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El legado de la espada drakon temporada 2 - Capítulo 18

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18: Odin…?

18: Odin…?

Cuando Zareth se despidió de Amaterasu y Susanoo, quedó mirando el inmenso vacío de su dominio, un espacio sin fin donde cristales y mundos se extendían como estrellas en un cielo eterno.

Zareth Kai: Sans… ¿qué deseas hacer ahora?

Sans: Mi señora, deseo levantar un imperio.

Te agradezco por haberme concedido la creación del reino.

Zareth Kai: ¿Y cómo se llamará la jerarquía de caballeros?

Sans: Se llamará Los Siete Destellos.

Zareth Kai: Un nombre digno para dioses poderosos.

De pronto, una vibración estremeció el dominio.

Un portal comenzó a abrirse, desgarrando el vacío con un rugido de poder.

Sans lo miró con duda, mientras Zareth entrecerraba los ojos.

Zareth Kai: …Ese portal no debería estar aquí.

Un destello emergió del otro lado, y Susanoo salió disparado hacia atrás, herido.

Zareth lo atrapó en brazos antes de que cayera.

Susanoo: ¡Zareth!

Odín ha perdido la cordura.

Él y sus dioses buscan el poder del Sol, quieren arrebatárselo a Amaterasu.

Baldur intentó forzar la entrada a su reino, pero fue rechazado.

Odín, enfurecido, envió a Thor como su ejecutor.

Logré escapar… apenas.

Zareth Kai: Ya entiendo.

Pretenden usar el Sol como arma contra los reinos.

Sans: ¿Mi diosa?

Zareth Kai: Sí, Sans… este es tu momento.

Sans cruzó el portal con decisión.

El paisaje al otro lado era un campo devastado, donde relámpagos caían sin cesar.

Allí, Thor aguardaba con Mjölnir en alto, su mirada encendida por la ira.

Thor: ¡Por orden de Odín, caerán quienes se interpongan en nuestro camino!

¡GOLPEA, Mjölnir!

La descarga descendió con furia divina, pero Sans alzó la Espada Drakon y detuvo el impacto, liberando un estallido que hizo temblar el suelo.

El choque de energías iluminó todo el lugar y abrió grietas en la tierra calcinada.

Thor: ¿Y tú quién eres, mortal?

¿Cómo puedes resistir el poder del martillo de los dioses?

Sans: Retírate.

En mi mundo, tú solo eras un cuento… pero ahora sé que existes.

He visto a la diosa Amaterasu, y ahora tu martillo.

No necesito más pruebas.

Thor rugió y embistió con la fuerza de una tormenta, girando el martillo en círculos que levantaban huracanes de rayos.

Sans respondió blandiendo la Espada Drakon, cuyas ondas de energía cortaban el aire y dividían las tormentas.

El primer choque directo hizo que montañas enteras a lo lejos se desplomaran bajo la presión.

Thor: ¡Los asgardianos no perdonamos!

Arrojó el martillo hacia Sans como un relámpago viviente.

Sans lo interceptó con un tajo ascendente y, alzando la espada, gritó con voz firme: Sans: ¡Amaterasu!

Un fuego blanco sagrado envolvió la hoja, creando un muro de llamas que detuvo el impacto y devolvió la energía en una explosión colosal.

El martillo regresó a la mano de Thor, pero no sin dejarlo tambaleante.

Sans: Esa arma… no es invencible.

Thor gruñó, golpeando el suelo con Mjölnir.

Una ola de electricidad cubrió el campo, desgarrando el aire.

Sans avanzó envuelto en fuego blanco, y ambos chocaron en un estallido de luz que deshizo la tormenta por un instante.

El enfrentamiento entre la furia de un dios y la voluntad de un elegido apenas acababa de comenzar.

La espada Drakon, envuelta en las llamas blancas de Amaterasu, cruzaba contra el martillo de Thor, cada impacto liberando ondas de energía que desintegraban la tierra a su alrededor.

Thor, con una sonrisa fiera, retrocedió unos pasos y levantó Mjölnir al cielo.

Thor: ¡Einherjar, acudan a la batalla!

El firmamento se desgarró y cientos de guerreros etéreos, armados con lanzas y espadas bañadas en relámpagos, descendieron como un ejército de sombras luminosas.

Sus gritos de guerra llenaban el aire.

Sans apretó los dientes, la espada brillando con un fuego que ardía en su propia piel.

Sans: ¡Entonces que arda todo contigo!

¡Amaterasu!

Señaló con la espada hacia el ejército, y las llamas blancas se expandieron como un océano ardiente.

Los Einherjar gritaban mientras sus cuerpos eran consumidos, no por un fuego normal, sino por uno que devoraba incluso su esencia.

Cada guerrero caído estallaba como cenizas en el viento, incapaz de regresar al Valhalla.

Thor rugió de furia.

Thor: ¡Maldito mortal!

¡Te atreves a privar a mis guerreros de su gloria eterna!

Impulsándose con el poder del rayo, cargó contra Sans.

Sus golpes eran como meteoros: cada embestida del martillo rompía el suelo, levantando montañas de roca y energía.

Sans, aunque temblaba bajo la presión, contraatacaba con la Drakon.

Cada tajo liberaba ondas de fuego blanco que chocaban con los relámpagos.

En un instante, Sans saltó hacia adelante y lanzó una estocada directa al pecho del dios.

El choque levantó un destello cegador.

Thor retrocedió tambaleante, una marca ardiente brillando en su armadura.

Thor (gruñendo): …Esa espada… no es de este mundo.

Sans (jadeando, con la mano quemada): Y tampoco lo es este fuego.

Thor levantó el martillo con ambas manos, el cielo entero oscureciéndose.

El rugido de un trueno cósmico resonó, y un rayo del tamaño de una montaña descendió, directo contra Sans.

Sans alzó la Drakon, y en un grito desesperado: Sans: ¡AMATERASU!

Las llamas blancas envolvieron la espada y se elevaron al cielo, dividiendo el rayo en dos.

La explosión resultante fue tan colosal que abrió grietas dimensionales alrededor del campo.

Ambos quedaron jadeando, envueltos en luz y destrucción.

Thor con Mjölnir ardiendo en rayos, y Sans con la Drakon envuelta en fuego infinito.

El campo de batalla ya no era tierra, sino un vacío fracturado por la colisión de dos poderes divinos.

Zareth, observando desde su dominio, susurró: Zareth Kai: Azrael… Hanzo… Con un chasquido de dedos, ambos fueron arrancados de sus dominios y aparecieron de inmediato ante ella.

Azrael, al reconocer la presencia abrumadora de Zareth Kai, se lanzó contra ella con furia.

Azrael: ¡¿Quién demonios eres?!

Pero Zareth lo atrapó de la cabeza con una sola mano y lo estampó contra el suelo, abriendo una grieta que se extendió como un terremoto.

Azrael (jadeando): M-mierda… ¡qué fuerza!

Hanzo no dudó ni un segundo, alzando la Lanza Aethernos que brilló como un sol en miniatura.

Hanzo: ¡Lanza Aethernos!

¡Forma 8!

Un rayo de luz devastador cayó sobre Zareth Kai con violencia celestial.

La diosa lo resistió, su cuerpo envolviéndose en una energía oscura y luminosa al mismo tiempo.

Zareth Kai (gritando, su voz retumbando en todo el dominio): ¡YAAAAAAH!

El estruendo hizo temblar los cristales y los cielos.

Con un ademán de su mano, desvió el ataque y señaló el portal donde Sans combatía contra Thor.

Zareth Kai: ¡Basta de esto!

¡Vayan y peleen junto a ese humano!

¡Soy Zareth Kai!

Después les explicaré lo que está pasando… ¡pero ahora, peleen!

Azrael (con una sonrisa torcida): ¿Pelea?

¡Me encanta la idea!

Hanzo: ¡Azrael, espera!

Pero Azrael ya se había lanzado de cabeza al portal, riendo de emoción.

Hanzo bufó, giró la lanza en su mano y lo siguió de inmediato.

El portal los engulló, y de pronto, la furia de dos Soles Crecientes se unió a la tormenta donde Sans y Thor se enfrentaban…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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