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El legado de los cielos - Capítulo 113

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  4. Capítulo 113 - 113 PIEDRAS EXTRAÑAS
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113: PIEDRAS EXTRAÑAS.

113: PIEDRAS EXTRAÑAS.

Capítulo 113.

Piedras extrañas.

Rodrigo pensó y dijo así mismo:
—Parece que tendré que ir a Minatitlán.

Además, ahora que sé muchas cosas, posiblemente esos avistamientos sean algunos cultivadores o algo anormal.

Puede que sea alguien como Sily o Sherapine, incluso alguna familia; al igual que los Salgado, estarán ahí.

Existían muchas posibilidades en la mente de Rodrigo.

Tomó el teléfono, revisó las zonas de interés y decidió darse unas vacaciones para despejar su mente.

Eligió Tepoztlán debido a las fallas geológicas que le llamaron la atención, así como los arroyos y balnearios que se dicen son populares cerca de la zona.

Quiso aprovechar la ocasión para analizar y descansar, manteniendo al mismo tiempo un ojo en todo lo que pudiera ser útil para su futuro plan.

De inmediato avisó al presidente que le informara cuando todo estuviera listo.

También le comunicó a X y Cero que se irían de vacaciones, sin entrar en detalles, pues ya conocían la naturaleza de su comportamiento y no cuestionaban sus decisiones.

Al día siguiente, X, Cero y Rodrigo salieron en el Cupra León VZ5 que la familia Rothschild le había dado.

Era la primera vez que lo usaba y, aunque tenía el McLaren, prefirió el Cupra por su practicidad y discreción.

Salieron temprano, logrando adelantarse al tráfico matutino de la Ciudad de México.

A esa hora, cerca de las 5 de la mañana, la mayoría de la población apenas comenzaba su jornada, por lo que el tránsito era ligero y fluido, a diferencia de las 6 o 7 de la mañana, cuando las calles se saturan y es difícil avanzar con comodidad.

Para las 7 de la mañana, ya habían dejado la ciudad y tomaban la carretera rumbo a Morelos.

El clima cambió al avanzar: el aire fresco de montaña mezclado con la fragancia de los pinos y la tierra húmeda, los primeros rayos de sol iluminando los valles y senderos, y la ligera neblina matutina en las partes más altas ofrecían un paisaje sereno y lleno de vida.

La carretera se doblaba suavemente entre colinas y cerros, rodeada de vegetación, con pequeños arroyos que reflejaban el cielo azul y el sol naciente.

No fue hasta las 10 de la mañana que llegaron a Tepoztlán.

Lo primero que hicieron fue reservar el hotel más cercano y cómodo a las fallas geológicas de Tepozteco.

Eligieron uno que ofreciera privacidad, tranquilidad y vistas panorámicas del valle.

Las habitaciones eran amplias, con terrazas desde donde se podía observar el bosque, los cerros y las formaciones rocosas cercanas, perfectas para explorar la zona y meditar sobre los fenómenos que Rodrigo quería estudiar.

Con todo listo, Rodrigo se dirigió a X y Cero y les dijo:
—Aquí tienen un millón de pesos.

Pueden irse de paseo y comprar lo que quieran.

Yo tengo asuntos que atender.

Nos vemos más tarde o mañana, dependiendo de cómo avance mi trabajo.

El misterio que siempre rodeaba a Rodrigo desde que lo conocieron, se había vuelto algo cotidiano para X y Cero.

Ya no preguntaban demasiado; la confianza y libertad que les otorgaba les permitía actuar sin cuestionamientos.

Además, ambas se habían entregado a él al mismo tiempo, el mismo día, creando una dinámica compleja pero estable.

Sus celos y disputas se mantenían en silencio, bajo las sombras, y entendían que ciertos aspectos del comportamiento de Rodrigo no eran discutibles.

X y Cero, acostumbradas a trabajar constantemente frente a las computadoras y a resolver problemas estratégicos, encontraron en Tepoztlán un respiro necesario.

La región contaba con numerosos balnearios y zonas de aguas termales naturales, aprovechando la actividad volcánica de la zona.

Algunos balnearios ofrecían aguas calientes, otras zonas con aguas frescas y cristalinas, todas con propiedades minerales apreciadas por su efecto relajante y revitalizante.

Por su parte, Rodrigo inició su caminata hacia las fallas geológicas.

Su atención estaba centrada en ciertas zonas específicas, especialmente en aquellas piedras que se mencionaban constantemente en redes sociales.

Se preguntaba qué eran en realidad: ¿piedras espirituales, minerales cargados de energía, o simples formaciones naturales?

Esta curiosidad era lo que lo motivaba.

No solo venía a descansar, también buscaba entender qué tenía de extraño esa zona y por qué era tan comentada.

Mientras caminaba por los senderos de Tepoztlán, observaba cada formación rocosa, cada árbol y cada arbusto con detalle.

Sentía la energía de la tierra bajo sus pies, percibiendo cómo los minerales y la historia del lugar parecían resonar a su alrededor.

Cada piedra, cada grieta en la roca, era un posible indicio de fenómenos anómalos o de energía concentrada.

La pregunta permanecía en su mente:
—¿Qué tienen de extraño estas piedras, y por qué despiertan tanto interés?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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