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El legado de los cielos - Capítulo 107

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  4. Capítulo 107 - 107 PONER LA CABEZA DIRECTAMENTE EN LA GUILLOTINA
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107: PONER LA CABEZA DIRECTAMENTE EN LA GUILLOTINA.

107: PONER LA CABEZA DIRECTAMENTE EN LA GUILLOTINA.

Capítulo 107.

Poner la cabeza directamente en la guillotina.

La noche cayó sobre Polanco con una elegancia silenciosa.

Las luces de los edificios de lujo se reflejaban en los ventanales como estrellas artificiales, mientras los autos de alta gama circulaban con discreción por avenidas limpias y vigiladas.

El aire era templado, con ese aroma sutil de ciudad viva que nunca duerme del todo, pero que sabe guardar secretos cuando cae la noche.

Desde la residencia, la ciudad parecía lejana, casi irrelevante, como si el mundo exterior no existiera.

Este día quedaría marcado en la historia.

Aunque fue una reunión completamente secreta, nadie se enteró de quiénes se reunieron en esa residencia de Polanco.

Ningún medio, ningún informe filtrado, ningún rumor.

Sin embargo, en el futuro, esta noche sería recordada como el punto donde el mundo empezó a cambiar, aunque nadie supiera exactamente cuándo ni dónde ocurrió.

Esa noche todos bebieron y disfrutaron de una cena preparada por chefs cinco estrellas Michelin.

Cada platillo era una obra de arte: carnes perfectamente selladas, salsas complejas, vinos añejos que habían dormido décadas esperando este momento.

Risas suaves, conversaciones medidas, copas elevándose con discreción.

A simple vista, parecía solo una reunión de élite.

Pero bajo esa fachada, se estaba rediseñando el equilibrio global.

Rodrigo dejó los cubiertos, tomó la servilleta y se limpió la boca con calma después del grandioso banquete.

Sus ojos recorrieron la mesa un instante antes de hablar.

—Tengo un asunto que tratar… aún más importante.

El tono cambió de inmediato.

Rodrigo hizo una seña sutil y separó a Charles, al rey saudí y a James del resto.

Cuando estuvieron a cierta distancia, sacó cuidadosamente un pequeño estuche y lo abrió.

Dentro, las píldoras descansaban como si fueran simples objetos, pero todos sabían que no lo eran.

—Aquí tengo dos píldoras rejuvenecedoras para subastar —dijo—, además de dos píldoras de vigor masculino.

Necesito planear una subasta privada con gente de la más alta categoría.

Estas píldoras necesitan credibilidad, y por eso quiero pedirles a ambos que hablen en favor de ellas.

Claro… esto no es gratis.

A cada uno le daré una píldora de vigor y una rejuvenecedora.

¿Qué opinan?

El rey saudí y James Rothschild se miraron.

Ambos conocían perfectamente el efecto de la píldora rejuvenecedora.

La habían experimentado.

Pero la píldora de vigor masculino era algo nuevo para ellos.

Charles, con una sonrisa apenas perceptible, les explicó con detalle sus efectos.

No hizo falta decir mucho más.

Después de cierta edad, ningún hombre conserva la misma capacidad que en su juventud.

Y no existía hombre alguno que no deseara volver a sentir ese poder, esa energía, esa certeza física que el tiempo inevitablemente roba.

Sus miradas cambiaron.

Ya no eran líderes analizando un negocio, sino hombres enfrentando una tentación imposible de rechazar.

Ambos aceptaron de inmediato.

Charles fue el primero en hablar.

—No se preocupe, joven Rodrigo.

Yo me encargaré de esta subasta.

Pero tengo una pregunta: ¿la quiere completamente privada, sin que se sepa de dónde vienen las píldoras, o la quiere en México?

Porque eso dejaría una pista clara sobre su origen.

Rodrigo guardó silencio.

Pensó.

Era algo que no había previsto del todo.

Una subasta en México atraería demasiada atención.

Y eso era lo último que quería en este momento.

Tenía a Sily y a Sherapine, sí, y eran increíblemente fuertes.

Pero depender siempre de ellas no era prudente.

No sabía si existían otros tan poderosos como ellas… o incluso más.

Si alguien así aparecía, sería como poner la cabeza directamente en la guillotina.

Después de unos segundos, Rodrigo respondió.

—Es cierto.

Entonces hagamos esto: ya que el rey está aquí, podemos hacer la subasta en su tierra, en Arabia Saudita… o en Nueva York.

Eso lo dejo a su decisión.

Ambos asintieron.

El lugar ya no importaba tanto.

Lo importante era que la subasta estaba en marcha.

Mientras tanto, lejos de Polanco, la noche caía sobre el país con una calma engañosa.

A los ojos de los mexicanos era una noche tranquila, sin sobresaltos.

Pero bajo la luz de la luna y entre las sombras, una organización encargada de proteger la soberanía del país se estaba moviendo.

Horas antes, habían recibido un mensaje de la CNI: problemas en una zona del país.

Dos habitantes desaparecidos.

Testigos hablaban de una bestia.

La familia Ocampo llevaba cientos de años protegiendo al país desde las sombras.

Su labor se formalizó durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, cuando se fundó la organización secreta DEANC, un proyecto que pasó de presidente en presidente como un legado silencioso.

Este secreto no era exclusivo de México.

La realidad era que en muchos países —si no es que en la mayoría— existían organizaciones similares, cada una con nombres distintos, pero con el mismo propósito: vigilar aquello que no debía existir… pero existía.

Los cultivadores no solo estaban en México o en China.

Estaban en todo el mundo.

En Asia se les conocía como cultivadores, seres que refinaban energía interna para trascender los límites humanos.

En Medio Oriente, algunos los llamaban elegidos o incluso descendientes divinos.

En Europa antigua, eran conocidos como magos o hechiceros, practicantes de artes prohibidas.

En África y América Latina, se les llamaba brujos o chamanes, intermediarios entre el mundo espiritual y el físico.

En ciertas culturas antiguas, directamente eran llamados dioses, porque sus habilidades superaban cualquier explicación lógica.

Diferentes nombres.

Diferentes mitos.

Pero todos se referían al mismo tipo de seres.

Personas que habían cruzado un límite que el resto de la humanidad no podía.

La noche seguía siendo tranquila.

Pero solo en apariencia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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