El legado de los cielos - Capítulo 105
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- Capítulo 105 - 105 HABLAMOS EL MISMO IDIOMA
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105: HABLAMOS EL MISMO IDIOMA 105: HABLAMOS EL MISMO IDIOMA Capítulo 105.
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Para la familia Rothschild este proyecto no representaba una simple inversión ni una alianza circunstancial.
Representaba algo mucho más profundo: control estructural a largo plazo.
Lo primero que ganarían sería acceso privilegiado a una fuerza de seguridad privada de nivel estatal, pero sin las limitaciones legales, políticas o diplomáticas que implican los ejércitos nacionales.
Guardias capaces de entrar y salir de cualquier territorio sin ser detectados, proteger activos críticos, personas clave, información sensible y operaciones financieras de alto riesgo.
Para una familia cuyo verdadero poder reside en la estabilidad y la permanencia, eso equivalía a blindar su linaje frente a cualquier escenario futuro.
En segundo lugar, el proyecto les otorgaba información estratégica anticipada.
A través del grupo clandestino de inteligencia mundial propuesto por Rodrigo, la familia Rothschild tendría acceso a movimientos financieros, decisiones políticas, crisis económicas y conflictos antes de que fueran visibles para el resto del mundo.
No para intervenir de forma directa, sino para anticiparse, ajustar inversiones, retirar capital, presionar mercados o beneficiar sectores específicos sin dejar rastro.
También ganarían un puente tecnológico global.
Con México como base operativa, Brasil como fuerza industrial y China como motor tecnológico, los Rothschild se posicionarían como el eje silencioso entre bloques que públicamente compiten entre sí.
Patentes, licencias, desarrollos de inteligencia artificial y sistemas de defensa quedarían bajo estructuras financieras controladas por ellos, asegurando dependencia tecnológica sin necesidad de dominio territorial.
Finalmente, el proyecto les ofrecía algo que pocas veces se menciona: legitimidad pública y poder oculto al mismo tiempo.
Todo se presentaría al mundo como cooperación internacional, desarrollo tecnológico y modernización de seguridad.
Pero el verdadero control —datos, seguridad, decisiones— permanecería en la sombra, justo donde la familia siempre ha operado mejor.
Y para México, el proyecto significaba un cambio de nivel.
México ganaría una modernización real de su estructura de seguridad, no solo en armamento, sino en doctrina, inteligencia y operación.
Una fuerza especial superior a las existentes, capaz de enfrentar amenazas internas y externas, reducir la dependencia extranjera y elevar el respeto internacional hacia el país.
También obtendría inversión tecnológica e industrial directa, generación de empleos altamente especializados y transferencia de conocimiento que colocaría al país como un actor relevante en sectores estratégicos como inteligencia artificial, defensa y seguridad avanzada.
Pero quizás lo más importante: México ganaría protección geopolítica indirecta.
Con la familia Rothschild y la familia real saudí involucradas, cualquier intento de presión externa tendría que pensarse dos veces.
No se trataría de confrontación abierta, sino de equilibrio de poder.
México dejaría de ser solo un territorio observado para convertirse en un jugador incómodo, pero respetado.
Lo que ganaría Rodrigo estaba claro, aunque no se sabía si todos en la sala lo tenían completamente claro.
Rodrigo sí.
Influencia en Arabia Saudita a través de la familia real.
Influencia en cada región donde la familia Rothschild tuviera presencia.
Con ese respaldo, podría entrar a lugares donde normalmente no tendría acceso sin enfrentar complicaciones, barreras políticas o bloqueos financieros.
Y México no solo porque era su país, sino porque era su base, su territorio.
Al menos debía ofrecerle algo para que no lo molestaran, para que el propio sistema lo protegiera.
Con este proyecto consolidado, nadie lo molestaría.
En lo legal, todo estaría cubierto; en lo ilegal, el gobierno haría la vista gorda.
Sus enemigos quedarían automáticamente en desventaja.
Eso era algo que ganaba la familia Salgado.
No hacía falta decir más.
Con el apoyo de Rodrigo, serían verdaderos cultivadores.
A ellos no les interesaba la política ni el poder mundano.
La cultivación era su camino, la inmortalidad su objetivo.
Algo que jamás dirían a los cuatro vientos, pero apoyar el proyecto les otorgaba algo invaluable: libertad.
Libertad de no ser el centro de atención del gobierno, libertad para seguir su camino sin interferencias.
Era un ganar-ganar.
Algunos ganarían más que otros, pero no todos se darían cuenta de quién ganaba realmente más.
¿Quién notaría que Rodrigo buscaba esta alianza para construir una riqueza basada no solo en dinero, sino en recursos del cielo y de la tierra?
Cuando alguien llegara a darse cuenta, si es que eso pasaba, Rodrigo ya tendría el poder de destruir un continente, un país o incluso el mundo.
En ese punto, una simple familia Rothschild o una familia real no serían nada frente a él.
Pero Rodrigo no pagaría el bien con el mal.
Si estas dos familias no lo traicionaban, él las llevaría a la gloria junto con él.
Hasta ahora, estaban alineadas con lo que quería y buscaba.
Además, estaban profundamente atraídas por la píldora rejuvenecedora, y ahora este proyecto reforzaba aún más esa atracción.
Y ahora este proyecto ya era algo que, como se dice en México, “hablamos el mismo idioma”.
No se refería a palabras, sino a intereses, a objetivos claros, a entender las reglas no escritas del poder.
Significaba que ya no había que explicar intenciones, porque todos sabían exactamente qué estaba en juego y qué podían ganar.
En pocas palabras, todos en la sala sabían lo que este proyecto significaba para cada quien.
Como grupo, compartían el mismo interés, formando una unión que sería casi imposible de romper.
Ahora, al proyecto solo le faltaban dos cosas.
Primero, planificarse formalmente y nombrar cada uno de los proyectos para su presentación oficial.
Segundo, los dos invitados restantes: WEG y Alibaba.
Para WEG ya tenían a Livia Voigt.
Solo faltaba el contacto con alguien de Alibaba y verlos en persona.
Livia no había venido, pero las píldoras ya estaban listas para despertar su interés.
Ahora Rodrigo tendría que empezar a planear cómo atraerla.
El tablero estaba completo.
Solo faltaba mover las piezas correctas.
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