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El legado de los cielos - Capítulo 100

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  4. Capítulo 100 - 100 ECHANDO HUMO
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100: ECHANDO HUMO 100: ECHANDO HUMO Capítulo 100: Echando humo.

Rodrigo miró al presidente.

El presidente tenía una expresión extraña, contradictoria.

Había orgullo en su mirada, pero al mismo tiempo su rostro estaba rojo, encendido, como si la furia le quemara por dentro.

Tal vez era ira… o tal vez era la expresión de una persona acorralada, alguien que estaba entre la espada y la pared.

En México, a esa expresión se le dice “echando humo”.

Es la cara de quien está furioso o al borde del colapso, de quien ya no tiene opciones y comienza a ponerse histérico.

O peor aún, de quien se resigna desde la impotencia absoluta.

Cuando una persona se siente amenazada y no puede defenderse, es cuando aparece el arrepentimiento.

Empieza a repasar cada acción de su vida, cada decisión, preguntándose si, de haber hecho las cosas mejor, no habría llegado a ese punto.

Pero el “hubiera” no existe.

Y no existe medicina para el arrepentimiento.

El presidente estaba exactamente en ese punto de su vida.

Arrepintiéndose.

Pensando que si hubiera hecho mejor las cosas por el país, no estaría ahora en un punto muerto, obligado a confiar únicamente en la palabra de un joven.

Un joven que jamás pensó que sería el más peligroso para su carrera.

Pero ya no había vuelta atrás.

Para Rodrigo, en cambio, el presidente no era nada.

La moneda ya estaba en el aire.

Y cayera sello o águila, Rodrigo había aprendido a tener opciones gracias a los consejos de Sily y Sherapine.

Si la moneda caía en sello, el plan principal se llevaba a cabo.

Si caía en águila, entonces solo había que cambiar de objetivo y quitar las piedras del camino.

Y esas piedras tenían nombre.

Ezequiel Mena.

Rodrigo sonrió para sí mismo, pensando en todo lo demás.

Ahora era el momento del segundo movimiento.

Ese movimiento no era para negociar, ni para convencer con palabras.

Era para mostrar poder.

Para que el presidente entendiera que el poder real estaba mucho más allá de su propia imaginación.

Si el presidente presenciaba el poder que había detrás de Rodrigo, sería suficiente para que participara obediente en los próximos movimientos.

Por eso Rodrigo decidió actuar ahora, mientras las cosas aún estaban calientes.

Habló en voz alta, con calma absoluta:
—Adelante.

Entonces apareció un hombre de mayor edad.

A simple vista se le calculaban unos ochenta años.

Anciano, canoso, caminaba apoyado en un bastón.

Sin embargo, pese a la edad, su porte era impecable.

Cada paso estaba lleno de autoridad.

Tenía esa aura inconfundible de alguien acostumbrado a estar al mando de todo, de ser el centro de atención sin necesidad de pedirlo.

No era otro que el patriarca de la familia Rothschild.

James Rothschild Mayer.

A su lado, tomándolo del brazo, venía una joven de aproximadamente veinte años.

Hermosa, carismática, con un rostro que combinaba juventud y seguridad.

Su elegancia no era exagerada, pero era evidente.

Era el porte natural de alguien que había nacido dentro de una familia poderosa.

Ella era Catherine Mayer Rothschild.

El primero en hablar fue Charles.

Se inclinó ligeramente, al estilo europeo, con respeto absoluto.

—Bienvenido, patriarca.

Bienvenida, señorita menor.

Luego miró a Rodrigo y habló con formalidad:
—Patriarca, este joven es Rodrigo Moreno, joven maestro Moreno.

—Después giró el rostro hacia Rodrigo—.

Este es nuestro patriarca, James Rothschild, y la señorita menor, Catherine Rothschild.

Charles se acercó a Rodrigo y le susurró algo que solo él pudo escuchar.

—La señorita Catherine está luchando por ser la heredera de la familia.

Es la nieta favorita del anciano.

En la familia Rothschild no hay un solo heredero… hay cinco herederos que se diversan en diferentes partes del mundo, controlando los negocios.

En pocas palabras, cinco herederos para cinco continentes: América, Asia, África, Europa y Oceanía.

Hizo una pausa mínima antes de continuar.

—El heredero más importante está en América.

El segundo en importancia está en Europa.

El heredero de más baja reputación, por decirlo así, está en Oceanía o África, dependiendo de cómo se manejen los fondos y los ingresos.

No se pueden comparar con América y Europa.

Rodrigo entendió perfectamente lo que Charles quería decir.

Una familia poderosa y enorme, con negocios repartidos en todo el mundo, no podía permitir que una sola persona controlara todo.

Su estructura estaba diseñada para sobrevivir a cualquier crisis.

Charles continuó en voz baja:
—Aparte de esos cinco herederos, existe el heredero principal.

El que está al mando de la familia central.

El puesto que actualmente ocupa el Patriarca.

Para ese lugar somos tres los que estamos peleando… conmigo serían cuatro, ya que gracias a su ayuda y a su píldora, el Patriarca me está poniendo atención.

Ahora estoy dentro de la pelea por ese puesto.

Rodrigo comprendió de inmediato.

Esta familia no era sencilla.

Su estructura estaba perfectamente formada.

Para cualquier otra familia sería imposible derrotarla.

Incluso para una familia real con verdadero poder dentro de su país.

La mayoría de las familias reales del mundo solo eran la cara del país.

No tenían poder real.

Las decisiones verdaderas siempre las tomaba el gobierno.

La familia real solo era imagen, símbolo, representación.

Muy pocas familias reales tenían poder real dentro de su país.

Tan pocas que podían contarse con los dedos de una mano, se decía que existían 7 familias reales con poder pero tenían parlamentos.

Pero en la lista no oficial, estaban las cinco grandes realezas en el mundo que realmente tenían voz y voto absoluto, donde la palabra del rey era ley y no necesitaba parlamento ni gobierno que lo limitara.

España, Japón, China, reino unido, Noruega y suecia no entraban en esa lista.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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