El juego del Mesías - Capítulo 75
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75: El Limbo de Dante 75: El Limbo de Dante **Cárcel Dante, piso el Limbo** Lucifer fue juzgado en un juicio en donde se encontró que no había intentado cometer homicidio, por lo que su condena fue mucho menor.
La causa de su encierro fue por manchar el honor y la reputación de la gran familia Jue, el cual explicó al jurado que no era inocente de causarle daños críticos con su espada.
Hubo un usuario de arte de rastreo que concluyó que el corte de Jin Jue fue generado por la espalda de Lucifer.
Fue condenado a la prisión “El Limbo” de Dante, que es la cárcel de menor nivel de los nueve pisos que existen en la cárcel.
Allí van solo los que cometieron pecados menores o fueron encontrados culpables de alguna manera.
También estaban los extranjeros que habían entrado sin la documentación necesaria.
El juez dictó una sentencia de seis meses y la redención de dos meses de servicio comunitario a la familia Jue.
**En los pasillos de la prisión “El Limbo”** Lucifer era llevado esposado con grilletes de acero, además de ser escoltado por dos guardias altos y de complexión fuerte.
Uno de los sujetos abre una reja muy grande y dice: —Acá está la celda.
Al ver, Lucifer encontró un lugar muy espacioso con una gran cantidad de personas.
—¿Qué es esto?
—preguntó Lucifer con gran impresión.
—En este piso nadie tiene celda.
En el Limbo, todos comparten la misma celda —respondió uno de los guardias.
El otro guardia señaló varios lugares cerrados y añadió: —Esos son los baños.
La comida es traída a diario por nosotros, y ustedes mismos la reparten.
Lucifer fue empujado hacia adentro después de retirarle las esposas.
Luego, el guardia cerró la celda y se retiraron.
Todos estaban sentados en las esquinas; otros estaban tendidos en el suelo.
Al igual que muchos, no estaban muy limpios.
Había un olor peculiar que no era a suciedad, pero tampoco a limpio, sino más bien un término medio.
Muchas de las personas miraban a Lucifer, observaron su rostro calmado y se sintieron incómodos.
Lucifer era un joven de 18 años, con el cabello corto de medio lado, ojos marrones oscuros y una vestimenta casual: un conjunto negro.
En este piso, todos llevaban conjuntos iguales al suyo, pero de diferentes colores.
Lucifer notó que había tanto hombres como mujeres, todos en una misma celda.
Era un espacio bastante oscuro, y no parecía que los guardias se pasearan mucho por allí.
En otras palabras, esto parecía una jungla, y él era una nueva presa.
Rápidamente, un sujeto se le acercó.
Era un hombre flaco, de pelo amarillo y dientes incompletos, con un conjunto gris.
Este se reía mientras se acercaba, como si fuese la risa burlona de una hiena.
—Hola, mucho gusto.
Mi nombre es Tera, y soy el sublíder del Limbo.
Somos la banda que controla este piso de la cárcel.
Luego extendió su mano, la cual fue correspondida por Lucifer.
Todo parecía estar bien hasta que Tera dejó de sonreír y rayos salieron de su mano, electrocutando al joven que la sostenía.
Fue una carga bastante eléctrica, lo que expulsó a Lucifer hacia las rejas.
El joven levantó su mirada, encontrándose con una cara muy expresiva y burlona.
—No puedo creer que sigas consciente.
Eres muy resistente —dijo Tera, aplaudiendo—.
Eh, chico, aquí mandamos nosotros, y si decimos que hagas algo, lo harás inmediatamente.
¿Entendiste?
Lucifer lo miró con una mirada indiferente, lo cual disgustó al sublíder Tera.
—¿Sabes qué?
Mi camisa ya está vieja.
Dame tu camisa.
—¿Qué?
—respondió Lucifer.
—¿Cómo?
¿O acaso quieres que te la quite por la fuerza?
Escoge bien tus palabras.
Luego, varios sujetos se reunieron detrás de él, y Tera extendió ambas manos.
—Toda esta gente, y más, irán contra ti.
Eso sin decir que, si te resistes, sufrirás más.
Así que, ¿qué eliges?
Lucifer se levantó lentamente, miró directamente a los ojos de Tera y recorrió con la mirada a todas esas personas.
Los demás alrededor miraban para otro lado.
*”Parece que lo que dice es verdad.
Sin embargo, no se sabe quién es el líder”*, pensó Lucifer.
Se quitó la camisa mientras se acercaba a Tera y se la dio en las manos.
Lucifer había desarrollado musculatura, por lo que no era flaco.
Ahora contaba con un gran pecho y brazos bien definidos.
—Buen chico —dijo el sublíder.
—Otra cosa: nos debes dar la mitad de tu comida.
Solo puedes utilizar el baño dentro de las horas que te asignamos, y no podrás dormir cerca de nosotros.
Además de eso, toma mi camisa.
Si los guardias te preguntan, tú decidiste donarla.
¿Quedó claro?
—Está bien —dijo Lucifer sin emoción en su rostro.
**Dos horas después…** Lucifer estaba en una esquina de la prisión, sentado, tratando de fortalecer su mente, concentrando su aura en él.
Pero algo no lo dejaba: hacia donde mirara, había una mujer y un hombre teniendo relaciones sexuales frente a todos.
Había quienes gemían como si las estuvieran golpeando, así que no pudo concentrarse mucho.
Al abrir los ojos, vio que una mujer se acercaba lentamente hacia él.
Aparentemente tenía unos 25 años, con pelo rojo y mirada desafiante.
—Mi nombre es Carmesí.
¿Quieres un poco de acción?
—dijo la chica, que hasta hace un momento estaba durmiendo.
Lucifer la miró detenidamente, de arriba abajo.
Era delgada, con pocos senos pero buenas piernas, y llevaba una falda, a diferencia de la mayoría, que llevaba un conjunto.
—Aquí tengo dos condones —dijo la chica, muy seductoramente.
—¿Y exactamente qué pides a cambio?
Carmesí sonrió.
—Los guardias a los nuevos les dan una bolsa de condones de 20.
Solo quiero que me des la mitad de ellos.
Lucifer entrecerró los ojos.
—¿Puedo preguntar por qué quieres tantos condones?
—¿Mmm?
¿Es necesario que te lo explique?
—Sí, lo es —dijo el joven.
—Haaaaa.
Bueno, ya que…
—La chica se acercó y se sentó a su lado—.
Aún eres nuevo, pero lo que no sabes es que a las mujeres nuevas, la banda que lidera aquí —que ya sabes cuál— nos “protege” de ser violadas a cambio de que semanalmente nos acostemos con uno de ellos.
Aquí hay un total de más o menos 500 presos en este piso, y solo 30 son de la banda que lidera.
Aunque son pocos, son los más fuertes, así que nadie tiene oportunidad contra ellos.
Lucifer entendió lo que estaba pasando, pero aún así mencionó: —Entiendo que quieres los condones para no quedar embarazada, ¿no?
Pero, ¿por qué nadie más se me ha acercado?
Solo tú.
Carmesí sonrió sutilmente, sin poder ocultar la sorpresa en su rostro.
—Eres muy perspicaz.
Está bien, lo admito: nadie se acerca a ti además de mí porque aún no te han dicho, pero apenas te los den, la banda te los quitará todos.
—¿Qué?
—Si es así, entonces, ¿por qué…?
—Es sencillo.
No te los quitan así sin más.
Tienes derecho a pelear por ellos.
Si ganas dos de tres peleas, te los regresan.
Pero si ganas un combate o reconocen tu habilidad, te dejan 10 de esos.
Lucifer rio, lo cual causó confusión en carmesi.
—Tienes muy bonita sonrisa —le dijo ella.
—Ajá, sí, ya me lo han dicho.
—¿Y por qué ríes tan alegremente?
—preguntó.
—Es porque todo este tema por simples preservativos…
—Parece que no eres un hombre de placeres.
—Bueno, aquí tampoco lo son.
Contrario a lo que parece, porque aquí las personas solo pueden tener relaciones una vez a la semana.
Al principio los ves con vergüenza, luego la pierden, y hay algunos que les excita.
La chica llevó sus dedos a la pierna de Lucifer.
—Además, con un joven como tú, estoy saliendo ganadora también, ¿no crees?
—Eres muy audaz para seducir.
No obstante, ¿por qué confías en mi habilidad de pelea?
—Hmm…
—carmesi se acomodó el cabello detrás de la oreja—.
Fácil: no quedaste inconsciente con la “bienvenida” de Tera.
Además, sé que hace un momento estabas canalizando tu aura, y me pareció una densidad muy fuerte.
—Entonces, ¿qué dices?
¿Me vas a hacer tuya ahora mismo?
O, si te avergüenza, podemos hacerlo dentro de uno de los baños.
¿Qué posición es tu favorita?
Lucifer sonrió.
—No te preocupes.
Si los gano, te los daré.
—¿Qué?
No entiendo —expresó carmesí.
—Que si los gano, te daré la mitad, a cambio de que me colabores, pero no con sexo, sino con información.
—¡Eh!
—Así es.
Necesito información para sobrevivir aquí.
—Me tomaste por sorpresa.
Sin embargo, si eso te sirve, te ayudaré en todo lo que pueda.
¿Qué deseas saber?
Lucifer vio a un chico apartado en una esquina y preguntó: —¿Quién es él?
La chica respiró hondo.
—¿De todas las personas, te vas a interesar por alguien así?
—Su nombre es Niel, y lleva aquí cuatro meses.
—¿Sabes por qué está aquí?
—Porque no tiene documentos.
No obstante, no habla con nadie, y le quitan todo siempre.
Por eso luce prendas sucias.
La banda le quita la mitad de la comida, y él regala el resto casi completo.
Nadie lo conoce prácticamente, pero es popular entre las mujeres porque le quitan todo.
Aunque, al igual que tú, no se desmayó con la “bienvenida”.
No me inspiró seguridad, y la chica que apostó por él fue rechazada, diciendo que no iba a pelear.
—¿Y conmigo sabes que voy a pelear, entonces?
—Tú estás aquí por “trapear el piso con el honor de la familia Jue”.
¿Cómo no apostar por ti?
Por suerte, la banda de aquí tardará mínimo dos semanas más en averiguar eso.
Además, tú no has levantado sospechas.
Eres la pieza correcta.
A mí me quedan aquí solo cuatro meses, no tengo casi preservativos, y salir embarazada de esos tipos es lo último que quiero.
Así que te estaría eternamente agradecida si los ganas por mí.
—No te preocupes.
Ganaré eso por ti.
Pero necesito toda la información que tengas de la banda que lidera.
Y espérame aquí, que iré a hablar con ese chico.
—Hmm…
No había visto, pero es idéntico a ti, ¿no crees?
—dijo carmesi, muy intrigada.
—¿Cómo así?
—Tiene tu misma apariencia física.
—¿Tú crees?
—Déjame te acompaño para verlo más de cerca.
Lucifer se acercó, acompañado por carmesí al joven de apariencia parecida a la suya.
Al verlo más de cerca, efectivamente, era como dos gotas de agua.
La única diferencia era el color: este tenía un tono más oscuro, el cabello no lo tenía de lado pero si largo azul oscuro, y los ojos no eran marrones, sino negros.
A Lucifer no le pareció tan parecido, pero sí a carmesí y a Kana’a, quien no solo se impresionó, sino que abrió mucho la boca.
—¡Wow!
Se parece muchísimo a ti.
Lucifer envió un mensaje por conexión a Kana’a: *”Parece la persona de mis recuerdos, aquella que yacía en la computadora cuando la guerra llegó a mí en el país de los exiliados.”* Al estar cerca del sujeto, que también era bastante joven, este se asustó.
—Hola, mi nombre es Lucifer se acercó con cautela, observando cómo Niel se encogía contra la pared.
—Me gustaría saber más de ti.
Me informaron que te llamas Niel.
Niel, quien desconfiaba de todo el mundo, dudó.
Con los brazos cubiertos y aún sentado, parecía estar asustado.
No fue sino hasta que Lucifer se sentó a su lado que bajó un poco la guardia y aceptó el apretón de mano.
—Un gusto conocerte, Lucifer —murmuró, con una voz más áspera de lo esperado.
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