El legado de la espada drakon temporada 2 - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Erza!
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4: Erza!
Amiga o enemiga?
4: Erza!
Amiga o enemiga?
Azrael sintió un escalofrío recorriendo su cuerpo.
Algo en el flujo de su pensamiento se sentía extraño, como si una idea ajena intentara abrirse paso en su mente.
Sin perder tiempo, se dirigió a Sol Creciente 1.
Azrael: Oye, Sol Creciente 1… ¿tu omnisciencia también te está fallando, o solo me ocurre a mí?
Sol Creciente 1: No eres el único.
Últimamente me siento extraño…
Como si algo estuviera interfiriendo con nuestros poderes, pero no sé de dónde proviene.
Azrael: Es inquietante…
Por cierto, creo que no solo existen cinco dominios.
Sol Creciente 1: ¿A qué te refieres?
Azrael: El Quinto Dominio es el de los Reinos, el Cuarto el de los Dioses Arcanos, el Tercero el dominio eterno, el Segundo el Dominio de las cavidades y el Primero el de los Humanos…
Pero ahora que lo pienso, ¿alguna vez he afirmado con certeza que no hay algo más allá?
Mi memoria se siente borrosa…
¿Y si hemos sido manipulados incluso antes del conflicto por la Espada?
Sol Creciente 1: Buena pregunta…
Recuerdo haber nombrado un Quinto Dominio, y creo que dije que era otro y no el de los reinos…
O quizás alguien más lo mencionó… Azrael: Es imposible.
Alguien está manipulándonos, insertando pensamientos en nuestras mentes y luego desvaneciéndose sin dejar rastro.
Ya no soporto esta sensación… Sol Creciente 1: Tranquilo, Azrael.
Escucha… sé que esto es extraño, pero debemos apoyarnos mutuamente.
Lo mejor sería que Nevaeh no se entere de esto por ahora.
Además, debemos subir al Dominio de los Reinos… El Ejército Sombrío ha regresado.
Azrael: No hace falta ni que lo digas.
Tras la inquietante conversación con Sol Creciente 1, Azrael se dirigió a Sol Creciente 6 y le relató lo sucedido.
La sensación de que algo o alguien estaba manipulando sus mentes no les daba tregua.
Sin embargo, no había tiempo para divagaciones; el Ejército Sombrío estaba en movimiento.
Los tres decidieron partir hacia el Dominio de los Reinos.
Antes de partir, Azrael recogió en brazos a Nevaeh, aún dormida, y la cargó sobre su espalda.
No permitiría que quedara expuesta a ningún peligro.
Al llegar al dominio, se dirigieron a una casa en la ciudad.
Con sumo cuidado, llevó a Nevaeh a una habitación, la recostó en la cama y le acomodó el cabello con delicadeza.
Se quedó un momento observándola, su respiración tranquila, ajena al caos que se avecinaba.
Le dio un beso en la frente, apagó la luz y salió en silencio.
Afuera, Sol Creciente 1 frunció el ceño y exhaló, como si acabara de liberarse de una pesada carga.
Sol Creciente 1: Mi omnisciencia ha vuelto por completo.
Azrael: La mía también… Es extraño.
Pero no hay tiempo para eso, el Ejército Sombrío está atacando el Reino de los Gigantes y el de los Elfos.
Se giró hacia su compañero y lo miró con curiosidad.
Azrael: Por cierto, Sol Creciente 1… ¿cuál es tu nombre?
Sol Creciente 1: No tengo permitido decirlo… pero somos amigos.
Me llamo Hanzo.
Azrael: ¿Hanzo?
Bien, perfecto.
Pues escucha, Hanzo, debemos dividirnos.
Yo iré al Reino de los Gigantes.
Tú dirígete al de los Elfos.
Pero ten cuidado, su magia anulará tu omnisciencia, así que en combate estarás a ciegas.
Mi omnisciencia tampoco podrá alcanzarte allí.
Hanzo: Entendido, Azrael.
Nos veremos en unas horas.
Antes de que pudieran partir, Sol Creciente 6 se acercó, expulsando una bocanada de humo de su cigarro.
Sol Creciente 6: ¿A dónde vais?
Azrael: No hay tiempo para explicaciones.
Ve con Hanzo al Reino de los elfos.
Sol Creciente 6: Perfecto.
—Sonrió con calma, arrojando el cigarro al suelo y aplastándolo con el pie—.
Vamos al lío.
Sol Creciente 1: Por cierto, ¿cómo sabes que están atacando a los elfos si la omnisciencia no alcanza ese lugar?
Azrael: Logré percibir sus conversaciones.
Tal vez mi omnisciencia no estaba tan afectada como la tuya.
Sol Creciente 1: Ya veo… Azrael se preparó para partir al Reino de los Gigantes.
Antes de irse, dirigió una última mirada a sus compañeros.
Azrael: Suerte, Sol creciente 1.
Suerte, Sol Creciente 6.
Sin perder más tiempo, desapareció en un parpadeo, dejando solo un leve destello en el aire.
Al llegar al Reino de los Gigantes, un viejo rostro conocido lo esperaba en el camino.
Adara: Vaya, vaya… si es Azrael.
Azrael la miró con indiferencia.
Azrael: Quítate de mi camino, Adara, o te mataré.
El tono frío y determinado de su voz la desconcertó.
Sin embargo, su desconcierto pronto se tornó en furia.
Adara: No me digas que ahora estás con Aethoria.
Azrael: Eso no te incumbe.
Sin previo aviso, Azrael le propinó una brutal patada, enviándola a 200 metros de distancia.
Adara se incorporó con una sonrisa desafiante mientras escupía sangre.
Adara: Con que así es… ¿Quieres pelear, Azrael?
Azrael esbozó una leve sonrisa.
Azrael: Podría matarte sin moverme… pero quiero divertirme.
En un instante, desapareció de la vista de Adara.
Antes de que pudiera reaccionar, Azrael ya estaba frente a ella, encadenando un devastador aluvión de golpes.
Cada impacto la impulsaba más alto en el cielo, hasta que, con un golpe final, la envió de nuevo al suelo, haciendo temblar la tierra con su caída.
Adara se arrastró por el suelo y escupió más sangre.
Adara: P-Puagh… Veo que vas con intenciones asesinas… Vamos, mátame, gran hombre.
Antes de que Azrael pudiera responder, un gigantesco coloso se lanzó contra él.
Sin dudarlo, Azrael saltó sobre la enorme bestia y le propinó un golpe devastador en la cabeza, enterrándolo en el suelo con una explosión de polvo y rocas.
Azrael: ¡Estoy con vosotros, idiotas!
Mientras tanto, en el Reino de los Elfos, Hanzo observaba con seriedad la inmensa puerta que conducía al interior.
El silencio era absoluto… algo no estaba bien.
De repente, una lluvia de flechas mágicas comenzó a caer sobre ellos.
Hanzo y Sol Creciente 6 esquivaron las flechas con una facilidad asombrosa.
En ese momento, la puerta del reino se abrió, y una joven elfa, con líneas tatuadas bajo los ojos, apareció y dijo: Chica desconocida: ¿Qué hacen aquí?
Hanzo: ¿Nadie ha venido a atacar el reino?
Chica desconocida: ¿Por qué lo preguntas?
Nadie ha venido.
En ese instante, un rayo de magia oscura apareció a gran velocidad.
Sin pensarlo, Sol Creciente 6 desenvainó su espada de luz divina y cortó la magia en un destello brillante.
hanzo: Ya veo con qué estamos lidiando.
Sol Creciente 1 alzó la mano con autoridad y proclamó: —¡Lanza Divina, ven a mí!
En ese instante, una lanza de luz celestial apareció en las manos de hanzo.
La lanza brillaba intensamente, tan caliente como el mismo sol.
Sol Creciente 6: ¿La Lanza Divina?
¿Son tan poderosos?
Hanzo: No creo que sean superiores a mí…
pero la sacaré solo para terminar esto rápido En ese momento, la chica desconocida disparó un torrente de flechas, 10,000 flechas en total.
Cada una acertó en su objetivo hasta que, de repente, un nuevo oponente apareció: Erika.
Hanzo: Vaya, qué destreza con el arco.
Chica desconocida: Dejemos esto para después, ¿quieres?
Tal vez más tarde te mate yo misma.
Hanzo: Se nota que no sabes quién soy…
Ay…
en fin, Sol Creciente 6, adelante.
Sol Creciente 6: Sí, vamos.
Los dos acabaron con todo el ejército en cuestión de segundos, pero entonces Erika lanzó su peluche al aire, desencadenando un torrente de fuego supremo.
Hanzo, al ver esto, no dudó y lanzó la Lanza Divina hacia Erika, alcanzándola en el pecho y dejándola gravemente herida.
Antes de que pudiera morir, ordenó a la lanza que desapareciera y se acercó a ella.
Hanzo: A ver, pequeña, ¿se te perdió tu papi?
Dime, ¿dónde están los demás Caballeros Oscuros?
Erika: P-piérdete…
Hanzo: La paciencia me falta para tener que lidiar contigo, mocosa.
¿Te crees que por ser mujer tendré misericordia?
En ese momento, con sus últimas fuerzas y el poder que aún poseía, Erika comenzó a llorar.
Al instante, su muñeco se iluminó y teletransportó a Azrael hacia ellos.
Azrael: ¿Pero qué demonios…?
¡Estaba a punto de matar a Adara, muñeco de mierda!
Erika: A-Azrael, por favor, ayúdame…
Azrael: Deja de llorar y no seas patética.
Le secó las lágrimas con indiferencia y le dijo: Azrael: Eres una gran caballera, ¿verdad?
Pero no te metas en problemas de hombres.
Erika: Protégeme del Sol Creciente 1…
dijo entre sollozos.
Azrael: Eres la única que sobrevivió.
Sé lo que has pasado, pero no te creas que por unas lágrimas me pondré tierno contigo.
Erika: Ya en serio, yo…
Antes de que pudiera terminar la frase, Sol Creciente 6 le dio una patada en la cara.
Sol Creciente 6: Deja de llorar, Ser Oscuro.
Azrael: ¿Qué crees que estás haciendo, Sol Creciente 6?!
Sol Creciente 6 se encendió un cigarro y se alejó un poco.
Sol Creciente 6: En fin, voy a fumarme un cigarro.
Azrael: Erika, únete a Aethoria, todavía estás a tiempo.
Erika: E-esta bien, solo si prometes defenderme.
Azrael: Sí, sí, te ayudaré.
En ese momento, la chica desconocida se acercó y le dijo a Azrael: Chica desconocida: Me suenas mucho.
Azrael: Todos me conocen, quizás.
La chica se quedó mirándole a los ojos y gritó: Chica desconocida: ¡Azrael!
¡¿Eres tú?!
La chica abrazó a Azrael.
Azrael: ¿Pero qué haces?
¿Quién eres?
De repente, la chica reveló su verdadera forma: ojos rojos y una vestimenta casi idéntica a la de Azrael.
Azrael: ¿Qué…?
Erika: ¿Erza…?
Azrael: ¿La conoces o qué?
Erza: Yo soy tu hermana, Azrael.
Azrael: ¿Qué?
—Azrael comenzó a reír.
Erza: Lo digo en serio.
—Se rajó un brazo y la sangre empezó a brotar, la cual lanzó hacia Azrael—.
Comprueba el ADN.
Si eres Azrael, capaz puedas.
Azrael: Está bien, pero antes de nada, ¿cómo es posible que yo no sepa que eres mi hermana ni que haya tenido hermanos?
Erza: Fue cuando naciste, yo tenía apenas 100 años.
Tú acababas de nacer, y nuestros padres quisieron hacer experimentos contigo, te pusieron un hechizo para olvidarme.
Peleé contra ellos, los vencí y tuve que huir a este reino, donde la omnisciencia no llega.
Es por eso que estaba vestida de elfa.
Azrael: En ese caso, ¿cómo es posible que me reconozcas?
Erza: No has cambiado casi nada en la cara.
Azrael tomó la sangre de Erza, se rajó un dedo y mezcló ambas sangres.
Cerró los ojos y sintió una presión en el pecho que le decía que el ADN coincidía, que ella era parte de su familia.
Azrael: No me lo creo…
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