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El legado de los cielos - Capítulo 102

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102: EL QUE CON LOBOS ANDA, A AULLAR SE ENSEÑA.

102: EL QUE CON LOBOS ANDA, A AULLAR SE ENSEÑA.

Capítulo 102: El que con lobos anda, a aullar se enseña.

Annie abrió los ojos con sorpresa.

Tres mil millones de dólares.

Su mente, entrenada para números y escenarios, empezó a sacar cuentas casi de manera automática.

—Tres mil millones de dólares… —pensó— eso, en pesos mexicanos, serían aproximadamente más de cincuenta mil millones de pesos.

La cifra le hizo contener la respiración por un instante.

Eso era suficiente para darle un rumbo completamente diferente a la empresa de seguridad.

El terreno ya estaba comprado.

Con ese capital podrían adquirir vehículos blindados de alto nivel, armamento legal de uso especializado, tecnología de vigilancia, centros de entrenamiento, equipamiento táctico, logística y personal altamente capacitado.

No sería una empresa improvisada, sería una estructura sólida.

Ajustada, sí, pero funcional y poderosa.

Al menos ya no existiría la presión inmediata de buscar financiamiento contrarreloj.

Aisha habló en inglés fluido, con una sonrisa traviesa que no ocultaba su carácter mimado:
—Claro que sí, somos amigos.

Me gusta ser tu amiga, entonces vendré más seguido a visitarte.

Me gusta divertirme.

Rodrigo movió ligeramente la cabeza.

Esta princesa sí que era traviesa.

Mimada, libre y acostumbrada a hacer lo que quería.

Seguramente siempre traería problemas, pero también oportunidades.

Respondió con calma:
—Siempre serás bienvenida a mi país.

Ya que tú me das la bienvenida en el tuyo, estoy pensando en ir pronto.

Quiero tomar unas vacaciones, así que seguramente pronto iré a tu país.

Aisha y Fahd asintieron al mismo tiempo.

Aisha habló de nuevo, entusiasmada:
—Claro, entonces esperaré tu visita.

Te llevaré a muchos lugares divertidos.

Fahd intervino con tono serio y elegante:
—En agosto tendremos una subasta en nuestro país.

Es una subasta importante.

Habrá muchas colecciones privadas y piezas que están casi extintas.

Espero que pueda asistir.

Rodrigo respondió sin dudar:
—Claro que asistiré.

Veré si encuentro algo que me guste.

Entonces Rodrigo giró la mirada hacia el presidente y hacia su esposa, Paola Rojas.

Sonrió con cortesía, pero su sonrisa llevaba un mensaje claro.

—Entonces, señor presidente, primera dama, espero que nuestra colaboración sea muy buena.

Esperaré sus noticias sobre los documentos.

Estaremos en contacto.

El efecto que Rodrigo buscaba ya estaba completamente logrado.

En México existe un dicho muy claro: “El que con lobos anda, a aullar se enseña.”
Ese dicho no habla solo de imitar, habla de entender el entorno, de saber con quién te rodeas y de aprender las reglas del juego del poder.

Hoy Rodrigo había demostrado eso de manera brutal.

Al mostrarle al presidente, que tenía el apoyo del Patriarca Rothschild y al rey saudí, no le estaba presumiendo contactos, le estaba diciendo algo mucho más profundo:
“Este es el mundo en el que me muevo.

Si caminas conmigo, aprendes a aullar.

Si no, te devoran.”
Rodrigo le dejó claro al presidente que ya no estaba tratando con un joven común, ni con un empresario más.

Estaba tratando con alguien que caminaba con lobos reales.

Con poderes que no se ven en la televisión ni se explican en discursos políticos.

Esto era algo que solo Rodrigo podía hacer en ese punto.

A partir de ese momento, todo lo que el presidente hiciera dependería únicamente de él mismo.

Rodrigo le estaba dando una prueba.

Una última oportunidad.

Si el presidente actuaba bien, Rodrigo podría sacarlo del lodazal en el que se había metido durante su sexenio.

Podría limpiar su imagen, cerrar su mandato de manera digna y permitirle vivir tranquilo en su propio país.

Pero si actuaba mal…
Rodrigo tenía un plan B.

Un plan donde el presidente terminaría en prisión, silenciado, borrado del tablero político y arrastrado como ejemplo.

El gran proyecto a futuro no podía permitir errores.

El presidente, en esta reunión, había visto apenas la superficie del poder de Rodrigo, pero incluso esa superficie era suficiente para asustar a cualquier serpiente acorralada.

Así, Rodrigo despidió al presidente y a su esposa.

La puerta se cerró.

Rodrigo respiró hondo.

Ahora sí.

Ahora la verdadera reunión comenzaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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