El juego del Mesías - Capítulo 86
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86: Iracundos 86: Iracundos Nadie en su sano juicio abriría la puerta que se encuentra al pasar la **catarata** del río, pues lo que había al atravesarla **dejaba claro** que era un infierno aún mayor.
**Era evidente incluso sin necesidad de conocimiento previo**, ya que los gritos de los presos **resonaban tan fuertes** como si estuvieran siendo torturados.
El agua chocaba contra las piedras mientras **Patria** y **Carmesí** se preparaban psicológicamente para el siguiente infierno.
Ambas se acercaron a **Niel**, quien estaba a punto de entrar a la **catarata**.
Por otro lado, **Lucifer** ya había pasado y, con voz firme, dijo: —**Apresúrense, es seguro.** Al oír eso, Niel y las chicas entraron rápidamente.
**Aunque no confiaban del todo en Lucifer, su fe en él crecía con el paso del tiempo.** Al entrar, vieron una cueva con una puerta de madera al fondo.
El sonido del agua ahora **sonaba más sordo**, como si la catarata se hubiera detenido cuando ellos pasaron.
**De lo contrario, la presión los habría aplastado.** Solo lograron cruzar porque confiaron en Lucifer, y también notaron cómo el agua **se hacía más delgada** al verlo pasar.
—Oye, Lucifer, ¿acaso esa es la gran puerta al otro gran infierno?
—preguntó **Niel**.
Lucifer, que miraba hacia la puerta de espaldas a ellos, asintió.
—**Aquí van los iracundos** —señaló una voz sensual, de esas que hacen palpitar el corazón de pura emoción.
Lucifer sabía que la voz no pertenecía a ninguno de los presentes en la cueva, sino a **la media zorra**.
—**¿Dónde estás, Kana’a?
¿Por qué no te muestras?** —**Estas palabras no salieron de su boca, sino que las envió mediante una conexión mental, una comunicación que solo ellos podían escuchar.** **Kana’a apareció de pronto, recostada frente a la puerta.** —Amo, temo decirte que esta cárcel será muy dura.
Espero que me perdones por no poder ayudarte en lo que viene, ya que solo podré hacer unas pocas cosas por ti desde la espada.
Así que no dudes en desenvainarla.
Lucifer **entrecerró los ojos**, un gesto que los demás notaron.
—¿Pasa algo?
—preguntó Niel, con duda en su voz.
Lucifer se volvió hacia él y respondió: —Esto va a ser muy difícil, así que hay que mantenernos juntos, cueste lo que cueste.
Niel, aún nervioso, **logró calmarse** y luego preguntó: —¿Y qué haremos con la niña?
**La pequeña** estaba sentada en un rincón de la cueva.
—No podemos llevarla a un lugar tan peligroso —dijo **Carmesí**.
—Es verdad —añadió **Patria**—.
No es seguro para ella.
**Kana’a negó con la cabeza.** —Esa niña no es normal me lo dicen mis ojos .
Además, si lo fuera, dejarla aquí sería condenarla a una muerte lenta.
Lo siento, chicos, pero viene con nosotros.
No está segura aquí, y creo que es una pieza importante.
—¿Cómo te llamas, niña?
—preguntó Lucifer.
La niña, con la mirada baja y acurrucada en la esquina, **murmuró su nombre:** —**Beatriz.** —¡Un gusto conocerte, Beatriz!
Mi nombre es Lucifer —dijo con alegría.
Ella frunció el ceño y no respondió.
**Carmesí se acercó con suavidad.** —Quizás no tuvimos un buen inicio, pero ¿qué te parece si empezamos de nuevo?
**Extendió su mano.** —Un gusto, soy Carmesí, y todos estamos aquí para ayudarte.
**Beatriz la observó unos segundos antes de suspirar débilmente y estrechar su mano.** **Niel y Patria hicieron gestos de cortesía para saludarla.** Mientras tanto, Lucifer, concentrado en **Kana’a**, preguntó: —¿Qué hay detrás de esa puerta?
**Kana’a respondió con nerviosismo:** —Hay…
un montón de bestias salvajes golpeándose en un lago.
—¿Bestias?
—No, amo, me refiero a humanos dominados por la ira.
—¿Hay alguna clase de barrera?
—Así es.
Mediante mis ojos puedo analizar la barrera como sabrás, en ese dominio no se permiten armas vacías , y no saldrás de esa prisión a menos que controles tu ira.
Eso sin mencionar que quizás ustedes terminen enfrentándose entre sí.
—Pero me dijiste que te usara…
—No puedes usar armas, pero la tuya es diferente porque tiene alma.
**Me blandirás a mí, pero esto no les causará mucho daño, pues se regeneran rápidamente.** —Es decir, es una batalla sin fin —dijo Lucifer, incrédulo.
Niel intervino: —Pareces muy concentrado en esto, pero ¿de verdad podemos exponer a una niña a tanto riesgo?
**Kana’a habló antes de que Lucifer respondiera:** —Esa niña tiene un arte sagrado único.
Se parece mucho al fragmento del paraíso que tenía **Rias**, la que te dio la carta.
**Nada escapaba a los ojos de Kana’a.** Lucifer respondió a Niel: —Parece que ella podría ser clave para atravesar estas cárceles.
**Así que Lucifer se dispuso a abrir la puerta.
Pero antes de girar el picaporte, sus emociones lo invadieron.** Todo se volvió borroso, como si el mundo perdiera su forma.
—¡Amo!
¡Amo!
—gritó **Kana’a**, preocupada.
—No, no puede ser…
Entraré a tu mundo espiritual.
**No perdió tiempo, pero lo que vio la dejó en shock.** —No puede ser…
¡Qué mal momento para que **Frío Abismal** evolucione!
—Tu **genio emocional** está siendo reemplazado por una mejora, pero el cambio toma tiempo.
Adaptarse a este infierno…
**No podría haber un peor lugar, pues aquí la ira almacenada en Frío Abismal se libera con violencia.** **Sin embargo, Lucifer ya había abierto la puerta.** Un viento feroz envolvió a todos y los arrastró con fuerza.
—¡Ahhh!
¿Qué es esto?
—gritaron.
**Al recuperarse, se encontraron en un pequeño lago, frente a una guerra donde la mayoría luchaba a puñetazos.** Las escenas eran horribles: pieles arrancadas, órganos extraídos, rostros mordidos…
**Era una lucha salvaje, sin fin, pues los cuerpos se regeneraban y volvían a pelear.** Pero lo más intrigante para el grupo **fue la desesperación en los gritos de los combatientes:** —¡Por favor, ya déjenme!
¡Prometo no ser más violento!
¡Prometo no volver a golpear a mis hijos!
**Esto les erizó la piel.** **Era un infierno físico, una tortura en contra de su voluntad, un castigo por haberse dejado llevar por la ira.** Sin embargo, alguien **no parecía conmoverse.** **En cambio, hizo un comentario que los dejó pensando:** —¿Qué mejor forma de enseñar lo malo de la violencia extrema que grabarlo en sus propios cuerpos?
**”Esta niña no es normal”, pensó Lucifer.** **Kana’a asintió:** —No la pierdas de vista, amo.
Yo tampoco lo haré.
**En medio del horror, donde los cuerpos eran despedazados, las miradas se posaron en los cinco recién llegados.** **Eran humanos, pero al ver gente que no actuaba con violencia, algunos prisioneros comenzaron a llorar:** —¡Huyan!
¡Corran, por favor!
¡No queremos lastimarlos!
¡Escóndanse!
**Pero otros rugieron de furia y los atacaron.** **Su impulso violento era incontrolable.** **También había quienes se reían, disfrutando el sufrimiento ajeno.** **Egoísmo puro, una de las razones por las que su castigo se prolongaba.**
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