El legado de la espada drakon temporada 2 - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 La mision de azrael
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7: La mision de azrael 7: La mision de azrael Mientras Azrael continuaba con su misión para robar la magia élfica, Sol Creciente 3 y Sol Creciente 1 (Hanzo) estaban tomando en una cafetería del reino, recordando los viejos tiempos que solían pasar juntos.
A Sol Creciente 1 se le ruborizaba la cara al estar con ella, quizás él estaba sintiendo algo por ella, y ella lo notaba con suma facilidad.
Pero como ella tenía la magia anti-omnisciencia del Reino de los Elfos, Hanzo no sabía que ella lo sabía.
Sol Creciente 1: y bueno…
¿cómo se supone que robaste la magia y cómo sabías que era esa?
Sol Creciente 3: no me subestimes cariño, el rey de los elfos no lo puso fácil, se inventaba que la magia élfica era imposible de enseñar, que solo nacía de un elfo, pero es mentira.
Supe que es la magia anti-omnisciencia porque funciona de forma parecida a la magia que oculta nuestros nombres…
pero hay que tener cuidado, la magia es de doble filo.
Sol Creciente 1: ¿a qué te refieres?
Sol Creciente 3: me refiero a que si te equivocas al hacer el hechizo podrías borrar tu propia omnisciencia para siempre.
Solo otro ser con omnisciencia podría devolverte esa magia.
Pero seamos sinceros, Azrael se divierte viendo sufrir a los demás, y tú…
dudo que me hubieras ayudado (dice de broma) Sol Creciente 1: oh vamos, ni siquiera sé tu nombre, ¿cómo se suponía que iba a ayudarte?
(dijo riendo) Mientras tanto, Nevaeh seguía inquieta.
No podía quedarse de brazos cruzados, así que volvió a casa con la esperanza de que Azrael regresara pronto.
Nevaeh: tengo que hacer algo…
no puedo quedarme aquí esperando a que él venga.
Si él estuviera en mi lugar, saldría a buscarme.
Le pediré ayuda a Sol Creciente 1.
Nevaeh salió a buscar a Sol Creciente 1.
En el camino, unos ciudadanos le comentaron que lo habían visto en una cafetería acompañado por una chica.
Cuando supo en cuál cafetería se encontraban, fue directamente hacia allí.
Y, efectivamente, allí estaban, compartiendo un café.
Nevaeh: ¡oye, Sol Creciente 1!
Sol Creciente 1: ya sé lo que estás pensando, Nevaeh.
Sabía que vendrías.
Sol Creciente 3: aww, sí…
la novia del ser oscuro.
Nevaeh: cuida tus palabras.
Eres una extranjera, nunca te vi por aquí.
Sol Creciente 3: oh…
¿una niña mimada por el rey y protegida por los caballeros más poderosos del reino me llama extranjera?
¿Quién te crees que eres?
¿Buscas pelea, niña?
Sol Creciente 1: cálmate so– Antes de que pudiera terminar la frase, Sol Creciente 3 se levantó de golpe y encaró a Nevaeh.
Sol Creciente 3: ¿crees que una niña mimada, que apenas sabe blandir una espada, va a decirme lo que tengo que hacer?
Nevaeh: te lo diré una vez más.
Eres una extranjera.
Y mi padre es el rey.
Sol Creciente 3: todos sabemos que tu padre– Sol Creciente 1: ¡ya basta!
Sol Creciente 3: ah…
te diré dónde está el ser oscuro.
Sol Creciente 1: no le digas nada.
Nevaeh: ¿acaso sabíais dónde estaba y no me dijisteis nada?
Sol Creciente 1: dije que no lo sabía porque el rey lo envió en una misión secreta.
Sol Creciente 3: ay…
y todo en vano, porque yo vengo de esa misma misión.
Quizás el rey creyó que estaba muerta, aunque…
soy más poderosa que él (dijo riéndose) Sol Creciente 1: no tienes remedio…
Nevaeh: ¿tú?
¿en una misión del reino?
Sol Creciente 3: agh…
me presento, soy la Sol Creciente 3.
Nevaeh: ¡¿la Sol Creciente 3?!?!
Nevaeh, asombrada, pidió disculpas de inmediato.
Sol Creciente 3: no te disculpes.
Ahora vayamos a por Azrael.
Aunque lo advierto, siempre se dijo que el Reino de los Elfos era pacífico y débil, pero es todo lo contrario.
Sus caballeros más poderosos están muy bien nivelados con los Soles Crecientes.
En caso de guerra, estoy segura de que ganaríamos…
pero no sería fácil.
Nevaeh: vale, lo entiendo.
Sol Creciente 1: bueno, toca ir a por mi amigo.
Azrael, mientras tanto, seguía en la biblioteca leyendo el libro.
Descubrió que era posible aprender magia élfica, pero había letras élficas que jamás salieron del Reino de los Elfos.
Por lo tanto, nunca se supo de su existencia por razones obvias: la magia que rodea al reino las protegía de ser reveladas al mundo exterior.
Azrael se topó de nuevo con un elfo.
Pero este no era un elfo cualquiera… era el Cuarto Guardián del Rey.
En otras palabras, uno de los caballeros más poderosos del Reino de los Elfos.
Guardián: Tobi…
si te acabo de ver fuera, ¿cómo es posible que estés aquí…?
Azrael, inmóvil, lo miró fijamente sin pronunciar palabra.
Guardián: Oh, vamos.
No me digas que eres un infiltrado…
los seres como tú me dan pereza.
El guardián alzó la mano.
Guardián: Espada mítica…
ven a mí.
En ese instante, una espada verde de filo dorado apareció a su lado, flotando en el aire como si respondiera a su voluntad.
Guardián: Bien, ahora toca echar al intruso de aquí.
Azrael soltó un leve suspiro y deshizo la magia del disfraz.
Su verdadera forma quedó expuesta.
El elfo lo miró con una mezcla de sorpresa y temor.
Guardián: Tú…
¿Azrael?
No puede ser…
¡bastardo!
¿Qué haces aquí?
¿No te bastó con arrasar tu propio reino?
Azrael: Oh, vamos…
¿de verdad crees que tu discursito me hará llorar?
¿De verdad crees que un simple elfo como tú puede detenerme?
He decidido matarte…
y tomar tu lugar.
El guardián retrocedió con el rostro descompuesto.
Intentó huir, pero fue demasiado tarde.
Azrael lo atravesó con su espada sombría sin piedad.
Guardián: No…
no puede ser…
¡puah!
(escupe sangre) Esa espada…
El cuerpo del guardián se desplomó, pero antes de tocar el suelo, Azrael lo desintegró en cenizas con un gesto.
Azrael: Todo son problemas…
qué fiasco.
Mientras tanto, Nevaeh, Sol Creciente 3 y Sol Creciente 1 atravesaban un portal hacia la entrada del Reino de los Elfos.
Su objetivo era claro: rescatar a Azrael… sin saber que él ya se había manchado las manos de sangre una vez más.
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