Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El legado de los cielos - Capítulo 116

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El legado de los cielos
  4. Capítulo 116 - 116 QUIEREN HACERLE DAÑO A MI AMO
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

116: QUIEREN HACERLE DAÑO A MI AMO 116: QUIEREN HACERLE DAÑO A MI AMO Capítulo 116: Quieren hacerle daño a mi amo.

En México existe un dicho antiguo que ha pasado de generación en generación, pronunciado por los ancianos como advertencia más que como simple frase popular: “El que se mete en camisas de once varas, sale pagando”.

No se trata únicamente de palabras al aire.

El significado es claro y crudo: quien se entromete en asuntos que no le corresponden, quien cruza límites que no comprende o desafía fuerzas que no puede controlar, tarde o temprano termina pagando el precio, ya sea con dolor, humillación… o con la vida.

Ese tipo de dichos no nacieron del azar.

Surgieron de experiencias reales, de tragedias, de errores que se cometieron una vez y no debían repetirse.

Sin embargo, solo aquellos que llegan al borde del abismo comprenden su verdadero significado.

Rodrigo, en ese instante, lo entendió.

Rodrigo no podía moverse.

Su cuerpo estaba completamente rígido, como si una fuerza invisible lo hubiera clavado al suelo.

Apenas podía mover los ojos, y lo único que veía frente a él era a la anciana que lo observaba fijamente mientras se relamía los labios con una expresión perturbadora.

Fue en ese momento cuando Rodrigo comprendió que estaba en problemas.

Y peor aún… que se los había buscado él mismo por meterse donde no lo llamaban.

En México, los ancianos repiten esos dichos tan conocidos, y siempre aclaran que no son solo frases, sino realidades.

Hoy, Rodrigo lo entendía con absoluta claridad, sin lugar a dudas ni excusas.

La anciana dio un paso al frente y sonrió.

—Jajajaja —rió, con una carcajada cargada de burla—.

Otro más que viene a entregarse siendo alimento, aunque no es tan nutritivo como esos.

A unos metros de distancia, Pedro Ocampo miró a Rodrigo tirado en el suelo.

Bastó un solo vistazo para darse cuenta de que no era un cultivador.

Sin embargo, también notó algo más: ese joven, aunque no cultivador, era un guerrero.

Un guerrero común, alguien sin cultivo, sin registro, sin respaldo de ninguna familia poderosa.

Pedro repasó mentalmente las listas.

No estaba entre los buscados, no pertenecía a ninguna familia registrada, no figuraba como amenaza.

Para él, Rodrigo no era más que un simple civil.

¿Qué hace este niño aquí?

pensó con el ceño fruncido.

Ahora tendremos pérdidas civiles… y pérdidas internas dentro de la DEANC.

La situación ya era suficientemente grave como para sumar errores innecesarios.

Justo cuando todos estaban a punto de realizar otro movimiento, una presión abrumadora descendió de golpe, sacudiendo el ambiente como una ola invisible.

Todos se sobresaltaron.

Todos… menos Rodrigo.

Rodrigo pensó, con un destello de alivio atravesándole la mente:
Genial, no voy a morir… viene Sily o Sherapine a ayudarme.

Pero su alivio se desvaneció de inmediato.

Una luz negra apareció de la nada, como si el espacio mismo se hubiera rasgado.

De ella emergió una joven… o al menos eso parecía.

A simple vista, aparentaba unos diecisiete años.

Estaba descalza.

Rodrigo sintió cómo su corazón se detenía por un segundo.

No era Sily.

No era Sherapine.

—¿Quién…?

—pensó, confundido.

La joven vestía de café, con una ropa sencilla pero extrañamente armoniosa.

Su cabello castaño caía hasta la cintura, bien cuidado, y llevaba una horquilla en el peinado que la hacía ver atractiva de una forma natural.

Sus ojos verdes claros destacaban de inmediato, y su piel fina como el jade le daba la apariencia de una joven refinada y delicada.

Parecía frágil.

Parecía suave.

Parecía… alguien que no pertenecía a un lugar como ese.

Sin embargo, lo que llamó la atención de Rodrigo —y de todos los presentes— no fue solo su belleza.

Era el hecho de que estaba completamente descalza.

La joven miró a Rodrigo y le dedicó una sonrisa.

Solo esa sonrisa fue suficiente para que la mente de Rodrigo se desbordara con pensamientos que ningún joven en su posición podría evitar.

¿Qué joven no querría tener frente a él a una chica así?

Hermosa, delicada, con la apariencia de una princesa sacada directamente de un cuento.

Luego, la joven desvió la mirada hacia la pareja de ancianos.

Sonrió de lado y soltó un bufido.

—Hmmph.

Ustedes, viejos, están a punto de morir y todavía quieren hacerle daño a mi amo.

El anciano y la anciana levantaron apenas el rabillo del ojo.

Nadie en este mundo les había hablado de esa manera.

Y aquellos que alguna vez lo hicieron… ya estaban muertos.

La ira se encendió en sus miradas, pero algo tenían claro.

Ese “amo” al que se refería la joven… solo podía ser uno.

Por su parte, Pedro Ocampo y los miembros de la DEANC no conocían a esa joven.

Nunca la habían visto, no figuraba en ningún archivo ni registro.

Pedro, de inmediato, la asoció mentalmente con aquel joven que había disparado antes.

Rodrigo, en cambio, estaba completamente perdido.

No sabía quién era esa joven.

Lo único que se le ocurrió pensar fue que quizá era hija del anciano al que habían golpeado antes.

Eso era lo único que tenía sentido para él.

El anciano vestido de negro fue el primero en moverse.

Su figura se lanzó hacia adelante con una velocidad brutal, cargada de intención asesina.

Todos pensaron lo mismo en ese instante: esa joven saldría volando.

Pero no fue así.

La joven se movió hacia atrás de una manera delicada y exquisita, con las manos en la espalda.

Su desplazamiento fue tan natural, tan suave, que apenas levantó unas cuantas hojas del suelo al hacerlo.

El ataque del anciano… falló.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo