El juego del Mesías - Capítulo 96
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96: La primer dios 96: La primer dios Círculo de la traición El manto negro de sangre de Irina se fue esfumando hasta quedar solo su silueta tal y como era.
—No estoy de acuerdo en que se acerque al chico, a Lucsus —dijo Irina muy seriamente.
—Déjalo pasar —insistió Titania con una voz frágil y a la vez omnipotente, como si un ángel o un demonio viviera dentro de ella.
Titania vestía un vestido morado, ahora dañado y desgastado.
Su cabello largo y morado contrastaba con la apariencia arruinada de sus prendas, dándole el aspecto de una esclava.
Al verla, Irina, contrariamente a la apariencia de Titania, parecía comprender la profundidad de esa persona.
No sé cómo te llamas, y aunque tu presencia inspira confianza, ¿cómo sé que no causarás más daño del que ya está recibiendo el Mesías?
Titania inhaló fuertemente y luego soltó el aire de manera suave.
—En este momento, nada puede frenar el juicio.
Mira a Suruki.
De pronto, las cadenas soltaron a Suruki y esta retrocedió rápidamente.
—¿Qué pasó?
—preguntó Suruki, impaciente y confundida.
Titania respondió con cierta indiferencia: —Las cadenas te apretaron de varias formas distintas, ¿verdad?
Se estaban comunicando conmigo.
Me dijeron que el juicio ya terminó y que el Mesías se declarado culpable.
—¿Qué?
¿Qué demonios significa eso?
¿A qué te refieres?
—Las preguntas llovían sobre Titania, pero ella no respondía a ninguna, solo miraba fijamente a Lucsus.
Lucsus volteó por primera vez hacia ellos, clavando su mirada en Titania.
Sus ojos marrones claros reflejaban los de Titania, cuyas pupilas se dilataban como dos soles amarillos.
Titania sintió incomodidad bajo esa mirada.
—¿Por qué me ves así?
La fila de gente comenzó a volverse borrosa y desapareció, una tras otra, hasta quedar solo Lucsus.
Este cayó de rodillas, manteniendo la mirada en Titania, y por fin articuló palabras: —Ya sabes que he pagado por mis pecados de esta vida, ¿no?
Titania no respondió, pero no apartaba la vista de él.
—El juicio ya terminó —dijo Lucsus con una sonrisa.
Titania permaneció en silencio.
—Aunque sentí el infierno en vida, todos los traumas, gracias a la carta del Infierno, la del Emperador y las cadenas del destino, cargué con todos los pecados.
Ahora me castigare por ello.
¿Entiendes lo que eso significa, Titania?
Titania no respondió, pero sus ojos comenzaron a brillar.
—Los cuatro bucles han llegado a su fin.
Todo está en mi interior.
¿Sabes lo que eso significa, Titania?
Titania callaba, pero sus pupilas se dilataban aún más.
La barrera alrededor de Lucsus desapareció, y solo una pequeña distancia los separaba.
—Escuché tu nombre mientras estaba en ese infierno.
De hecho, fue el que más escuché.
Titania no dijo nada.
—Yo soy Ish hechos carne y hueso.
El universo ha llegado a su fin y no volverá a contraerse.
¿Sabes lo que significa eso, Titania?
Titania comenzó a temblar.
—Quería decirte que lo has hecho muy bien hasta ahora.
Titania no respondió, pero su rostro se alteró, como si intentara contener sus emociones ella sabía lo que estaba pasando —Todo lo que pasaste fue para que yo naciera, al igual que todos los presentes, pero en especial a ti te debo mucho.
Titania no respondió; en cambio, cubrió su rostro con ambas manos.
Las cadenas volvieron a ella, rodeándola como una serpiente desde los pies hasta la cabeza, sin apretarla, solo abrazándola.
Titania se sintió segura con las cadenas bajo su control otra vez, pero al levantar la mirada, sus ojos estaban repletos de lágrimas que caían por sus mejillas.
Esta vez, Titania respondió con una pequeña frase: —No tienes que hacerlo.
Yo misma puedo soportar todo esto.
Lucsus sonrió y le dijo: —Tú eres la encarnación de Isha, y Suruki fue creada porque no podías soportar tanto sufrimiento, al igual que yo con Ka’na, a quien creé por no aguantar tanto dolor de envidia y tristeza cuando fui expulsado del Reino de los Cielos.
Titania volvió a decir: —Te digo que puedo soportar el sufrimiento y parte de tu dolor.
Suruki se acercó y dijo: —No entiendo nada.
Yo nací hace miles de años de padres humanos.
Titania negó con la cabeza: —Él habla de la creación de tu alma.
Naciste cuando yo reinaba en el Cielo y Lucsus fue expulsado bajo el nombre de Satanael al mundo terrenal.
Allí fue cuando Isha e Ish se mezclaron por primera vez.
El universo ya existía, pero por separado.
Al unir varias realidades, el dolor acompañó por primera vez a la imaginación.
Yo reiné en el Reino de los Cielos.
Fui la primera —dijo Titania—.
Mientras que Satanael fue el primero en ser atado al infierno y atormentado por la eternidad.
Existen millones de almas, y todas reinaron, mientras que otras fueron condenadas al castigo eterno.
Pero cada vez que el mundo se reiniciaba para que otra pudiera reinar, no importaba cuánto, Lucsus jamás reinó.
Por eso se hicieron cuatro bucles necesarios para que él reinara, y este es su reinado.
Titania lloraba, pero intentaba mostrarse fuerte, ocultando su rostro.
—¿Qué estás viendo hacia el suelo?
—preguntó Suruki, intentando calmarla—.
Si este es su reinado, ¿por qué estás triste?
—¿No lo entiendes?
—gritó Titania—.
Por el egoísmo de nosotros, los seres vivos, él vivirá una vida llena de condenas, llena de traumas.
Los experimentará cada uno de ellos, y no tendrá permitido morir.
Su alma es la de Ish, y la mía, la de Isha.
Ambos albergamos en nuestro interior todas las almas existentes y las combinamos.
Lo que yo sufrí todos estos milenios no se compara con lo que él vivirá.
Ka’na comenzó a aparecer como una silueta, hasta que todos pudieron verla claramente.
Se acercó a Lucsus y lo abrazó.
—Amo, soy parte de ti.
No puedes simplemente hacerme a un lado.
—Lo sé.
Discúlpame, pero lo volvería a hacer.
Ka’na lo abrazó con más fuerza.
—Es obvio que tu orgullo no te dejaría, pero ¿por qué, si tienes Frío Abismal?
—Estos son valores, no referentes a mi arte sagrado Frío Abismal.
Ka’na sonrió.
—De igual manera, ponte en mis zapatos, por favor.
No me sobreprotejas.
—Lo siento, Ka’na, pero bueno, solo esta vez te dejaré compartir ese dolor conmigo.
Titania adoptó una postura defensiva.
—¡Cadenas del Duende, escuchen mi llamado y protéjanme de todo arte sagrado!
Las cadenas envolvieron el cuerpo de Titania en relámpagos.
El arte sagrado en sí ya era poderoso, pero ella estaba tan débil que ni siquiera alcanzaba el nivel de un Primer Cielo.
Sin embargo, su aura era imponente y emanaba una energía oscura extraña que hacía que todos sintieran terror en su interior.
—Con la energía del Cultivo del Movimiento, no podrás traspasar mis defensas.
Lucsus lanzó un leve resoplido.
—No es necesario que las atraviese.
Levantó suavemente la mano y expulsó una energía similar al aura que emanaba Titania.
—La energía del Movimiento es como la energía del universo.
Ahora puedo sentirla… y también robarla.
Lucsus apretó el puño, y Titania cayó de rodillas de golpe.
Toda esa energía oscura que causaba terror —incluso Irina sintió ganas de salir corriendo— había sido absorbida y ahora la emanaba Lucsus.
Lucsus comenzó a temblar levemente, hasta que empezó a convulsionar casi.
Titania, de rodillas, le suplicó: —Déjame cargar con algo de tu dolor.
Y él le respondió: —Cuando genuinamente sientas ganas de hacerlo, te dejaré.
Mientras tanto, disfruta tu vida al máximo.
Yo, como ente superior junto con Ka’na, enfrentaré todos los pecados que cometiste, cargaré y enfrentaré tus traumas, dejándote impune para que puedas ascender al Reino de los Cielos Titania TDA heilich en el momento oportuno.
Una energía blanca y negra envolvió los cuerpos de Ka’na y Lucsus, como llamas que se unían, dibujando una esfera en la que parecían nadar entre gritos que oprimían el corazón de todos los presentes, especialmente el de Titania, porque le había quitado todo el dolor acumulado durante años, recuperando así su poder: el Décimo Cielo de Poder.
Titania se levantó y elevó su energía, pero la controló: —¡Arte Sagrado: Cadenas del Duende Eléctricas!
La cadena salió a una velocidad que rompía varias veces la velocidad de la luz, con una fuerza que distorsionaba el espacio, pero fue frenada y desviada por las llamas negras y blancas.
Era el poder de un Décimo Cielo de Poder, y aun así no podía hacer nada contra la misma energía del Cultivo del Movimiento que había absorbido de ella.
—¡Maldita sea!
—gritó Titania con fuerza.
Suruki, preocupada, no dijo nada.
Irina se acercó y comentó: —Habrá que esperar qué sigue después de esto.
Quizás cuando la Reina Esquizo regrese, ella pueda pensar en algo.
Kevin, Yeli, Bonny y Celica estaban tan sorprendidos que no encontraban manera de opinar sobre la situación.
Y Rías no se quedaba atrás.
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