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El juego del Mesías - Capítulo 77

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  4. Capítulo 77 - 77 Mi derecho a conservarlos
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77: Mi derecho a conservarlos 77: Mi derecho a conservarlos En la celda de alta seguridad del primer piso, o mejor llamado *el limbo de Dante*, las celdas estaban reforzadas con acero del *reino esquizo*.

En cuanto a la luz solar, no llegaba; cualquiera pensaría que todo estaba oscuro, pero todo lo contrario: estaba bastante iluminado por la cantidad de lámparas que había.

En cuanto a la anchura, era de más de 5 metros, y su largo rondaba los 600.

Realmente, la mayoría se conocía, y nadie tenía más que sábanas tendidas en el suelo —eran típicas camas estilo japonés—, que es la última realidad de donde proviene Lucifer, o mejor llamado *el valle de Hinón*.

Los carceleros procedieron a entrar, quitando los seguros de la gran puerta, y trajeron varias cosas en cajas.

Luego, llamaron por nombre y entregaron las cajas correspondientes antes de irse.

Lucifer notó que solo unos pocos recibieron cajas.

Al abrir la suya, encontró 20 preservativos, un cepillo de dientes, pasta dental, una pequeña toalla de baño y un conjunto de ropa de un mismo color.

Sin más preámbulos, la organización *Las Llenas* se acercó a las personas que tenían en su poder dichas cajas.

Luego por último se acercó a Lucifer.

—Ya saben cómo portarte, chico—dijo —.

Dame lo que más desean las mujeres aquí.

—¿O acaso deseas apelar a pelear por ellos?

—preguntó Tera, riendo maliciosamente mientras se burlaba del joven de mirada indiferente.

—Oye, Tera, ¿por qué hay tantas mujeres deseando preservativos si tú y tus hombres los tienen todos?

—preguntó Lucifer.

—Son simples matemáticas, ¿no crees?

—respondió Tera, dejando de reír para apretar los dientes—.

¡Cállate!

Nosotros hacemos lo que nos da la gana con ellos.

Lucifer no respondió; solo se quedó en silencio.

Carmesí nunca se había planteado esa pregunta, pero supuso que no les alcanzaban.

En cuanto a Niel, temeroso de *Las Llenas*, retrocedió a una esquina sin perder de vista a Lucifer, pues esa persona le causaba una sensación extraña.

Carmesí pensó para sí misma: *”La cantidad de personas que entran mensualmente es de unas 21, y sale 1.

Técnicamente, no les alcanzan, ¿o sí?

Espera, ellos conservan casi todo.

Es verdad, pero… ¿cómo conocía Lucifer el promedio de presos que entra?”* Carmesí no sabía que Lucifer tenía a Kana’a, y esta había escuchado las conversaciones de la banda.

Estos tres días estuvo investigando y encontró algo muy curioso: entre ellos usaban los preservativos sin respetar la semana.

*Las Llenas* eran una banda de homosexuales.

Esto le causó mucha gracia a Lucifer, por lo que decidió mencionárselo a Tera para ver cómo respondía.

La reacción fue mejor de lo esperado: Tera era el típico hombre *alfa* que, en realidad, había salido del *clóset*.

No obstante, su imagen no podía permitir que se manchara con ello, por lo que pretendía ser un *alfa* de verdad.

—¿Y por qué los estás haciendo enojar?

—pensó Carmesí—.

Hay que estar demente para buscarle problemas a esa organización interna.

Lucifer volvió a poner el dedo en la llaga y dijo: —¿O acaso el que siempre entren dos hombres de *Las Llenas* al baño al mismo tiempo tiene algo que ver?

Nadie entendió eso, excepto *Las Llenas*.

—¡Qué demonios!

Eres un maldito entrometido.

¡Te voy a despedazar!

—gritó Tera.

—Muy bien, apelo a mi derecho a conservar mis preservativos, porque veo que ustedes no respetan las normas —declaró Lucifer.

—Así entonces, *Llenas*, vengan todos —ordenó Tera.

Treinta personas se alinearon.

—De entre todos estos fuertes hombres, ¿con quién deseas pelear?

Pueden ser dos al mismo tiempo si deseas, o, si no, puedes elegir al más flaco —dijo burlonamente.

—Está bien.

Apelo a mi derecho y los reto a todos a pelear contra mí solo.

—¿¡Qué!?

—exclamaron varios.

—Así es.

Yo reto a toda la banda de *Las Llenas* a pelear contra mí.

Niel y Carmesí no podían creer lo que habían escuchado, mucho menos los demás presentes.

Esto no entraba dentro de lo creíble.

—¡Maldito niño malcriado!

Deja de burlarte de nosotros —rugió Tera con voz gruesa—.

En tus palabras te vas a ahogar.

¡Chicos, acaben con él!

Todos escucharon que desea morir.

*¡Swooch!* Antes de que reaccionaran los treinta sujetos, Lucifer ya había lanzado un corte con su espada imbuida de electricidad.

Fue como si la espada se moviera sola desde sus manos, dejando un rastro azul en su camino.

Hay que resaltar que Lucifer llevaba su cuerpo envuelto en electricidad, y la espada brillaba con relámpagos negros.

En ella estaban unidas las cuatro fuerzas, y el filo también era negro.

De un solo golpe, eliminó a diez de los treinta miembros de la banda.

Los demás, al ser más fuertes, reaccionaron más rápido y lanzaron sus artes de fuego, viento y tierra.

Lucifer cambió sus ojos a un color rojo, y alas espirituales surgieron tras él: alas majestuosas blancas que reflejaban el poder de sus cuatro príncipes celestiales.

—La fuerza fuerte tiene un color castaño, la débil violeta, la electromagnética blanca y la gravedad negra —explicó—.

Pero todas se juntan y salen con características físicas o de alguna otra manera.

Lucifer sostuvo su espada en modo de corte y lanzó una tormenta eléctrica azul que sacudió a *Las Llenas*, dejando obsoletas sus artes.

—¿Pero quién demonios es este chico?

—preguntó alguien.

Kana’a observaba el combate.

—Parece que no hace falta que entre a la espada para aumentar el poder.

—No te preocupes por eso.

Con las cuatro fuerzas me bastan.

—Amo, las fuerzas siempre te han respondido, pero ahora tienes criterio.

No obstante, no abuses, porque los daños serán graves si no puedes soportar el poder.

Recuerda que todo lo que tienes es el *mens*.

—Así es, y por eso ahora soy capaz de aguantar más.

*¡Swooch!* Lucifer se acercó mientras cortaba a sus oponentes, dejándoles heridas severas.

Los demás, asustados, esperaban el golpe, pero una barrera los protegió.

Sin entender qué pasaba, corrieron lejos.

En cuanto a Lucifer y Kana’a, esto confirmó que no podían sufrir ni recibir dolor a menos que él lo permitiera.

—Bueno, solo quedas tú, Tera —dijo Lucifer, pero entonces una bocanada de sangre salió de su boca.

—Te vas a arrepentir —amenazó Tera—.

*Arte de electricidad: Hombre Eléctrico*.

Tera se cubrió de electricidad, similar a Lucifer.

—Tenemos técnicas parecidas, y no sé de dónde sacaste esa espada, pero te destruiré con mis manos.

Tera corrió, y su velocidad era mucha.

En un parpadeo, estaba frente a Lucifer, quien se cubrió con la espada.

El puño de Tera no la cortó, pues ambos estaban imbuidos de aura.

*¡Swooch!* Otro corte fue dado, y Tera lo esquivó por poco, perdiendo un mechón de cabello.

Aprovechando que su oponente parecía indefenso, le propinó una patada que lo lanzó por los aires.

Luego, concentró en sus manos un rayo que lanzó desde cada una, mandando a Lucifer a volar y destruyendo una de las lámparas.

—¡Lucifer!

—gritó Niel.

Carmesí respiraba fuertemente.

—Es increíble hasta dónde ha llegado, pero creo que esto es todo.

De repente, tras el polvo, apareció una figura con ojos rojos que parecían salidos de un cuento de terror.

A Niel le pareció que Lucifer se reía, lo cual no ocurría, pero de alguna forma sintió su risa enfermiza.

—Kana’a Kana’a, al escuchar su nombre, se metió en la espada.

Esto hizo que las alas adquirieran bordes dorados y que la espada brillara con más intensidad, al igual que los relámpagos negros.

Lucifer colocó su espada en altopor encima de su hombro izquierdo, preparado para realizar cortes potentes, y salió disparado como un rayo.

—¡Ahhh!

—gritó Tera, lanzando energía eléctrica desde ambas manos—.

*¡Arte del Rayo!* Lucifer cortó la energía por la mitad, avanzando con su misma postura.

—*Semi-Dominio del Dios del Corte*.

Le dio un corte descendente en el pecho, pero al terminarlo, envió la misma aura para hacer cuatro cortes más, dejando a Tera marcado por todas partes.

No eran lo suficientemente profundos para matarlo, pero sí para dejarlo en coma… si lo atendían a tiempo.

Por desgracia, Lucifer no sabía que le saldría ese nuevo movimiento, por lo que no midió las consecuencias.

Los carceleros llegaron, pues cada vez que las barreras se activaban, ellos daban una vuelta.

Al escuchar el ruido, se acercaron más rápido.

Al ver lo ocurrido, preguntaron por un culpable, pero no hacía falta: Lucifer estaba bañado en la sangre de toda la banda de *Las Llenas*.

—Por tus acciones, te quedarás sin comida todo el día —anunció uno—.

Y todos los que pelearon también.

Luego se llevaron a los miembros de la banda para ser tratados.

Después de que se fueron, una mujer comenzó a aplaudir: era Carmesí.

Luego se unió Niel, y en un momento, todos estaban aplaudiendo.

—Eres sorprendente.

¡Gracias!

Contigo, ahora estamos más seguros —decían las personas, quienes odiaban a *Las Llenas* por hacer lo que querían sin que nadie pudiera oponérseles.

—Ahora eres el nuevo líder, Lucifer —dijo Carmesí.

—No, no lo soy.

¿Recuerdan que el sublíder es Tera, no?

De repente, todos se quedaron en silencio, y la preocupación regresó.

El líder estaba entre ellos.

Claramente, no podían considerarse a salvo aún; se les había olvidado ese pequeño detalle.

De igual manera, Lucifer los tranquilizó.

Explicó los beneficios de la barrera y cómo afectaba a la psicología de las personas, pero aclaró que no tenía que ser así si no querían.

Fue como si las puertas del entendimiento se abrieran para ellos, e incluso experimentaron con la barrera.

—¿Cómo es posible que nadie se hubiera dado cuenta?

—se preguntaban.

Lucifer, un poco inseguro, respondió: —Quizás Niel pueda hacer esa aclaración —dijo, señalándolo.

La *media zorra* había escuchado todo tipo de conversaciones, pero el líder nunca fue mencionado.

Esto lo llevó a concluir que el líder llevaba mucho tiempo en las sombras, y si alguien tenía una idea de quién era, sería alguien que creyera que todo esto era correcto, más allá de aprovecharse del sistema.

Y quien siempre estuvo de acuerdo con este sistema no era otro que Niel.

Este personaje, muy reservado, comenzó a hablar con voz nerviosa: —Bueno, supongo que el líder puede haber colaborado con los carceleros para aprovecharse de los presos.

—¡Ohhh!

—exclamaron varios.

—¡Esos malditos corruptos!

—gritaron algunos.

Las personas compartieron sus comidas con Lucifer como agradecimiento por lo que había hecho.

El día terminó, y cuando Lucifer se disponía a dormir, se encontró con Niel.

—Oye, Lucifer, hay que escapar de esta cárcel.

El líder encontrará la manera de matarte —advirtió Niel.

Kana’a ya había advertido sobre esto, pero no sabían cómo cambiarse de cárcel.

—También irá tras mí y tras Carmesí.

—¿¡Que yo qué!?

—Carmesí, que había estado escuchando, cayó al suelo—.

¿Por qué tras nosotros?

—Porque sabemos mucho y creemos en Lucifer.

En cambio, los demás apenas confían.

—¿Y cómo nos cambiaremos de celda?

—Cometiendo un pecado más grande, pero no tan grave como para que nos encierren en una peor.

—¿Qué haremos?

—Sencillamente, amarraremos a todas las mujeres y a los hombres por separado y los desnudaremos.

Lucifer y yo tocaremos los senos y azotaremos a las mujeres, y tú, Carmesí, harás lo mismo con los hombres.

Todo esto, que lo vean los guardias —explicó Niel.

—¿¡Qué!?

—exclamaron ambos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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