extraño eres —dije antes de desmayarme.

Minutos más tarde, desperté y yo estaba en sus brazos.

Me dio mucha vergüenza, pero no dije nada.

Solo cerré mis ojos, y él siguió su camino en esta oscura noche.

Cada paso que daba lo hacía con seguridad.

En breves minutos, una luz resplandecía, y al verla fijamente, me di cuenta que es el punto de partida de todos.

—¿Ya despertaste?

—me dijo Lucifer.

—Sí, ya estoy bien —le dije.

Después, él me pregunta: —¿Puedes caminar?

Y no me quedó más que decirle que sí, aunque estaba muy cómoda.

Me bajé de sus brazos; no iba a seguir abusando.

Luego le pregunté: —¿Allí está el profesor Yin Wue?

Al presentarte con las 4 reliquias, seguro te da un premio extra.

—¿4 reliquias?

—me dice algo perdido—.

Tienes razón.

Busca en su bolsa.

Y me da la corona.

—Aquí tienes.

Lo que es tuyo, tú te lo ganaste.

Luchaste muy bien con esos tipos.

No sé si era por lo ya vivido o por el gesto de valorar mi esfuerzo de parte de Lucifer, pero las lágrimas no pude contener y lloré como una niña pequeña.

Lucifer se alarmó, y Yin Wue escuchó el grito.

Al llegar, Lucifer le explicó que ya había reunido las 3 reliquias y yo una.

Yin Wue nos felicitó y dijo: —Muy bien.

El ganador es Lucifer.

Eres muy fuerte —le dice el profesor a él.

Y a mí me dice: —Lo mismo.

Pudiste proteger tu corona.

Pero, ¿dónde están sus equipos?

—A ella la traicionaron, y mi equipo se rindió y entregó la reliquia.

Luego yo, al llegar, la volví a recuperar.

—Qué mala suerte tuvieron.

Menos mal que son fuertes.

Intenté decirle que todo era gracias a Lucifer, pero este no me dejó.

Solo expresó palabras de admiración hacia mí.

Al rato, seleccionaron a los que pasaron la prueba, y fueron solamente 9 personas.

Y aún faltaba la última prueba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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