El juego del Mesías - Capítulo 95
- Inicio
- Todas las novelas
- El juego del Mesías
- Capítulo 95 - 95 El juicio del universo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
95: El juicio del universo 95: El juicio del universo **Círculo de la traición** Una guerrera formidable, con su katana Kusanagi, emanaba un calor ardiente.
Los ojos de la samurái Yeli brillaban con fervor.
—Eh, Kevin, ¿qué pasó con la Reina Esquizo?
No alcancé a ver qué sucedió —preguntó.
Kevin, sin desviar la atención de su oponente, respondió: —Fue enviada a otra parte del sistema solar e impulsada con energía.
Parece que el chico no quiere que nadie interfiera en el castigo que está recibiendo.
Rías lo interrumpió; aún palpitaba en ella el dolor de Lucsus.
—Esto no es un castigo; es el juicio.
Tanto la carta como las cadenas son los jueces.
Un hombre de cabello largo y resplandeciente se acercó.
—¿Juicio?
¿Cómo puede llamarse juicio a esto, pequeña maga?
—Lo es para él, que es el trauma hecho hueso y carne —respondió rías con cortesía.
—¿Pequeña maga, qué sabes tú del Mesías?
¡KBOOM!
Antes de que pudiera responder, el paladín de quinto nivel provocó un estruendo, rompiendo las cadenas de Rías.
De pronto, una enorme presencia se sintió en todo el lugar, tan intensa que sacudió las otras cárceles como un temblor.
—¡Mi Reina Esquizo!
¿Qué le hicieron?
Niel se puso frente al paladín y le dijo: —Tranquilo, señor paladín.
Su reina más bien ha sido salvada de una condena mayor.
Wan Wantia, en su furia, no escuchó —o mejor dicho, no quiso escuchar—, y se abalanzó sobre Lucsus.
Pero otra vez, las dos dagas interfirieron en su camino, frenando la espada de Wan Wantia.
¡BOOM!
Una onda de poder estremeció el lugar.
Irina estaba cubierta por un manto negro de sangre: su arte sagrado, **“Conexión de Sangre del Vacío: Manto de la Muerte”**, había sido activado.
Irina, una luchadora de cuarto cielo marcial, difícilmente era rival para Wan Wantia, un paladín de quinto nivel, casi alcanzando el sexto —considerado paladín santo—.
Pero Irina lo estaba deteniendo gracias a su arte sagrado.
—Este nuevo arte sagrado lo acabo de adquirir hace poco, pero es realmente poderoso —dijo Irina con una sonrisa.
Kevin la miraba con asombro.
El manto negro de Irina cubría parte de su ropa como una tela oscura que burbujeaba sangre espesa y se extendía como parte de ella.
—Es increíble… la sangre negra potencia mucho su ataque.
Las armas de ambos chocaban, y cada vez que lo hacían, un temblor sacudía la cárcel de Dante.
Dos figuras poderosas se enfrentaban.
Ambos luchaban al mismo nivel; cada choque de poder hacía vibrar los cimientos.
Los demás temblaban.
Bonny no tardó en querer interferir, pero Celica la frenó.
—No te preocupes.
Ella está peleando al nivel del paladín, y su arte sagrado las iguala.
—¿En serio?
Pero a mí me parece que el aura del paladín es más grande.
—Y no te equivocas —respondió Celica—, solo que ese manto que tiene Irina, aunque no se percibe energía, eleva su aura más de lo que puedas imaginar, más allá de un cuarto cielo de poder.
Además, nosotras tenemos otra misión: hay que salvar al Mesías.
Kevin e Irina se encargarán del paladín.
Ambas se acercaron junto a Yeli, quien segundos antes había dejado noqueados a Roosevelt y a Murai para asegurarse de que no intentaran nada.
Niel, al ver que la batalla entre la chica de cabello castaño y el paladín era inevitable, simplemente los dejó ser.
—Hola, me presento: soy Celica, y ella es Bonny —dijo Celica al chico de cabello largo.
—Mi nombre es Jesús, pero pueden llamarme Niel.
—Ok, Niel.
¿Me puedes decir qué está pasando?
¿Por qué ese chico —que parece ser el Mesías— está siendo torturado y no podemos interferir?
—preguntó Celica.
Niel explicó: —Es el juicio del Mesías, como dijo la pequeña maga.
Rías caminó y llegó junto a Niel.
Bajó la mirada y se cubrió el rostro con fuerza.
—Esto es horrible, y apenas acaba de comenzar.
—¿Por qué el juicio no es del Mesías, sino del universo, no?
—dijo Niel—.
Se está enjuiciando a ver si puede o no seguir existiendo tal cual y como es.
A diferencia de cuando Cristo fue crucificado, por ejemplo, era el juicio de un dios que no podía cargar con el pecado por la eternidad.
Y no solo hubo un individuo como Cristo; hubo muchos a través de los siglos, al igual que el alma que Lucsus lleva, que es la de Satanael.
Titania suspiró; podía oír claramente la conversación, pues estaban muy cerca.
Reunió toda su fuerza para levantarse y vio a Ka’na, con ojos llorosos, lamentándose en el suelo.
—Levántate, Kitsuné.
Es muy pronto para rendirte.
¿Escuchaste lo que dijo el Dios de la Creación?
El juicio del universo está cayendo sobre tu amo.
Kevin e Irina, por su amplio poder y sentido, escuchaban cada palabra.
—Así que él es el Dios todopoderoso —dijo Irina.
Kevin asintió.
Wan Wantia también escuchó esa parte, así que se tomó un momento para pensar.
—¡Oigan, bastardos!
¿Es eso cierto?
—gritó enfurecido.
Irina le respondió: —Y si no es así, ¿qué harás?
—¡Ven con todo lo que tengas!
—dijo con rudeza.
—¡Tú, maldita…!
Kevin se rio un poco; era una respuesta digna de Irina.
—Tómate las cosas con calma.
Es el juicio del Mesías, y la persona que quieres atacar lo es.
Wan Wantia bajó su espada y comenzó a pensar, recordando la vez que invocaron la Voz de la Razón.
—Este ser es el Mesías.
¿Cuál es su nombre?
Si me responden esa pregunta, les creeré.
Titania habló con voz fría: —No seas inmaduro.
Tienes delante de tus ojos una fila de torturas indetenibles, y aún así no crees.
Aunque estaba alejado, Wan Wantia la escuchó y respondió: —Si no puedo hacer nada para detener esto, ¿por qué me están frenando?
—Pues no lo detengan más, chicos.
Dejen que lo intente.
Por cierto, Kitsuné, ¿cuál es el nombre?
Ka’na le dijo el nombre todos estaban esperando que dijera lucifer pero para sorpresa de todos, Titania habló: —Su nombre es **Lucusus, el Mesías**.
Los ojos de Wan Wantia se abrieron, al igual que los de Patria, Beatriz y Carmesí.
—Es un nombre distinto del que nos dijo.
¿Nos mintió?
Niel, con los ojos iluminados, dijo: —Ese es su verdadero nombre: Lucsus.
Wan Wantia, al escuchar que tantos dudaban, declaró: —Dejen que pruebe.
Si puedo detener el juicio, significa que no era el Mesías que esperábamos.
—Como quieras —dijo Titania, con los ojos entreabiertos y una firmeza nacida de su vasta comprensión.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com