El juego del Mesías - Capítulo 91
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91: Descubriendo nuevas ciencias 91: Descubriendo nuevas ciencias Reino esquizo , ciudad frenia En la capilla del Reino Esquizo, en la ciudad de Frenia, se encontraban los líderes de cada reino, con excepción del Reino Maníaco.
Todos permanecían aún en shock por lo sucedido.
Wan Wantia yacía en el suelo, siendo sanado por la misma Reina Esquizo.
Ella aplicaba con gran eficacia un arte de sanación avanzado.
El Rey Duende estaba maravillado, al igual que Fransua del Reino del Dominio, pues las artes de sanación avanzadas eran tan raras que generalmente no las poseería alguien que ya tenía un arte de rayo tan poderoso, además del famoso arte espiritual de los esquizos.
Wan Wantia fue recuperando la cordura poco a poco, y la primera palabra que dijo fue: —Mi reina, yo… Fue interrumpido por la reina, quien con gran ímpetu declaró: —Lo sé, mi gran paladín.
Todas las palabras de la Voz de la Razón están basadas en una ciencia antigua llamada psicología, ¿no es así?
Wan Wantia sonrió.
Como era de esperarse, esta reina siempre iba uno o dos pasos adelante.
Él lo sabía por las memorias que había revisado y los fragmentos que extrajo del espíritu de la razón.
La Reina Esquizo, en cambio, ya conocía esa ciencia.
El Rey Duende, quien estaba presente, no.
E interrumpió: —¿De qué se trata esto?
He vivido por cuatro mil años y jamás he escuchado sobre la psicología.
Fransua también prestó mucha atención a la conversación, sin apartar la mirada de los labios de la reina.
Wan Wantia se puso de pie e hizo movimientos de estiramiento en el cuello, además de sus brazos y piernas.
—¡Crack, crack!
Hizo un gesto de reverencia hacia los dos presentes cuya pregunta no había sido respondida, y dijo: —¿Están seguros de que quieren involucrarse en un camino lleno de dolor y sufrimiento?
Fransua expresó gran sorpresa: —¿Ah?
¿A qué te refieres?… —La psicología es una ciencia que estudia el comportamiento del *Homo sapiens* del Reino Maníaco.
Al conocerla, probarán del árbol prohibido y no habrá retorno.
El Rey Duende entrecerró los ojos, evaluando y analizando lo que escuchaba.
Al ver a la Reina Esquizo tan seria, comprendió que no se trataba de una farsa para eludir el tema, así que preguntó: —¿Cómo el conocimiento puede hacer daño?
Es la primera vez que escucho eso.
—Bueno, hasta aquí lo dejamos entonces.
Yo no quiero involucrar a mi reino en la desgracia que atrae ese conocimiento.
Aún hablaba de proteger a su reino, pero la verdad era que se protegía a sí mismo.
Lo demás no le interesaba.
Fransua, en cambio, no dio un paso atrás.
Insistió: —¿De qué se trata esa ciencia?
Quiero saber qué significa eso que está escrito en la pared y de ese mesías, Lucsus.
Los ojos rojos de la reina brillaron con intensidad, iluminando su cabello blanco.
El sol hacía ver sus prendas aún más espléndidas.
Ella, en un tono muy suave, le dijo: —Fransua, tu curiosidad no está mal.
No obstante, tu gobernante es quien debe decidir eso.
Fransua se inclinó levemente, pidiendo disculpas: —Tiene usted razón, reina.
Ambos se retiraron de la capilla, el Rey Duende y Fransua, cada uno camino a su reino.
Apenas se marcharon y salieron del rango de la barrera de la capital de Frenia Esquizo, la reina comenzó a descifrar el mensaje, empezando con las primeras palabras: *“Soy un bipolar esquizofrénico no diagnosticado en un mundo de cuerdos y locos.”* —¿Qué quiere decir eso?
—se preguntaba mientras sacaba libros de psicología, psicoanálisis y hasta de psiquiatría.
Wan Wantia estaba a su lado y le dijo: —Creo que la filosofía también ayudará a la decodificación del mensaje.
—¿Filosofía?
Esa es una ciencia antigua, desconocida excepto en el Reino Maníaco.
Más antigua que la misma psicología.
Wan Wantia asintió: —Mi reina, extraje toda la información que pude.
Tanto la filosofía, el psicoanálisis, la psicología y la psiquiatría son claves para entender este ente… para entender la Voz de la Razón.
—Al final de todo, dijiste que había una carta para Lucsus, el mesías.
Asumo que la carta es lo que escribiste en la pared, y fue exactamente lo mismo que dijiste estando poseído.
—Así es, mi reina.
Recuerdo cada palabra que dije, y lo que estaba en mi mente eran fragmentos de ciencias que estudian la mente y cambian la realidad.
La reina sonrió y dijo: —Al parecer, estas ciencias tienen más poder de lo que cree el Reino Maníaco.
Mira esta frase, Wan Wantia: Jean-Paul Sartre dice que *“el infierno son los demás”*.
Wan Wantia quedó helado ante dicha declaración.
—Si eso es cierto, quiere decir que estamos condenados a vivir un infierno todos, ¿no es así?
—¿De dónde sacas esa conclusión?
—preguntó la Reina Esquizo, arqueando una ceja.
—Bueno, es que el libro que tengo en la mano dice que el ser humano es un animal social.
—Eso es cierto, Wan Wantia.
También en esta frase me señalan que *“el que vive solo tiene mucho de dios o de demonio”*, y esto no se refiere a estar con alguien al lado o no.
Wan Wantia quedó estupefacto.
—Oh, mi reina, cuánto conocimiento de la mente humana.
Me pregunto por qué nunca hemos desarrollado una ciencia similar.
—Eso es sencillo de explicar, Wan Wantia.
Es porque ninguna ciencia es desarrollada por el ser humano.
Todo conocimiento es adquirido por el fruto prohibido.
Wan Wantia se asustó un poco.
—¿Quiere decir que recibiremos nuestro castigo algún día por comer de esta fruta?
—Estás en lo cierto —dijo la reina mientras leía el libro del autor Jean-Paul Sartre, *“A puerta cerrada”*.
La reina terminó el libro en diez segundos, agarrando uno tras otro hasta que, en una hora, ya se había leído más de doscientos libros.
Wan Wantia, por otro lado, dejó de leer a los cuarenta minutos y se quedó a su lado, haciéndole compañía mientras la reina descifraba el mensaje en la pared.
Después de un rato, Wan Wantia preguntó: —Mi reina Esquizo, ¿de dónde ha sacado usted tantos libros que estudian la mente?
—preguntó en un susurro lleno de curiosidad.
—Eso es un secreto, pero por ser tú, te lo contaré.
Wan Wantia se lo replanteó y dijo: —Mejor no.
Si alguien nos escucha, será mi culpa.
A lo que la reina respondió: —No te preocupes por eso.
Tengo una barrera, y nadie que esté en mi rango puede oírme, solo los que yo decida.
Y yo sí puedo oírlos a ellos.
—Te explico: el Reino Maníaco ha caído en la destrucción en muchas ocasiones, y los libros que tengo son escritos por ellos mismos: sus pensamientos, guerras y desgracias.
Solo que ellos no saben lo valiosos que son estos escritos y el poder que tiene el conocimiento, más que cualquier arma nuclear que pueda crear el Semirreino Experimental, o más que cualquier magia del Reino del Duende, o incluso por más espíritus que poseas.
Nada se compara a la mente humana.
Ya lo dijo un gran hombre: *“Si existiera el genio perfecto, sería alguien que solo piense y cree algo”*.
—Eso sería algo maravilloso —dijo Wan Wantia con admiración.
La reina se levantó mientras decía: —Así es.
Pero en lo que a mí respecta, para mí esto es un genio, no cabe duda.
Pero un dios sería quien afronte todo ese castigo por la fruta prohibida del conocimiento de todos, siendo un dolor que solo él puede comprender.
Me pregunto si el mismo Dios creador es el mismo que carga con todo.
Wan Wantia dijo: —Pero… ¿está mezclando la psicología con un evangelio?
Así, obtener respuesta no será improbable.
La Reina Esquizo rio con gracia: —No, mi leal súbdito.
La ciencia y Dios van de la mano.
Por eso es que el mundo es un lugar tan increíble.
Wan Wantia estaba maravillado.
Nunca se le había pasado por la cabeza algo similar.
—¿Quiere decir que las ideas de un ser celestial vienen de lo más profundo de la mente, y no de delirios ni fuerzas exteriores que quieren domesticar tus creencias?
—Así es, Wan Wantia.
Entiendes muy rápido.
¡KBOOMM!
En medio de la conversación, la Reina Esquizo escuchó una explosión, pero no venía de la ciudad de Frenia, sino de una más lejana, cerca de la frontera.
Su barrera no explotó, pero se sintió como si así fuera.
—¿Ocurre algo, mi reina?
—No, es solo que escuché algo en la segunda barrera.
Debe ser en las cárceles del Infierno de Dante.
Wan Wantia no pudo ocultar su interés, así que preguntó: —¿Qué exactamente está ocurriendo?
La Reina Esquizo se tomó un momento para analizarlo todo y dijo: —Alguien extraño ha entrado a la cárcel del Limbo.
Ve y averígualo en persona, ¿quieres?
—Sí, señora.
Lo traeré en persona.
—Es un joven de nombre Niel, así dice el Limbo que se llama.
Tráemelo, por favor.
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