El legado de la espada drakon temporada 2 - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 la pelea de dioses
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19: la pelea de dioses 19: la pelea de dioses Azrael y Hanzo comenzaron a descender desde el cielo al entrar al dominio.
Al tocar tierra, Azrael percibió algo inquietante: su omnisciencia no funcionaba en este plano, pues era superior incluso al de los reinos, y además… Sans portaba la Espada Drakon.
Azrael: E-ese tipo… ¿tiene la Espada Drakon?
Hanzo: Ya veo… algo raro sucede aquí.
Vamos a ayudarlo y luego aclararemos esto con él.
Antes de que Azrael pudiera avanzar, Baldur surgió de entre el caos y, a gran velocidad, golpeó a Azrael con fuerza brutal.
Hanzo: ¡Azrael, cuidado!
Hanzo entonces notó algo detrás de él: una figura de mirada siniestra, Heimdall.
Heimdall: Así que crees que esa lanza te salvará en medio de este caos.
Hanzo: Tú… tienes omnisciencia… Heimdall: Oh, vamos.
¿Crees que necesito omnisciencia?
Patético.
Puedo leer tu mente y anticipar tus movimientos… ahora, ataca, tipo brillante.
Azrael se incorporó rápidamente tras el golpe de Baldur, la energía oscura chisporroteando en sus puños mientras avanzaba directo hacia él.
Cada embestida era precisa, midiendo la fuerza de Baldur y buscando romper su defensa sin apresurarse.
Hanzo, justo detrás, apuntó la Aethernos hacia Heimdall: Forma 1 – Ciclón Colosal: La lanza generó un enorme torbellino de luz divina que giraba lentamente, desplazando la atmósfera y obligando a Heimdall a reajustar cada movimiento.
La velocidad era visible y controlable, permitiendo que Hanzo mantuviera la distancia mientras evaluaba sus ataques.
Baldur, furioso, lanzó un golpe explosivo hacia Azrael.
Este esquivó con un movimiento medido, usando su sombra para amortiguar parte del impacto, y contraatacó con un combo de puños oscuros que impactaron en el pecho de Baldur, dejando un surco de energía corrupta.
Heimdall respondió, esquivando el Ciclón Colosal, y avanzó hacia Hanzo, su mirada penetrante buscando cualquier falla.
Hanzo no titubeó y activó: Forma 4 – Asalto Quíntuple: La Aethernos se multiplicó en cinco lanzas, cada una apuntando estratégicamente a un objetivo distinto.
Tres de ellas bloquearon los ataques de Heimdall mientras las otras dos se dirigían hacia posibles aperturas, forzando al guardián a dividir su atención.
Azrael, percibiendo la distracción, aumentó la presión sobre Baldur, lanzando puños que chispeaban con energía oscura y cortaban el aire como cuchillas densas.
Baldur retrocedió, pero su poder divino se mantenía firme, absorbiendo y desviando algunos de los golpes.
Hanzo ajustó su posición y transformó la lanza: Forma 6 – Ira Solar: La lanza emitió una luz intensa, deslumbrando a Heimdall y quemando el aire con calor concentrado.
No era instantáneo, pero obligaba a Heimdall a cubrirse y reducir sus ataques ofensivos momentáneamente.
Azrael aprovechó para saltar sobre Baldur, lanzando un uppercut oscuro que levantó al dios por unos segundos, aunque la regeneración de Baldur comenzaba a equilibrar el daño.
Baldur intentó un contraataque en línea recta, pero Azrael esquivó con agilidad medida, usando la gravedad y el terreno a su favor, mientras Hanzo mantenía la presión con la lanza, controlando la distancia y los ángulos de ataque.
El dúo avanzaba coordinado: Azrael dominando el combate cuerpo a cuerpo, Hanzo controlando el campo y bloqueando ataques con las formas de Aethernos, manteniendo la pelea equilibrada a pesar de la fuerza abrumadora de Baldur y Heimdall.
Azrael se detuvo en seco, y Baldur lo observó, confundido y alerta.
Azrael: Ya me cansé de contenerme… Una ola de energía oscura se expandió por gran parte del reino, haciendo retroceder a Baldur varios pasos.
La corrupción del poder de Azrael teñía el aire de sombras vivas, palpables y amenazantes.
Baldur: ¿Qué… qué clase de poder es este?
Azrael activó su velocidad original, sin límites, y apareció frente a Baldur.
Un solo golpe lo lanzó por los aires, y antes de que pudiera reaccionar, Azrael reapareció ante él, asestándole un segundo impacto que lo estrelló contra el suelo, creando una grieta gigantesca que recorrió la tierra bajo ellos.
Azrael: ¿Qué sientes ahora?
Baldur soltó una carcajada brutal, sin miedo ni dolor: Baldur: ¡JAJAJAJA!
No… no sentí ninguno de tus golpes.
Azrael, con un movimiento rápido y preciso, lo tomó del cuello y lo quebró con fuerza.
Azrael: Fin del combate.
Hanzo, observando la escena, apretó la lanza con determinación: Hanzo: Bien, Heimdall… ya me cansé de contener mi poder y el verdadero alcance de mi lanza.
Heimdall, con una sonrisa feroz y mirada penetrante, respondió: Heimdall: Sabía que te contenías… ¡JAJAJA!
¡Adelante!
¡Ataca!
Seré yo quien te detenga esta vez.
Hanzo: ¿Te confías porque crees que sabes qué movimientos haré?
¿De qué te servirá si soy tan rápido que no puedes reaccionar?
Heimdall: ¿A qué te refie— Antes de que pudiera terminar la frase, la Aethernos apareció a una velocidad tal que Heimdall ni siquiera alcanzó a percibirla; solo vio su mano caer, cortada, desprendiéndose de su brazo.
Heimdall: ¿C-cómo…?
¿Qué clase de poder es este?
Hanzo: Ahora morirás.
Hasta nunca… Antes de que la palabra pudiera terminar, Freya irrumpió en la escena gritando: Freya: ¡No lo mates!
¡He venido desde nuestro plano!
¡Os pido que hablemos!
Azrael, aún con Baldur agarrado por el cuello, respondió con voz fría: Azrael: Demasiado tarde… yo ya maté a uno.
Pero Baldur abrió los ojos de repente y, con un movimiento a gran velocidad, escapó del agarre de Azrael.
Baldur: Tú… no eres un dios cualquiera.
Azrael (sorprendido): ¿Cómo sigues vivo?
Freya: Él no morirá… a menos que desaparezca de la existencia o… Al oír ese “o…”, Azrael sintió que había una debilidad.
No sabía cuál era exactamente, pero supo que existía un resquicio, una condición que podía explotarse.
Azrael: Bien, te escucho —aunque tienes suerte; no suelo detenerme a hablar en combate.
Freya: Odín es el culpable de todo esto.
Debemos pararlo cueste lo que cueste; si dependiera de mí, preferiría que muera.
Hanzo miró a Sans y a la espada, pensativo.
Hanzo: Recuerdo al sabio siendo millones de veces más poderoso con esa espada… incluso yo podría vencerlo.
Además, ahora que lo veo bien, no parece un dios: parece un mortal.
Freya, ignorando el comentario de Hanzo, continuó con urgencia: Freya: Estáis aquí para defender a la diosa Amaterasu.
Ella seguramente está luchando contra Odín, así que— Antes de que pudiera terminar, desde el palacio de Amaterasu estalló un ataque tan devastador que la onda expansiva lanzó a Azrael por los aires.
Hanzo hizo volar la lanza y se aferró a ella; Freya se mantuvo en pie gracias a magia propia, pero Baldur y Heimdall salieron despedidos.
Hanzo: ¡Qué poder…!
En lo alto, Amaterasu ascendía al cielo con una voz que retumbaba por todo el plano.
Amaterasu: Viejo patético, ¿te atreves a pisar tierra sagrada con tus patéticos dioses?
Sufrirás la ira del Sol.
Desde el firmamento comenzó a llover fuego intenso que hacía vibrar todo, una lluvia de llamas que retumbaba una y otra vez, creando incluso dimensiones que se desvanecían segundos después.
Odín: ¡JAJAJA!
¡ESTE ES EL PODER DEL SOL!
Amaterasu concentró su energía y generó una onda de choque colosal que arrastró a Odín desde el castillo, lanzándolo a gran distancia hasta estrellarlo contra una montaña.
Sans se aferró a la Drakon para no perder el equilibrio ante los terremotos que sacudían el plano.
El estruendo era tan intenso que las montañas temblaban como hojas.
Thor, que había sido lanzado hacia otra cumbre, miraba a la diosa con un temor visceral.
Thor: (jadear) ¡Deberíamos retirarnos… o moriremos aquí!
Sans, aún sin dominar por completo la velocidad que le confería la espada, la lanzó instintivamente hacia Thor.
La Drakon emergió de su mano con una velocidad tan brutal que ni siquiera Hanzo tuvo tiempo de percibir el movimiento; la hoja atravesó el pecho del dios al instante.
La montaña explotó en una lluvia de rocas y fuego; la espada rajó incluso el propio tejido del plano, dejando una cicatriz que brilló unos instantes antes de cerrarse.
Hanzo: (riéndose, asombrado) ¡Ese… ese era el poder de la espada!
Azrael, incorporándose con dificultad, miró la escena con incredulidad y rabia.
Azrael: ¿Y de qué te ríes?
¿No es lógico?
Hanzo: ¡Cállate, zoquete!
Azrael: ¿¡Zoquete yo!?
Zareth Kai, que observaba todo desde su dominio, soltó una risita contenida.
Zareth Kai: Solo falta Alanai —ella sí que se metería en la pelea— y Alcanor… Amaterasu, furiosa, gritó desde el cielo: Amaterasu: ¡Zareth!
¿Por qué no te encargas tú?
Zareth Kai descendió con calma, su aterrizaje retumbando por todo el plano, como un latido que marcaba la diferencia de poder.
Zareth Kai: ¿Y por qué habría de hacerlo yo?
Os mandé tres dioses.
Odín, que había estado observando desde la distancia, no podía creer lo que veía: allí estaba Zareth Kai, uno de los dioses más poderosos de todos los multiversos y dominios.
Odín: (resoplando) ¡Mierda…!
¡Retirada, asgardianos!
Los dioses de Asgard, viendo la presencia abrumadora de Zareth Kai, abrieron portales y comenzaron a huir apresuradamente.
Thor, malherido y yaciendo en la montaña, apenas podía moverse; su mirada se clavó en Zareth Kai, mezcla de sorpresa y dolor.
Sin embargo, Zareth Kai alzó la mano y, por mera misericordia, lo sanó en un gesto frío pero efectivo.
Zareth Kai: Pobre Thor… me das pena.
Tuviste suerte de no enfrentarte a Azrael.
Ahora vete de aquí con Odín o te exterminaré en el acto.
Los asgardianos no esperaron más: todos desaparecieron por los portales, huyendo.
Freya, con la rabia dibujada en el rostro, se adelantó.
Freya: Me marcho de aquí… y tú, tipo de la capucha, no perdonaré lo que le hiciste a Baldur.
Azrael sonrió con malicia, satisfecho.
Azrael: Ya veremos, diosa.
Freya conjuró un portal y se llevó a Baldur y a Heimdall con ella, jurando que esto no quedaría así.
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