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El legado de la espada drakon temporada 2 - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 El Observador Eterno
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3: El Observador Eterno 3: El Observador Eterno  Creador Supremo existía antes del tiempo, antes del espacio, antes de la misma existencia.

Su conciencia abarcaba millones de años, vagando por el infinito sin propósito, sin dirección.

Su poder era absoluto, su conocimiento, ilimitado.

Pero con cada era que pasaba, la eternidad se volvía tediosa, y el vacío en el que residía carecía de algo fundamental: cambio.

Así, en un instante de capricho, decidió crear algo nuevo: los Cinco Dominios.

No fue un acto de compasión ni de necesidad, sino un mero experimento.

Creó un fragmento, un multiverso con su propia cosmología, un escenario en el que las historias podrían desarrollarse libremente.

Su intención no era gobernar ni dirigir, sino simplemente observar.

Desde su trono más allá de la comprensión, ha visto incontables fragmentos nacer y morir.

Cada uno con sus propias reglas, sus propios dioses y héroes, cada uno con versiones distintas de los Cinco Dominios, de Azrael y de incontables figuras poderosas.

Pero este fragmento era diferente.

Aquí, la espada Drakon existía, una creación que contenía dentro de sí el concepto de Plotino, el Uno.

Una idea inmutable, una presencia eterna dentro de la espada, algo que ni siquiera él mismo podría alterar sin deshacer su propia obra.

Lo planeó todo cuidadosamente.

Creó los Cuatro Reinos y luego dejó que la historia siguiera su curso, entregando el destino a las manos de los mortales y dioses por igual.

El mundo que moldeó estaba rodeado de energía mágica, una fuerza omnipresente que fluía a través de todo ser vivo.

Para las criaturas de este fragmento, la magia era tan natural como el aire que respiraban.

Sin embargo, en el Dominio Humano, su diseño tenía una peculiaridad: los humanos eran incapaces de percibirla, incapaces de comprenderla.

¿Fue un error de su parte?

¿O simplemente otro detalle añadido por aburrimiento?

Nadie lo sabe.

El Creador Supremo no siente amor ni odio por su creación.

No tiene favoritos ni elegidos.

Puede aparecer en los momentos más inesperados, pero nunca interviene, pues su único propósito es observar.

A veces trae tragedia solo para entretenerse; otras veces, permite que surja la esperanza, simplemente para ver cuánto tiempo dura antes de desmoronarse.

Él no es un dios benevolente ni un ente maligno.

Es la entidad absoluta, el observador eterno.

Su voluntad es la única ley inmutable, y su existencia es la única constante en un mar de realidades efímeras.

Y aunque este fragmento sigue su propio camino, el Creador Supremo ya ha visto su final.

Porque, al final, todo lo que nace está destinado a desvanecerse, y cuando este fragmento llegue a su fin, él simplemente creará otro.

Y otro.

Y otro más.

Porque, después de todo… no hay nada más tedioso que la eternidad.

Es un observador puro, alguien que ve el desarrollo de sus creaciones como si fueran historias escritas en un pergamino infinito.

No interfiere, pues no tiene interés en cambiar lo que sucede.

Pero cuando lo hace, es solo por capricho.

Puede causar sufrimiento o traer esperanza con la misma facilidad, no porque busque un propósito en ello, sino simplemente para ver cómo reacciona su creación.

Su abrumador conocimiento le ha hecho caer en un estado de aburrimiento eterno.

Ha visto todo, ha creado todo, ha destruido todo.

Nada le sorprende realmente, pero sigue creando nuevos fragmentos para evitar la monotonía.

Aun así, no siente apego por nada de lo que crea; cada universo, cada ser, cada historia es solo un experimento en un mar infinito de posibilidades.

Su sentido del humor es extraño, retorcido y a menudo incomprensible.

Puede sembrar el caos en un mundo solo para ver cómo las piezas vuelven a encajar, o puede dotar a un mortal de un poder inconcebible solo para observar qué hará con él.

Pero, en última instancia, no le importa el destino de sus creaciones.

Cuando un fragmento se vuelve aburrido, lo deja desvanecerse y crea otro sin dudarlo.

A pesar de su omnisciencia, omnipresencia y omnipotencia, el Creador Supremo a veces elige experimentar la existencia de una manera diferente.

No porque lo necesite, sino simplemente por aburrimiento.

Para ello, adopta formas físicas dentro de los fragmentos que ha creado, manifestándose como cualquier ser que desee: hombre, mujer, anciano, niño o incluso una criatura desconocida.

Sin embargo, esto no significa que limite su poder o que deje de ser el Creador Supremo.

Su verdadera esencia sigue siendo absoluta, observando desde fuera del fragmento, mientras que su forma manifestada existe dentro de él.

Es como si un escritor entrara en su propio libro, sin dejar de ser el autor.

Este proceso no altera el equilibrio del universo ni rompe ninguna ley lógica dentro del fragmento.

No interfiere con su omnisciencia ni con su omnipresencia, ya que su existencia está en todas partes simultáneamente.

Su manifestación no es más que una proyección de sí mismo, una extensión de su voluntad que recorre los mundos por simple curiosidad.

Cuando adopta una forma física, puede interactuar con los habitantes del fragmento, hablar con ellos, presenciar los eventos desde una perspectiva más limitada, e incluso participar en sus historias.

Sin embargo, nunca deja de ser él mismo.

Su esencia sigue intacta, y si así lo desea, puede deshacer su manifestación en un instante, sin consecuencias.

A veces, puede pasar desapercibido, actuando como un viajero misterioso o como una persona secundaria en el desarrollo de un fragmento.

Otras veces, puede adoptar la forma de una figura imponente, Nunca busca ser adorado ni temido, solo observar de una manera más inmersiva.

El Creador Supremo no ve sus fragmentos como simples ficciones ni a sus habitantes como personajes sin alma.

Cada ser, cada dios, cada reino que ha creado es real.

No son meros pensamientos efímeros ni historias escritas en un pergamino olvidado, sino vidas auténticas, con voluntades propias y destinos inquebrantables.

Los dioses que rigen los fragmentos no son ilusiones; son entidades verdaderas, con poder y conciencia.

Cada mundo que ha formado no es un simple juego, sino la manifestación de la creación misma.

Para él, todo lo que existe es real, tan real como su propia esencia infinita.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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