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El legado de los cielos - Capítulo 110

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110: LOS CADÁVERES SON DE LOS NUESTROS 110: LOS CADÁVERES SON DE LOS NUESTROS Capítulo 110: “Los cadáveres son de los nuestros”
Al mando de este grupo estaba Pedro Ocampo y Lucas Ocampo.

Aunque la familia Ocampo tenía el control absoluto de la DEANC, no toda la familia formaba parte directa de la organización.

La familia Ocampo existía desde mucho antes de que la DEANC tuviera un nombre, una estructura o siquiera una forma clara; su historia estaba marcada por generaciones de decisiones tomadas en silencio, acuerdos sellados en la oscuridad y sacrificios que nunca saldrían a la luz pública.

Si bien habían decidido ayudar al país y proteger su soberanía desde las sombras, la familia Ocampo también tenía sus propios objetivos e intereses.

Por esa razón, la DEANC no era un lugar ocupado únicamente por sangre directa de la familia.

Cada cierto tiempo había sangre nueva: jóvenes de la familia Ocampo que ingresaban para entrenar, adquirir experiencia real y luego retirarse, dejando el lugar a nuevas generaciones.

Era un ciclo constante, cuidadosamente calculado.

Los veteranos que permanecían no pertenecían a la familia.

Eran cultivadores ermitaños, personas que habían vivido al margen del sistema, escondidos en montañas, selvas o pueblos olvidados.

Fueron descubiertos por el país y sometidos a la organización por motivos de seguridad nacional.

Después de todo, ¿qué país permitiría que existieran individuos con un poder capaz de convertirse en una amenaza sin ningún tipo de control?

Al no tener la fuerza suficiente para resistirse, terminaron integrados a la DEANC sin oponer resistencia.

Para muchos, aquello era una jaula invisible; para otros, simplemente un empleo.

Además, la DEANC ofrecía ciertos beneficios: recursos, protección, acceso a información y estabilidad.

Para la mayoría, eso bastaba para aceptar su destino.

Pedro Ocampo caminaba con paso firme entre la vegetación de la barranca, su presencia imponía respeto incluso sin levantar la voz.

Observaba todo con atención, cada detalle del terreno, cada irregularidad en el ambiente.

Pedro Ocampo dijo.

—¿Qué pasa ya encontraron a la gente y la bestia dónde está?

Un soldado se acercó rápidamente, se cuadró con un saludo firme y respondió con el tono seco de alguien acostumbrado a reportar malas noticias.

—General encontramos cadáveres aunque parecen que llevarán años muertos la piel está aún intacta y son de los nuestros.

Pedro y Lucas se miraron sin decir una palabra.

No fue necesario.

Ambos comenzaron a avanzar hacia la zona indicada.

Ahí estaban los cadáveres, dispersos en diferentes puntos de la barranca.

El primero que vieron estaba completamente seco, como si llevara años muerto, pero la piel permanecía intacta, adherida a los huesos.

El rostro aún era reconocible.

Era uno de la DEANC.

Más adelante encontraron otros seis.

Todos en el mismo estado.

No había duda alguna: eran de la DEANC, no solo por sus rostros, sino por la ropa táctica, las armas abandonadas y las identificaciones aún visibles.

Lucas frunció el ceño mientras observaba uno de los cuerpos.

Lucas dijo.

—Padre que fue los que los mato parece que les quitaron toda la carne y los órganos solo dejaron los huesos y la piel.

Pedro Ocampo se agachó junto a uno de los cadáveres, examinándolo con cuidado.

No había señales de lucha, ni cortes, ni heridas visibles.

Pedro Ocampo contestó.

—Es raro esto, no hay signos de pelea tampoco de mordidas nunca había visto este método de matar a alguien así.

El silencio se volvió pesado.

Incluso el viento parecía haberse detenido.

Lucas se enderezó y miró alrededor, pensativo.

Lucas dijo.

—Me temo que no hay satélite en orbita en este momento de la acción por la zona además los satélites de algunas instituciones o algunas empresas no pasan por esta zona y nuestro satélite no está en esta zona en esos momentos será difícil encontrar alguna pista.

Pedro se puso de pie con calma, sacudiéndose ligeramente el polvo de las manos.

Dijo.

—No hay problema ya que no hay pistas aquí busquemos a la bestia.

El grupo se adentró más profundamente en la barranca.

El terreno se volvía más irregular, la vegetación más densa, hasta que finalmente llegaron a la cueva.

Ahí estaba el jabalí, tendido sin vida.

Un enorme agujero atravesaba su pecho y el charco de sangre seca indicaba que había muerto hacía varias horas.

Lucas observó la escena con sorpresa evidente.

—Que raro quien mataría el jabalí así de esta manera además está bestia nuestra gente no había podido con ella directamente.

Pedro analizó el cadáver de la bestia con la misma frialdad con la que había observado a los hombres caídos.

Pedro dijo.

—Parece que quien mato está bestia no podría ser el mismo que matara a nuestra gente ya que no está seco.

Luis, que había permanecido en silencio, intervino.

—Acaso la bestia mato a nuestra gente y algún cultivador que no hemos identificado paso y mato ala bestia.

Pedro negó lentamente con la cabeza.

—No eso es imposible los cuerpos no tienen mordidas ni rastro de daño en la piel el que lo hizo fue de una manera extraña.

Luis frunció el ceño y de pronto sus ojos se iluminaron, como si una idea acabara de surgirle.

—Ya se entonces quien mato la bestia debe haber visto que paso deberíamos buscar a ese cultivador.

Pedro lo miró con calma, pero su respuesta fue directa.

—Y cómo lo vas a encontrar no tenemos idea de quién fue.

Lucas sonrió levemente, una sonrisa cargada de confianza.

—La tecnología hoy en día está avanzada vamos a ver las cámaras en los pueblos cercanos ala barranca debe haber alguna pista nos basaremos en eso.

Hoy en día la tecnología es avanzada y con el tiempo irá avanzando aún más.

En México, cada vez más calles cuentan con vigilancia.

En algunos puntos estratégicos de ciertos pueblos hay cámaras, especialmente en entradas y cruces.

En las ciudades, las zonas más transitadas están llenas de cámaras de vigilancia, sin mencionar los negocios que instalan las suyas en puertas y fachadas, lo que ha ayudado a resolver innumerables investigaciones.

Encontrar alguna pista para la DEANC podría ser posible, pero todos sabían que dependía de una sola cosa: que el actor o los actores de los hechos hubieran cometido un error y dejado algún rastro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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