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El juego del Mesías - Capítulo 76

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  4. Capítulo 76 - 76 Juegos mentales
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76: Juegos mentales 76: Juegos mentales **En una cárcel en donde personas que habían cometido pecados leves convivían como si fueran ovejas guiadas por un león.

Quienes eran la gran banda de las Llenas.** No había realmente un líder, no observable, ya que Tera, el suyo, siempre estaba dando órdenes.

Se decía que el líder estaba entre ellos o tal vez era de otro piso.

Eso mantenía a todos alerta.

Mientras tanto, Lucifer hablaba con Niel: —Eh, amigo, ¿por qué estás aquí?

¿Cuáles fueron tus pecados?

Niel, un poco intranquilo, duda en responder, pero al ver los ojos de Lucifer, siente un profundo dolor, el cual reflejaban los ojos de este curioso joven que parecía tener su edad o similar.

—Indocumentado —dice con mucho nerviosismo, un poco asustado, como si tuviese miedo de que alguien más lo escuchase.

—¡Mmm!

Son pecados más que leves.

—Realmente no —interrumpe Niel—, son solo personas que cometen pecados leves o personas nobles que viven el día a día sin ser realmente homicidas, sin más que pecados debatibles.

La mujer de pelo rojo también tenía algo que aportar a la conversación, por lo que no dudó en expresar su opinión: —¿Te parece justo que a las mujeres las puedan violar?

¿O que tengamos que prostituirnos una vez a la semana a la banda de las Llenas por el simple hecho de ser personas indocumentadas?

O incluso inculpadas…

Bueno, no solo hay injusticias en mujeres, también en hombres.

Niel, muy tranquilo y un poco más seguro de lo que decía, dijo palabras no esperadas por la mujer de cabello rojo: —¿Acaso, desde que llegaste, has visto a alguna mujer siendo violada?

Eso dejó a la mujer en shock.

Luego apretó sus dientes con fuerza y dijo muy fuerte: —¡Claro!

Nadie es tan tonto como para no hacerlo.

En el acto, notó que elevó mucho la voz, así que puso sus manos en la boca.

—Lo siento —dijo la mujer.

Sus ojos nuevamente denotaban frialdad, como si nada lo perturbara.

—¿Has oído de alguna mujer que se queje de esa situación, no, verdad?

Solo preocupadas de no quedar embarazada, porque puros gritos de placer son escuchados.

No he visto a la primera que le duela o se arrepienta.

¿Acaso eso no las hace iguales?

La serenidad de Niel y lo frío de sus palabras resonaron en Lucifer y Kana’a.

—Amo, este sujeto posee una habilidad innata del Reino de los Cielos.

Puedo sentirlo y verlo con mi habilidad, *Ayes*.

Lucifer entendió en ese momento que sus instintos no fallaban.

Ese sujeto no era alguien normal.

—¿Y cuál es esa habilidad?

—Mi habilidad, *Ojos de Semyazza*.

Veo que su alma es errante, como la tuya.

Puede que tenga la voluntad de uno de los ocho arcángeles supremos de Dios.

Lucifer preguntó: —¿Quién es Semyazza?

—No recuerdo.

Creo que fue una figura de las principales que se rebeló contra Dios.

Pero el caso es que yo heredé sus ojos y puedo ver a través del alma el nombre de cada uno, como antes te dije.

—Ah, es verdad —respondió Lucifer, satisfecho con la respuesta.

La mujer de pelo rojo dijo: —Mi nombre es Carmesí, como el color.

—Y bueno, tampoco es que no cedamos al placer, lo admito.

Hacía calor, y justo otra pareja se encontraba teniendo sexo al descubierto.

La tenía contra la pared, dándole fuertemente, presionando sus senos contra el muro.

La mujer sudaba y gemía de placer.

Carmesí se sonrojó, porque hacía unos días ella estaba en esa misma posición y pudo notar la mirada fría de Niel.

—Bueno, sí sentí placer, pero no porque él me excitara, sino que…

no sé, algo en mí se encendió.

Kana’a entrecierra los ojos y aparece en la visión de Lucifer: —Amo, creo que en esta cárcel hay una barrera que no permite que nadie sufra, sino por voluntad propia.

Puedo verla.

—¿Qué significa eso?

—Significa que no hay peligros, que violen a una mujer o que mueras en una pelea, a menos que la destruyas.

Lucifer acababa de entender toda la situación.

Frunció el ceño y murmuró: —¿Quieres decir que quizás las Llenas jueguen con la psicología de las personas?

—Eso es correcto —dice la sensual “media zorra” que esbozaba gran fertilidad y se pegaba al lado de Lucifer—.

¿Qué te parece si vamos al baño?

Creo que este ambiente me está prendiendo.

—Lucifer…

—dijo, incómodo.

—¿Qué estás diciendo, Kana’a?

Si ni siquiera te puedo tocar —le envió mediante conexión mental.

—Jajajja —se ríe muy sensualmente la “media zorra”—.

¿Quieres decir que si no existiera esa barrera lo harías conmigo?

—Lucifer…

—ignoró el comentario.

—Mejor ayúdame a pensar cómo romper esta barrera.

—Amo, eso será innecesario, porque si la rompes te aumentarán años de prisión.

Tengo entendido que es un delito el romperla.

Además, mira hacia tu derecha: vienen los guardias a entregarte los preservativos.

Y Tera ya te está viendo.

—¿Qué harás?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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