El juego del Mesías - Capítulo 98
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98: La resolución 98: La resolución Roosevelt se levantó.
—¡Qué dolor!
—dijo, para después observar una escena que nunca se habría atrevido a imaginar: la Reina Esquizo estaba arrodillada ante un joven.
No pudo contener la sorpresa, pero se apresuró a despertar a Murai.
Murai nunca había tenido el placer de conocer a la Reina Esquizo en persona, aunque la había visto miles de veces en pinturas.
—¿La… la Reina Esquizo?
No puedo creerlo, es ella en persona… —murmuró.
Y no solo ella: todos esos guerreros, incluido Wan Wantia, estaban arrodillados.
¿De qué se trataba esto?
¿Quién era ese joven?
A diferencia de Roosevelt, Murai no era tan paciente.
Se acercó a preguntarle a Wan Wantia: —¿Quién es ese sujeto?
Wan Wantia alzó la mirada y dijo: —Es el m… Antes de que pudiera terminar la frase, la Reina Esquizo lo interrumpió: —¡Oye!
¡Cuida tu lengua.
Wan Wantia se sorprendió.
*¿Qué problema había?*, se preguntó.
—Nadie, a excepción de nosotros, debe saber lo que es este individuo.
¿Quedó claro?
—dijo con un tono serio, casi agresivo—.
Ustedes, Roosevelt y Murai, quedan en retención hasta nuevo aviso.
—¿Qué significa eso?
—preguntó Murai.
Wan Wantia no entendía bien lo que estaba pasando, pero asintió.
—Significa que estarán bajo vigilancia, retenidos en esta prisión.
No se preocupen, no estarán en ninguno de los círculos, sino en un cuarto para huéspedes.
Lo único es que no podrán salir.
—¿¡Qué?!
¿Y por qué nos retiene?
—era lo que quería gritar Murai o Roosevelt, pero ¿quién se atrevería a contradecir a la Reina Esquizo?
—Ustedes, chicas, también.
Aunque sé que no puedo retenerlas a ustedes, Titania y Suruki, pido su colaboración.
Titania la miró brevemente.
El choque de miradas era algo que no se veía a menudo, pues ambas parecían entenderse sin decir una sola palabra.
—¿Así que me conoces?
La Reina Esquizo, cuya figura era imponente, rio sutilmente.
—¿Cómo no conocer al pináculo de poder de hace cuarenta generaciones atrás?
Suruki intervino: —¿Acaso sale en los libros, Titania?
Pero me aseguré de que todas las pruebas de su existencia fueran borradas, como ella me lo pidió.
La Reina Esquizo sonrió.
—No es eso.
La verdad es que la conozco en persona.
—¿¡Qué?!
—Suruki no podía creer lo que escuchaba.
No obstante, Titania la interrumpió: —Déjala, no está mintiendo.
Y mejor deja de preguntar cosas tan personales delante de tantas personas.
Irina intervino: —Es verdad, no sabes quién puede estar escuchando o qué pueden hacer con esa información.
Lucsus también intervino: —Ya es tarde.
Esta información llegará al oído que menos quisieras que llegara, Esquizo.
Wan Wantia frunció el ceño y dijo: —Cuida tus palabras, estás hablando con la rei… —luego se detuvo, recordando que el joven era el Mesías.
Hizo una pausa y se mantuvo en silencio.
Algo que Murai y Roosevelt no pasarían por alto.
Irina preguntó: —¿Y cómo saben ellos de tu despertar?
¿Es un destino que puedes ver?
¿O es que alguien te va a traicionar?
Lucsus negó con la cabeza.
—De ahora en adelante, ya trascendí, y ahora soy un espejo de sus peores dolores.
Cada vez que un ser vivo tenga un gran dolor encima, yo lo cargaré con él.
Con respecto a tu pregunta, no hará falta decirlo: ellos lo sabrán apenas me vean.
—¿¡Qué?!
¿Quiénes?
Lucsus, sin vacilar, dijo con seguridad: —El Reino del Duende será el primero en acusarme de hereje y querrá cazarme por ello.
Ka’na, que estaba a su lado, respondió: —Así es.
Pero es porque ahora es el reino con más pecados encima, y querrán bombardear a mi amo.
Esquizo, sin mostrar un ápice de compasión en su mirada, dijo: —Entonces eliminaré al Reino del Duende.
Suruki entrecerró los ojos, pues ella era del Reino del Duende, al igual que Titania.
—Pero la reina ha vuelto —dijo Suruki a Esquizo—.
Si ella dice que no se cazará, no se hará.
Esquizo respondió: —¿Crees que creerán en una reina ya olvidada, de la que ni siquiera hay registros, como tú acabas de decir?
Suruki tomó aire.
—Pero ese es el reino por el que Titania y yo peleamos tanto.
No es posible que dejes que lo destruyas así nada más.
Titania intervino: —Un momento, ustedes no saben ni de qué hablan.
Para empezar, nada se solucionará matando al Reino del Duende.
Y para terminar, es lo que diga el joven Lucsus.
Titania sabía que igual había que tratar de no revelar que Lucsus era el Mesías, así que lo llamó así.
Lucsus habló: —Bueno, lo primero y único que tengo en mente es avanzar.
El dolor que he sentido hasta el momento son los pecados mortales; faltan los trascendidos.
Serán aún peores, pero con ayuda de ustedes sé que los podré encarar.
—¿Pecados?
¿De qué está hablando?
—murmuró Roosevelt.
Niel rápidamente dijo: —Mejor saquenlos.
—Así es —asintió Esquizo—.
Beatriz, hazme el favor y escolta a Murai y Roosevelt a la oficina.
—Claro que sí, Reina Esquizo.
Carmesí y Patria pensaron que también las sacarían, pero para su sorpresa no pasó.
Se fueron y las dejaron escuchando.
—¿Y por qué tanta confianza depositada en Beatriz?
—preguntó Carmesí.
Ka’na le respondió: —Porque Beatriz es la líder encargada de las barreras.
—¿¡Qué?!
—Carmesí y Patria no podían creerlo.
¿Cómo era eso posible si ella era una niña perdida?
—En efecto —dijo Esquizo—.
Pero parece que desde que entró Niel a las barreras, algo pasó y perdí contacto con ella.
Esa era la otra razón por la que te mandé directamente a ti, Wan Wantia, ya que la identidad de Beatriz es un secreto hasta para el jefe de prisión, Murai.
Niel aún tenía la iluminación presente en los ojos, como un ser que crea y que está conectado con el universo.
—Ahora lo sé, pero en su momento solo vi algo en ella.
De seguro la barrera le quitó sus poderes al yo entrar, para que fuera mi guía y la de todos.
—¿Quieres decir que lo escribiste?
—dijo Suruki.
Titania, que tiene el alma de Isha, negó con la cabeza: —Ella es la guía de los círculos del infierno, y el destino está atado para que sea así.
Su memoria no fue borrada; ni está viviendo un guion.
Todas sus acciones las hace por decisión propia, y al vivir dentro de la barrera sin poderes, la dejó en un estado mental en el que la hizo olvidar.
No fue hasta que vio a Lucsus ser torturado que lo recordó.
Si se acuerdan, fue la única —excluyendo a Niel, claro— que no torturó a Lucsus.
¿Es una esclava del destino?
La respuesta es no, ya que ella decidió vivir así —dijo Lucsus.
Esquizo asintió con la cabeza: —Así es.
Y siempre que guía a alguien a través de los círculos, le pregunto si está bien, y me responde que sí.
Así que no hay que preocuparnos por ella.
Ella es la guía, y los que trascendieron el infierno de los círculos son ustedes cuatro: Niel, Lucsus, Carmesí y Patria.
Si quieren algo, no duden en pedirlo.
Ustedes son las personas más cercanas al Mesías, aunque me duela decirlo.
Y aunque lo hayan torturado tanto, eso solo refleja la gravedad de sus traumas.
Así que no se sientan culpables.
Ka’na no parecía de acuerdo, pero poco podía hacer, porque ahora era visible, aunque igual no podía tocar nada.
Irina se acercó a Lucsus muy calmada.
—Me llamo Lux Yiner.
¿Y tú?
—Soy Lucsus.
Un gusto.
Irina extendió su mano y se la estrechó.
—Bien, entonces cuéntanos cómo te podemos ayudar.
Lucsus la miró a los ojos con calma y vio la gran oscuridad que albergaba su mirada.
—Lo primero que tengo que hacer es que me activen las venas profundas, para poder cultivar y defenderme de lo que viene, porque desde ahora viene la lucha contra mi dolor.
Nunca voy a poder morir; estoy condenado a la vida eterna.
Pero gracias a eso, podré alzarme en la cúspide del poder, al igual que Niel, Carmesí y Patria.
Tenemos la inmortalidad.
—¿¡Qué?!
¿Cómo así?
¿Estás hablando en serio?
—preguntaron Patria y Carmesí.
Niel dijo: —Así es.
Todo aquel que trascienda los círculos del infierno trascenderá y tendrá vida eterna.
Y sí, hubo un círculo que cruzamos sin tener que tocar el suelo, y eso fue porque Beatriz vio que no era necesario.
Wan Wantia se impresionó: —¿Cómo es que puede hacer barreras tan formidables, Reina Esquizo?
—Esas barreras no las hice yo.
—¿Entonces el Overlord?
—preguntó Wan Wantia.
—Tampoco.
Aunque fueron levantadas por mí, eran un arte sagrado milenario.
Comprendo su base y construcción porque había un manual, así que decidí usarlo como prisión, para ser la prisión más fuerte que existe, ya que nadie puede escapar de sus leyes a menos que poseas un fragmento de mi aura, que fue quien la levantó.
Wan Wantia rio: —No sea tan humilde, usted fue quien pudo usar ese arte sagrado, así que es suyo.
La Reina Esquizo movió la cabeza de lado, ignorando el comentario de su soldado, y dijo: —Pero quizás los cultivadores de séptimo cielo no les afecten estas leyes, ya que se requirió mi sexto cielo de poder para levantarlo.
Niel le dijo: —En el Reino Esquizo no hay nadie con ese cielo, ni en el del Duende, pero en el del Dominio sí.
—Así es —asintió Esquizo.
Mientras tanto, Lucsus hablaba con Irina: —Entonces, ¿si completo este circuito me haré inmortal?
—Si lo completas, sí.
Si no, vivirás en un infierno eternamente, o por muchos milenios.
Además, necesitarías un guía, o sea, a Beatriz.
Y la inmortalidad no sirve para batallas.
—¿Por qué?
—preguntó Irina, muy curiosa.
—Porque el tiempo que tarda en volver a unir tu cuerpo es mínimo, dependiendo de qué parte de tu cuerpo haya que recomponer.
Esto puede durar hasta cien años.
Tu corazón deja de palpitar, pero tu cerebro no deja de trabajar, una pequeña parte.
—¡Ohhh!
No solo Irina; todos quedaron sorprendidos.
—Si quieres reconstruir tu cuerpo antes de morir, está la Voluntad de Rafael, para quien la hereda.
Adicionalmente, la tenemos Titania y yo, quienes ya saben que tenemos el alma de Isha e Ish.
La Voluntad de Rafael debe yacer en uno de los presentes aquí.
Es la que, en un mundo no muy lejano al de hoy —quizás no existente—, se le conoce como fuerza débil, capaz de cambiar la forma de la materia.
Irina sonrió al escuchar eso.
—Sí, ya todos hemos oído hablar de las voluntades.
Es algo de escuela básica.
Todos asintieron, menos Kevin, que dijo: —Lo siento, pero es primera vez que escucho de eso.
Lucsus rio.
—¿De dónde eres?
—le preguntó.
—Soy de un pequeño pueblo.
—Eres aquella persona que me ayudó.
Déjame agradecerte una vez más.
Kevin movió rápidamente la cabeza de lado y se inclinó: —Más bien, discúlpeme por no haber hecho más.
Ka’na rio y le dijo: —¿Sabes lo que hizo?
Él se pasó solo la Grieta de la Ambición.
—¿¡Qué?!
¡No puede ser!
—dijo Kevin—.
Es imposible para alguien con su habilidad.
Ka’na rio y dijo: —Así es como se acomoda el mundo para que pase el rey.
Pero desde su despertar, ya no será así, porque ahora es inmortal, y su mismo mundo interno lo quiere echar para afuera.
Él no ha vivido sus traumas, y cuando tenga el poder, lo hará.
Además con los ojos que lo puede ver todo puedo ver que tú tienes la voluntad de Rafael, quien lo diría el que no la conoce es quien la tiene.
Que ?
Yo tengo esa misteriosa voluntad?
Y no eres el único , la chica de la lanza tiene a Miguel, suruki tiene a Gabriel Eso sí lo sé dice suruki es mi habilidad más fuerte Bonny no podía creer que ella poseia tal habilidad y por qué su hermana mayor Irina no tendría una voluntad?
Pregunto y lucsus le dijo porque son las almas verdaderas de cada arcángel La Reina Esquizo dijo: —Está bien, vamos a la capital hay que dejar ese tema para otro día .
Todos ustedes son importantes para que el Mesías crezca, así que los invito a que vengan conmigo.
Yeli rio con desdén: —De igual manera, solo estás adornando las palabras.
Igual no nos dejarás ir, ¿verdad?
Suruki le preguntó a Titania: —¿Qué te parece?
¿Hay que ir con ellos?
—Vamos —respondió Titania con nostalgia en sus palabras.
—Vamos, Lucsus.
Allí activaré tus venas profundas —dijo Esquizo, sonriendo como nunca antes.
Y eso lo notó Wan Wantia.
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