El juego del Mesías - Capítulo 99
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99: Camino a la capital frenia 99: Camino a la capital frenia El día seguía su curso; la noche no tardaría en llegar.
Lucsus caminaba hacia un carruaje que había salido de la prisión escoltado por todas las personas que estaban a su lado.
Para que su apariencia no fuera revelada, fue vendado, al igual que Niel.
Antes de montarse, miró hacia una dirección incierta, donde no había nada más que aire y arena levantada por un torbellino.
—¿Ocurre algo, señor Lucsus?
—preguntó la Reina Esquizo, con gran malestar en su voz, como si algo le doliera, como si compartiera el dolor y la melancolía de la mirada del joven.
—Haaaa… —suspiró profundamente, luego la miró a los ojos—.
Hay una mujer y una niña que vinieron conmigo a este reino.
Me gustaría que nos acompañaran.
¿Sería una molestia pedir que vengan con nosotros?
La Reina Esquizo apaciguó su mirada; sus ojos rojos se estremecieron.
—Por supuesto que pueden venir.
Las personas que usted crea merecedoras de su presencia son bienvenidas.
Ka’na, quien caminaba a un lado de Lucsus, tomó su brazo como siempre, desprendiendo un aroma muy particular, y su tacto ahora era más perceptible que antes.
—Se trata de Angi y Violeta, ¿verdad, amo?
—dijo la media zorra.
La Reina Esquizo asintió.
—No hay problema.
Solo díganme su ubicación y las mandaré a buscar, mientras nosotros vamos directo a la capital, Frenia.
El carruaje de Wan Wantia solo tenía espacio para seis personas.
Había la opción de pedir más carruajes a la prisión de Dante, pero Titania se negó, diciendo que quienes estuvieran por encima del Primer Cielo seguirían al carruaje volando.
Todos estuvieron de acuerdo.
Dentro del carruaje iban Niel, Patria, Carmesí, Lucsus, Rías y la Reina Esquizo.
Esta última tenía mucho más que un Primer Cielo, pero tenía mucho que conversar con Lucsus.
El carruaje llevaba un rato rodando, y la Reina Esquizo no quitaba la mirada de Lucsus.
Ka’na habló con su tono de voz seductor y peculiar; ella no estaba manifestada físicamente, sino dentro de la espada de Lucsus, aunque ya todos podían oírla.
—Parece que las ganas de tener información sobre lo que desconoces te superan, Esquizo —dijo, como si tratara a un humano más y no a la poderosa, sabia y casi perfecta Reina Esquizo.
La reina no se sintió atacada; más bien, se rio.
—Interesante… Tú debes ser la espada que causó tanto revuelo en el museo.
Todos en el reino hablan de ti.
Tu nombre es Ka’na, ¿no?
La media zorra respondió con un tono más alto: —¿Inmediatamente?
¿Quién te dijo?
De pronto, una belleza de pelo escarlata y ojos azules intervino en la conversación.
—L-lo l-lo siento mucho… De camino al carruaje, ella me preguntó y yo le dije.
No pensé que se enojaría.
Ka’na suspiró.
—No estoy enojada, solo grité por la sorpresa.
La Reina Esquizo rio.
—¿En qué cielo de poder estás?
¿Puedo saberlo?
—Estoy en el Décimo Cielo de poder, al igual que Titania.
—¿Titania?
—preguntó Esquizo.
Rías intervino: —Así es.
Parece que tiene el alma de uno de los dos originales del mundo.
—¿En serio?
—Niel también se unió a la conversación, e informaron a Esquizo sobre todo.
Y así pasaron los días hasta que llegaron a la capital, Frenia.
—Señor Lucsus, hemos llegado.
Bienvenido a Frenia.
La ciudad era amplia, llena de paisajes.
No había casi humanos; en su lugar, había seres traslúcidos, ganado traslúcido, e incluso, donde se acumulaban personas entrenando en fila, había un ser traslúcido que las supervisaba.
—¡Ohhh!
Todos estaban sorprendidos, incluidos muchos de los que volaban siguiendo al carruaje.
—Es como un parque fantasma —dijo Irina.
Lucsus también lo pensó, aunque no se referían al mismo parque: a él le parecía uno de terror.
La gente del pueblo no estaba dispersa; estaban bien arreglados y todos llevaban consigo una espada, excepto los seres fantasmales.
La Reina Esquizo, que mantenía los ojos cerrados y una gran sonrisa, los abrió y dijo: —Esta es la ciudad de Frenia, donde los más poderosos son los que tienen pactos con los espíritus o, en su defecto, los que dominan a un animal espiritual.
Lucsus preguntó: —¿Y los caballos, por ejemplo?
¿Cómo funcionan?
—Eso es muy sencillo.
Esos animales son domesticados después de muertos, haciendo pactos tan simples como extraer cierto porcentaje de tu energía de cultivo.
Lo hacen diariamente, por eso no afecta casi la energía del cultivador.
Lucsus, aún con dudas, dijo: —Entonces, ¿un paladín no puede tener esa clase de pactos?
La Reina Esquizo negó con la cabeza.
—No puede.
Esa es una de las razones por las que mi reinado es absoluto, y por lo que mis generales de mayor rango son seres traslúcidos.
En toda la escala de paladines, solo Wan Wantia y Silver pueden intentar imitar nuestras fuerzas en todo el Reino Esquizo.
Lucsus entrecerró los ojos.
—¿Y quiénes rivalizan contra ustedes?
—¿Hablas a nivel mundial?
—preguntó Esquizo.
—Así es.
No tengo la más mínima idea de cómo es el poder aquí en este mundo.
La Reina Esquizo estaba intrigada; no podía creer que estuviera hablando con un ser que claramente venía de otra dimensión.
—Te explico: hay cuatro reinos que son los más poderosos que existen, pero entre esos cuatro se alza uno con el nombre del Dominio.
Es el más fuerte de todos, tanto que ni siquiera si se unieran los otros tres reinos podríamos derrotarlo.
El Dominio hace las leyes y nombra a los que se convierten en reinos y semirreinos.
Ahora, de estos semirreinos, hay cuatro, de los cuales el más poderoso es el Semirreino Mágico.
Y de igual manera, aunque se unieran los otros tres semirreinos, no podrían derrocarlo.
De allí vienes tú, ¿no, pequeña Rías?
La pequeña Rías parpadeó y dijo: —Ah, sí, sí… pero jamás podríamos compararnos a un reino, y mucho menos al Reino Esquizo, que es conocido porque, si no existiera el Reino del Dominio, claramente usted se alzaría con todo el poder, ya que ni siquiera uniéndose todos los semirreinos y reinos restantes podríamos derrocarlo.
La Reina Esquizo movió la cabeza de arriba hacia abajo.
—Y no te equivocas, niña.
Podríamos pisotearlos con facilidad, pero no es forma de reinar.
Por eso, que tú, la Santa del Semirreino Mágico, estés aquí puede ser vista como una ofensa, o pueden intentar decir que queremos tu poder místico para hacernos con las fuerzas perdidas, y eso nos traería problemas con el Reino del Dominio.
—Lo sé.
Así que, por favor, perdóneme, Reina Esquizo.
Mi familia lo sabe, y mi semirreino jamás sería capaz de hacer tal cosa.
—Haaaa… —exhaló de forma amarga la reina—.
Bueno, siguiendo con el tema, señor Lucsus… —No me digas “señor Lucsus”.
Está bien.
—Ahh… —la reina intentó decir “Lucsus”, pero no pudo evitar el “señor”—.
L-luc… señor Lucsus… lo siento, no puedo.
—Bueno, está bien.
Llámame como te sientas más cómoda.
—Está bien —dijo, mientras continuaba con el discurso—.
Luego de los semirreinos vienen los clanes.
Existen ocho clanes, los cuales son muy poderosos, pero no tienen nada que hacer ante un solo semirreino.
Y luego de ellos, los pueblos, que son cuarenta.
Y por último, el país más grande y el único existente: el de los Exiliados.
Los pueblos son las personas más débiles, por eso casi siempre son los emigrantes del País de los Exiliados.
Y por último, está otro continente, del cual solo el Reino del Dominio conoce: el Continente Maníaco.
Porque la unión de todos los pueblos, clanes, semirreinos y reinos nos convierte en el Continente Diagnosticado.
Lucsus por fin entendía cómo estaban distribuidos los poderes en ese mundo, y le preguntó a Carmesí y a Patria: —¿Y ustedes de dónde son?
Carmesí respondió casi al instante: —Yo soy del País de los Exiliados.
Vine aquí, pero llegué tarde, así que entré ilegal.
Por otro lado, Patria dudaba en decir de dónde provenía, lo que la volvió sospechosa.
La Reina Esquizo lo notó y dijo: —No te preocupes, eres una elegida por el Mesías.
No temas en revelar de dónde provienes.
Patria miró a los ojos de Esquizo y dijo: —Soy Patrias, la hija mayor de la familia Tiao.
La Reina Esquizo entrecerró los ojos.
—¡Oh…!
Ya recordé.
Eres esa chica de la que rumorean que los espadachines de mi país se matan por ella, y que fue condenada por utilizar la lujuria para seducir a tantas personas como pudiste.
Patria bajó la cabeza, y Lucsus intervino: —No te preocupes por ella.
Yo llevo sus pecados conmigo.
Desde hoy, puedes elegir en quién te conviertes.
Y como si algo fuese removido en Patria, un dolor recorrió y luego se mantuvo clavado en su pecho.
Comenzó a contener el llanto hasta que las lágrimas brotaron en montón.
—¿Cómo puedes decir eso después de lo que te hice?
¿En qué eres diferente al resto?
—respondió Patria llorando.
Lucsus se acercó a ella, arrodillándose y colocando sus manos sobre las de ella.
—No, yo no soy diferente al resto.
Soy el peor de los peores.
Cada pecado que puedas imaginar, yo lo he cometido.
Desde que Jesús bajó por primera vez a la cruz, yo he reencarnado, y en cada vida he vivido el pecado en su máxima exponencia.
En otras palabras, sé cómo te sientes.
—Sí, lo sé, ya lo escuché… pero lo siento, no puedo evitar pensar en un Mesías salvador, y tú… La Reina Esquizo arqueó una ceja.
—Oye, niña, después de todo lo que le hiciste en el círculo de la traición, ¿te atreves a juzgarlo?
Patria no dejaba de llorar, así que Lucsus la abrazó.
—No le digas eso, Esquizo.
Yo a ella le hice mucho daño.
Y el verdadero Mesías, el salvador que vino por primera vez a la cruz, fue Niel, y Titania tomó su lugar.
En otras palabras, el que los llenó de sabiduría fue Niel, pero la crucificada fue Titania.
El lugar del crucificado cambia según en quién se convirtió en Dios, pero en mi caso, fueron necesarios crear cuatro infinitos para tomar el lugar de Titania, que es el punto de partida.
Patria se calmó un poco y dijo: —No entiendo muy bien lo de los infinitos, pero suena a que todos ya tuvieron la oportunidad de ser Dios y volvieron el mundo un caos por su egoísmo, y Niel, quien es el Dios de la Creación o Jesús, tuvo que fragmentar tu alma para así poder ejercer como Dios de este nuevo y eterno mundo.
La Reina Esquizo sonrió.
—Veo que eso sí lo entendiste bien.
Él es la única alma con derecho a tomar el trono por la eternidad, y ya unificó los cuatro infinitos, ¿no, Ka’na y Niel?
—Así es —respondieron al unísono.
—¿Te encuentras mejor, Patria?
—le dijo Lucsus, y esta, por primera vez, le sonrió.
—Sí, ya estoy mejor.
Creo que necesitaba expulsar eso que tenía en el pecho.
—No te preocupes, y recuerda que siempre estaré de tu lado.
Y aunque te lastime, es porque así nuestras almas lo decidieron.
—Está bien… no te preocupes.
De hecho, espero que de ahora en adelante puedas confiar en mí de forma genuina —dijo Patria.
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