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El juego del Mesías - Capítulo 88

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  4. Capítulo 88 - 88 Herejia y violencia
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88: Herejia y violencia 88: Herejia y violencia Beatriz entró con pasos delicados que apenas eran perceptibles.

Más atrás entró el resto que la acompañaba.

Todos guardaron silencio, puesto que solo había tumbas alrededor; parecía un cementerio.

Al ver más de cerca, escucharon voces.

Luego de que se acercaran más, se dieron cuenta de que eran gritos de una mujer; por el timbre de voz, dedujeron: —¡Ahhhgggh!

¡Ahhhhhgggh!

Los gritos claramente eran de una persona que intentaba aguantar hasta no poder más, y era ahí cuando el grito salía deslizándose entre sus dientes.

Niel preguntó: —¿Qué está pasando?

A lo que Beatriz, con ojos melancólicos, dice: —Está siendo quemada en una sepultura ardiente hasta la eternidad.

—¿Qué?

Los latidos de los corazones de Patria y Carmesí aumentaron; sus sistemas nerviosos entraron en un caos.

No era solo sorpresa, sino un miedo palpable en ellas.

—¿Quieres decir que si nos atrapan quedaremos como ella?

¿Seremos quemados hasta la eternidad?

Beatriz negó rápidamente con la cabeza.

—Acá solo van los herejes.

Nadie más.

Carmesí, aún no aliviada, preguntó: —¿Qué se considera herejía aquí?

Por otro lado, Niel, con dudas en su expresión, preguntó: —¿Cómo sabes tantas cosas, Beatriz?

Beatriz se mostró indiferente a ambas preguntas; se giró de lado.

—Hmmm… Digamos que me sé toda la historia de todos los círculos.

Además, ya había pasado por aquí.

La razón por la que estoy en esta cárcel es porque no encontraban algo adecuado para mí, por eso me pasaron por todos los círculos de cárceles, y la barrera del Overlord no reconoció que pudiese estar en ninguna de estas cárceles.

Y cuando me iban a trasladar a otra prisión, me les pude escapar en la cárcel de los avaros, el cual era, para mi juicio, la mejor para vivir.

Lucifer esta vez entrecerró los ojos; se acercó un poco a Beatriz, inclinándose.

—Dime, ¿por qué una niña tan pequeña es tratada como un preso?

¿Y por qué quieres vivir aquí?

Beatriz colocó la mano en su pecho y dijo: —Yo no tengo recuerdos de por qué estoy aquí, pero siento que si salgo de esta prisión, sufriré mucho más de lo que sufriría en cualquiera de estos infiernos que yo vi.

Lucifer queda muy sorprendido; no pudo evitar sonreír con una emoción de admiración.

—¿Aún después de ver todos estos infiernos, elegiste quedarte en ellos?

Eso me parece muy valiente de tu parte.

Pero, ¿qué te hace creer que afuera será peor?

—preguntó Lucifer.

La niña esta vez es quien sonríe y dice: —Afuera no hay dolor como acá dentro.

Lucifer se levantó y su ritmo cardíaco se aceleró.

—Esta persona es igual que yo —pensó para sí mismo.

Carmesí y Patria no parecieron entender el por qué elegir una vida así.

No obstante, no opinaron; se callaron porque, como Lucifer había dicho, el vivir por voluntad propia en una de estas cárceles no era normal, pero sí de valientes.

Niel, tan sereno como siempre, dijo: —Ya no te preocupes.

El dolor no tiene por qué ser tu único motivante.

Yo estaré para apoyarte.

Por lo pronto, salgamos de aquí.

Beatriz no actuaba indiferente ante Niel; esta parecía más abierta con él que con todos.

—¿Y por qué me ayudas tanto?

—la niña con ojos azules como el agua lo miró con altas expectativas.

Niel, responde: —Siento que me necesitas, y eso es todo lo que necesito para que seas mi prioridad.

Los ojos de Beatriz se tensaron menos y sintió una enorme tristeza con un especie de alivio te.

Ella no recordaba cómo era ser protegido por un padre, pero adivinó que, de seguro, así sería ese sentimiento de que todo estará bien; sería uno que grabaría en su corazón de por vida con las palabras de Niel.

En el camino había una niebla espesa, y los ruidos de las personas que estaban siendo torturadas por las llamas ya no se oían.

—¡Ah, acabo de recordar!

—dice Beatriz en respuesta a su pregunta de qué es herejía—.

Se considera así a las almas que no creen y no tienen fe en la existencia de un ser supremo.

Patria no entendió muy bien; sin embargo, no preguntó.

En cambio, Carmesí dijo: —¿Es un pecador desde antes de nacer?

¿Cómo no puede creer en una divinidad?

Beatriz le respondió: —Así es.

Lo que es torturado es su espíritu; por eso es hasta la eternidad.

Y hasta el momento, solo una sola persona habita en esta cárcel, y su nombre es un secreto.

A Lucifer le interesó el tema, así que procedió a unirse a la conversación.

—¿Y cómo atrapan a esos herejes?

Beatriz guardó silencio por un momento para luego dar un leve resoplido, quizás por la caminata.

—Los atrapa la misma Reina Esquizo, quien se especializa en los espíritus.

La conversación había llegado a su punto final junto con la salida que estaba de frente a ellos.

Beatriz esbozó una sonrisa y dijo: —A mí me llevaron vendada por todas las cárceles, pero escuché muchas cosas, pues los soldados que me trajeron eran muy elocuentes.

Ella abre la enorme puerta de hierro con ayuda de Niel, y pasan a la siguiente cárcel o infierno.

Es un lugar que está ardiendo; se escuchaban los gritos de cientos de personas.

Habían tres pasajes: uno llevaba a un lago hirviendo que se veía desde lo lejos; centauros atacando a las personas que estaban allí.

En el otro pasaje, habían arbustos humanoides siendo atacados por perros furiosos y aves.

Y en el último pasaje, había una especie de desierto en donde el sol parecía carbonizar todo a su paso.

En efecto, Lucifer y los demás entendieron que cualquiera de las vías era un verdadero sartén con fuego para ellos.

Niel dejó escapar un suspiro.

—Haaaa… Claramente, el río, los árboles humanoides y el desierto son castigos muy fuertes, y si pasamos por allí, seremos carbonizados.

Carmesí interrumpe: —Sí, eso podemos verlo, pero ¿cómo es que ellos aguantan tal castigo y siguen vivos?

Beatriz respondió su pregunta: —Eso es fácil: ellos no son personas comunes.

Esas son personas que poseen niveles de poder y cometieron actos de violencia.

Patria pareció prestar atención; no obstante, esta apenas y escuchaba.

Beatriz siguió hablando: —El río es para los que cometieron actos de violencia física o moral contra el reino.

Son convertidos en árboles humanoides a los caballeros del reino que intentan suicidarse.

Y el desierto es para los que blasfemaron contra el dios del reino Esquizo abiertamente.

—No hay nadie en ese desierto, o es lo que parece —dice Lucifer.

Beatriz responde: —Yo tampoco poseo esa información, pero sí sé que a las que no son blasfemas no les afecta mucho.

Lucifer sonríe.

—A ti no parece afectarte, al igual que a Carmesí al igual que a patria.

Todos, aparte de ustedes, estamos sudando y no hemos ni siquiera pisado ninguno de los tres caminos.

Niel apunta con el dedo y dice: —La única opción que tenemos es el desierto; las otras no la resistiremos.

Lucifer avanza y le pregunta a Kana’a: —¿Y cuál es ese dios con el que no hay que blasfemar?

Kana’a ahora sí puede materializarse, y ahora vuela a un lado de él.

—Es fácil, amo: quien posea más energía del movimiento es quien más blasfema contra dios.

En otras palabras, eres muy blasfemo, al igual que esa persona, Niel.

Pero no se preocupen; no morirán, solo sentirán que arden.

—¿Qué?

¿Niel también?

Lucifer continúa caminando, y su cuerpo, no visiblemente, pero comienza a arder; siente como su piel es carbonizada a temperatura muy caliente.

Niel también está pasando por algo similar.

Así que ambos caen al suelo, apretando fuertemente los dientes.

Kana’a, sorprendida, dice: —No debería de afectarles tanto.

¿Qué pasa, amo?

Respóndeme.

Carmesí y Patria salieron a ayudar a ambos.

El calor para ellas solo era sofocante; realmente no era algo con lo que no pudieran lidiar.

Patria tomó a Lucifer y lo ayudó a levantarse, y Carmesí hizo lo mismo con Niel.

Beatriz supo en un instante que ambos eran blasfemos.

—Exactamente, ¿qué tanto han insultado a dios?

Niel, nada sonriente, apenas con la cordura, responde débilmente: —¡No sé de qué dios me hablas!

Pero no recuerdo haberle hecho nada a ningún dios; apenas conozco y acepto su existencia.

—¿Será posible?

Todos, por mucha diferencia —así sea filosófica, científica o religiosa— creemos en un dios, pero tú, ni sabiendo que existe, ya cometes actos de violencia contra él?

—¿Tú también, Lucifer?

—pregunta Patria.

—Solo nuestra existencia es blasfemia contra dios.

—¿Qué?

—esto se lo susurra a Patria; nadie, a excepción de ella, alcanzó a escucharlo.

—Hay que seguir; la puerta debe de estar tan lejos —dice Beatriz.

Seguían caminando, y los dientes de Niel y Lucifer seguían rechinando para no dejar escapar el grito de dolor.

—¡Crac, crac!

Las pisadas quedaban marcadas en el desierto porque los pasos eran pesados para estos dos individuos, sostenidos cada uno por una flor que exudaban sudor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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