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El juego del Mesías - Capítulo 78

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  4. Capítulo 78 - 78 Cárcel de la lujuria
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78: Cárcel de la lujuria 78: Cárcel de la lujuria **Prisión infiernos de Dantes** Como de costumbre, los carceleros bebían su café con gran satisfacción.

Después, agarraron las llaves de la mesa y las colocaron en su cintura.

Caminaron por el pasillo los dos carceleros: uno de ellos silbaba alegremente, mientras el otro arrastraba un carrito con la comida de los presos.

Ambos se detuvieron frente a la gran fortaleza que tenían al frente —o mejor dicho, la celda—.

Sin más, introdujeron la llave y al abrir… Se encontraron con algo impensable.

Dos jóvenes y una mujer tocando a varias mujeres que yacían desnudas, amarradas y vendadas.

En cambio, los hombres estaban *vendados* en una esquina, igualmente amarrados con los mismos trapos que usaban para dormir.

Carmesí se había negado a tocar a los hombres; en cambio, decidió golpear a las chicas desnudas con una prenda de forma lasciva.

En cuanto a Lucifer, estaba encima de dos mujeres, ahorcándolas con fuerza mientras el resto gritaba.

Por otro lado, Niel observaba todo y ordenaba a las mujeres arrodillarse para mirar su miembro viril (que no estaba descubierto).

Les pegaba las caras contra él, asfixiándolas.

Los carceleros no podían creer la escena que se desarrollaba.

—¿Cómo es que dos jóvenes y una mujer tomaron el control de la prisión e hicieron este acto tan lujurioso?

—¡Ya es suficiente!

—gritó uno de los carceleros (el que no llevaba el carrito de comida).

Los tres culpables voltearon y dijeron: —Ahhh… Nos descubrieron.

Aunque sonó real, solo fingíamos.

Rápidamente, los carceleros detuvieron a los tres responsables de aquella escena abominable.

—Por sus actos, ahora su estancia será aún más dolorosa.

Los sacaron y cerraron las puertas después de desamarrar a los presos.

Estos, mientras se vestían o repartían la comida, comentaban: —Espero que les vaya bien, muchachos.

—Sí.

Gracias a ellos estamos a salvo.

Lo menos que pudimos hacer fue esto.

Una señorita muy bonita salió y dijo: —Ese Niel se sentía tan mal por asfixiarme… Después de que rechazó todo acto lujurioso, solo accedió cuando nos ofrecimos.

¡Es muy lindo!

—A mí, Lucifer casi me hace desmayar ahorcándome como si fuera su enemiga —añadió otra—.

¡Casi pierdo el razonamiento, jajaja!

Los carceleros sacaron a los tres *vendados*.

No obstante, luego todos sintieron cómo descendían por una escalera.

Al llegar abajo, les quitaron las vendas y vieron un pasillo oscuro separado por celdas.

Un guardia empujó con fuerza a Carmesí y la tumbó al suelo.

—Sigue caminando, mujer.

Y levántate.

Ella se levantó como pudo.

Lucifer le dijo al guardia: —Ten cuidado cómo la tratas… ¿O sino qué?

—Ahora, por tu falta de respeto hacia mí —respondió furioso el guardia—, te pondré en una celda *acompañado*.

Aquí, en este piso, ese es uno de los peores castigos.

Además… ¿Te gusta ahorcar mujeres?

¿Por qué ahora te haces el héroe?

Lucifer se mantuvo en silencio.

—Ahora te pondré con *Patria*, la mejor para alguien como tú.

Niel y Carmesí fueron encerrados en la misma celda y encadenados a las paredes, imposibilitados de tocarse.

Lo mismo con Lucifer, pero este compartía celda con una mujer desconocida que, a lo lejos, no permitía ver su figura por la poca luz.

Los guardias se retiraron.

Los otros presos mantuvieron un silencio sepulcral durante cuatro horas, hasta que algo hizo temblar a todos.

Un viento comenzó a correr por las celdas: un viento helado.

Carmesí y Niel lo notaron, pero no reaccionaron, solo se preguntaron: —¿Qué es eso?

Niel lo entendió al instante: —No es un viento cualquiera… Es uno que atrae al caos.

—¿Cómo así?

—preguntó Carmesí.

El viento frío se intensificó.

—Ya no es solo frío —dijo una mujer de cabello rojo.

Niel volvió a advertir: —Esto no pinta bien.

—¡Ahhh!

—gritó Carmesí—.

¿Qué es esto?

Me siento adolorida.

—¡Cálmate!

—gritó Niel—.

Este viento debe tener algo que ver.

Trata de cubrirte como si fuera frío normal.

Carmesí obedeció y se sintió mejor, pero el viento seguía creciendo.

*¡Clang!* Las cadenas —hechas de acero del *reino esquizo*— comenzaron a romperse.

*¡Clang!

¡Clang!* —¿Qué es esto?

—preguntó Lucifer, pues las suyas también se quebraban.

Algo le preocupó: a su lado había una navaja.

Niel, sin darse cuenta, tenía otra en su celda.

Manos peludas y blancas como las de un animal emergieron de las rejas de una celda.

Una voz susurró: —Mi nombre es París, y esto es solo el comienzo, chicos.

En cada celda hay dos navajas.

La única manera de resistir este *arte de viento frío* es haciendo cosas inimaginables… —No es solo un arte de viento fusionado con hielo —continuó—.

Al unirlos, se crean reglas que no puedes vencer a menos que seas más fuerte que quien lo lanzó.

Y hablamos de un ser que combina dos artes: al menos un *tercer cielo* o un *paladín nivel 4*.

Esto escapa a nuestra comprensión.

—¿Qué quieres decir?

—preguntó Lucifer con indiferencia.

Los dedos de París se aferraron a las rejas.

—El arte sagrado ahora tiene reglas, como un dominio.

La regla es que todo corte se toma como ofrenda para aliviar el viento que te carcome por dentro.

Puedes morir de frío si no haces algo para evitarlo… También sirven actos lujuriosos, pero cada celda es distinta.

—¿Estás diciendo que nos fuerzan a actos lujuriosos para sobrevivir?

—dijo Lucifer con seguridad.

—Entiendes rápido, chico.

Este es nuestro castigo por ser lujuriosos.

Mi esposa Helena y yo llevamos años aquí… Mira cómo estoy.

Su cuerpo no parecía humano: pelaje blanco, ojos marchitos, piel reseca y llena de cortes.

—Y déjame decirte que tu compañera se llama Patria.

En los dos años que lleva aquí, sus compañeros siempre mueren.

Ya ha tenido a cuarenta… contándote a ti.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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