El juego del Mesías - Capítulo 84
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84: Glotones y avaros 84: Glotones y avaros Había un olor horrible en este lugar oscuro.
¿Parecía un almacén viejo?
¿Esta era la tan llamada cárcel de la gula?
El grupo de Lucifer no tenía visión.
—¡Ahhhh!
Un sujeto salió de la nada y gritó, intentando agarrar a Patria.
Esta gritó igualmente: —¡Ayúdenme!
Niel rápidamente la agarró por la mano y la jaló hacia donde él, salvándola de lo desconocido.
De pronto, Lucifer abrió la palma de su mano generando una esfera de electricidad.
Esto alumbró y dejó ciego por unos segundos a la persona que intentaba agarrar a Patria y a los otros a su alrededor.
Eran personas flacas, desaliñadas, atadas todas con una misma cadena que perforaba su estómago.
Las chicas sintieron un escalofrío mientras veían la escena, y cuando vieron que no sangraban —sino que el estómago lo tenían quemado para sellarlos y que estos no comieran más—, el horror y terror se apoderó de ellas.
—¿Qué diablos es esto?
—dijo Niel con la cara aún incrédula—.
Esto es una atrocidad.
Lucifer encendió aún más la luz, aumentando el tamaño de la esfera eléctrica, y vio que alrededor de ellos, por todos lados, todos estaban perforados con la misma cadena, la cual estaba atada a una superficie en el suelo.
—No son cadenas normales —dijo Kana’a—.
Estas mantienen el cuerpo de las personas vivas para que así no mueran y sufran en su estancia.
Realmente no sufren tanto; estuve averiguando que eso lo hacen mientras están sedados.
Lo único es que pasan hambre…
mucha hambre.
Por eso están flacos y, por supuesto, cada cierto tiempo retiran las cadenas de ellos.
—Ha de ser un proceso bastante largo, ¿no crees?
—Así es.
Pero aquí no nos podemos detener.
Allí está la escalera directo a la otra cárcel.
Lucifer siguió caminando.
Luego, rápidamente, el grupo lo seguía y comenzó a bajar la siguiente escalera.
Esta vez no hubo cartel, sino un sonido que alcanzaron a escuchar todos.
—¡Rápido!
Escóndanse —dijo Kana’a al igual que Lucifer.
No supieron adónde esconderse, así que decidieron regresarse al piso de la gula.
Allí se escondieron entre los presos de ese piso.
Mientras los guardias pasaban con una lámpara, estos volvieron a intentar pasar.
Esta vez llegaron al lugar, pero lo extraño es que había una puerta.
Al abrirla, se consiguieron lo más inesperado: del otro lado de la puerta había un bosque con el pasto marchito, al igual que sus árboles.
No había nada con vida; era una vista bastante gris, casi como si fuese un bosque embrujado.
Niel no tardó en exponer su punto de vista sobre el bosque: —Es realmente sorprendente y lamentable la condición del bosque.
Carmesí sonrió: —¿Un bosque en medio de una cárcel?
Es realmente interesante.
Patria no habló; solo guardó silencio mientras veía a Lucifer.
Por otro lado, el joven evaluaba el perímetro.
—Esta es la cárcel de los avaros —explicó Kana’a—.
Esa puerta por donde entraron, al salir, tiene un arte de aura del mismo overlord.
Si la tocas, vas a quedar calcinado.
—¿El hermano de la reina de este país?
—Así es, amo.
Él es quien se encarga de poner barreras y artes en los lugares más seguros.
Y a partir de este piso, todo tiene un arte de él.
Pero hasta donde sé, es saliendo, no entrando hacia abajo.
Por eso lo del mito: que el que sale es bajando pisos.
Lucifer caminó con su grupo y luego se encontró con una niña.
Ella estaba bastante sucia y vestía un vestido de prendas blancas.
Carmesí y Patria intentaron hablar con ella: —¿Qué hace una pequeña aquí?
—preguntaron.
Pregunta que también se la hizo Niel, más no lo expresó.
En cambio, Lucifer pensó: *¿Qué demonios habrá hecho esa pequeña?* La niña huyó rápidamente junto con las otras personas.
Como no sobraban energías, nadie las persiguió.
El bosque era extenso, y no sabían en qué dirección ir ni mucho menos en dónde estaba la escalera del siguiente infierno.
Tiempo después, ya se estaba haciendo de noche.
Aunque la vegetación era escasa, habían animales en esta cárcel-bosque.
Así que, de un rayo, Lucifer electrocutó a un venado y lo paralizó.
Y Niel no se quedó atrás: él metió la mano en un río y sacó a varios peces.
Lucifer se sorprendió: —Yo, sin ayuda de fuerzas externas, no puedo hacer eso.
Él realmente es increíble —dijo a Kana’a.
—Lo es.
Sin embargo, te digo que lo más seguro es que tenga *frío abismal*.
Con eso, tienes los instintos de un ser superior: como un león a la hora de caza.
—¿Es eso cierto?
Es aún más increíble.
—Sí, lo es —dijo Kana’a—.
¿Y tú posees esa habilidad?
¿Qué otras cosas puede hacer?
Mientras Kana’a contaba más cosas, el joven en el exterior solo parecía distraído.
Los integrantes de su grupo ya se estaban acostumbrando, así que no hacían caso.
Solo prosiguieron a comer y luego a tratar de dormir.
Lucifer y Niel montaban guardia mientras las dos mujeres dormirían.
Niel se acercó a Lucifer e intentó charlar con él, al igual que Carmesí a Patria.
En la conversación de Niel y Lucifer, solo hablaban de lo increíble que eran uno al otro, hasta que Niel preguntó: —Entiendo que, en tu posición, lo mejor que hiciste fue tomar por la fuerza a Patria hasta que se rindió.
Pero yo no podría hacer lo mismo en tu lugar.
—¿Por qué no?
—respondió Lucifer.
Niel se sorprendió mucho, puesto que no esperaba una respuesta tan sincera, así que solo se expresó con honestidad: —Porque yo no aguantaría ese sentimiento de culpa.
No podría dormir ni siquiera con eso…
y millones de cosas más.
—Hmmm…
Lucifer no habló más.
En cambio, Carmesí siguió hablando con Patria: —¿Y por qué tu lujuria es tan grande?
—fue lo primero que se le ocurrió preguntar a Carmesí.
—Eso no lo sé.
Desde pequeña tengo la habilidad de seducir a los hombres.
De niña, me intentaron violar en muchas ocasiones, y pasé mi adolescencia encerrada como un ave en mi casa para no perturbar a nadie.
Luego decidí salir ya siendo mayor de edad, pero en menos de 4 años ya habían pasado tantas cosas…
innumerables hombres se suicidaron por mí e iniciaron guerras para tenerme.
—Si ningún hombre escapa de ti, ¿por qué Niel no te ve?
—Mmm, es verdad —dijo Patria, un poco curiosa—.
De hecho, desde que Lucifer me tomó, ya no hay tanta tensión…
¿o es solo mi idea?
Carmesí colocó su mano en su mentón, pensando: —Quizás el que seas virgen, o también el que ahora sientes miedo a los hombres, ya no seduces inconscientemente.
Los ojos de Patria se achicaron, y una melancolía le entró: —No es solo inconsciente…
también es consciente.
Yo abusé ampliamente de mi sensualidad.
Carmesí la abrazó y le dijo: —No te preocupes.
Seguro Dios te perdonará si te disculpas con Él.
—¿Dios?
—preguntó Patria—.
¿A cuál de todos?
Carmesí rio y dijo: —Al Rey de reyes.
Patria abrazó a Carmesí en ese pasto seco: —Hay muchas sectas que alaban a distintos dioses.
Mejor solo me disculpo por los daños que hice.
—Tienes razón.
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