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El legado de los cielos - Capítulo 117

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  4. Capítulo 117 - 117 NO HAY MEDICINA PARA EL ARREPENTIMIENTO
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117: NO HAY MEDICINA PARA EL ARREPENTIMIENTO 117: NO HAY MEDICINA PARA EL ARREPENTIMIENTO Capítulo 117: No hay medicina para el arrepentimiento.

El anciano miró a la joven frente a él.

Había fallado su movimiento, algo que no le ocurría desde hacía muchos años.

Con el ceño fruncido, giró la cabeza hacia la anciana y dijo con voz grave:
—Vamos los dos al mismo tiempo.

La joven respondió con una sonrisa tranquila, casi burlona, como si aquello no representara ningún peligro para ella.

—Vengan los dos, viejos moribundos, a buscar su muerte.

No me hagan perder el tiempo.

Esas palabras encendieron por completo la furia de ambos.

La anciana movió la mano y sacó una pequeña caja de madera, mientras que el anciano empuñó su espada con firmeza.

Sus rostros ya no mostraban burla ni desprecio, sino una tensión real, nacida del instinto de supervivencia.

La anciana abrió la caja y lanzó el gusano GU.

Sin embargo, para su sorpresa, la joven levantó la mano con calma, formando un sello complejo en el aire.

De la nada surgió un fuego rojo intenso que envolvió al gusano, quemándolo hasta convertirlo en cenizas en un instante.

El rostro de la anciana se torció de furia.

En ese instante, tanto la anciana como el anciano comprendieron una realidad que no podían ignorar: la joven frente a ellos no era cualquiera.

Era un rival que debía ser tomado seriamente en cuenta.

Sin perder tiempo, ambos sacaron sus armas por completo y atacaron juntos.

La joven, con las manos en la espalda, se movió de un lado a otro.

Sus movimientos eran delicados, finos, sencillos, como si estuviera bailando descalza.

El polvo se levantaba suavemente, hojas volaban a su alrededor, pero no hacía ruido con sus pies.

No había impacto, no había sonido de pasos, solo aire desplazándose y hojas girando en el ambiente.

Para quienes estaban presentes, si no vieran a la joven, pensarían que era el viento jugando con el polvo y las hojas.

La joven danzó durante varios movimientos, esquivando exquisitamente a la pareja de ancianos.

Por su parte, el anciano y la anciana ya sudaban; lo estaban dando todo.

Sin embargo, aún no habían logrado tocarla ni una sola vez.

La diferencia entre ellos era abismal.

La joven bufó.

—Hmmph.

Ustedes, viejos, están tiesos.

Vayan a buscar a la muerte, no los dejaré renacer.

Cuando terminó de hablar, se elevó al cielo.

Sus manos comenzaron a moverse con rapidez, formando sellos complejos.

Todos vieron cómo la noche se iluminaba: un enorme círculo rojo apareció en el cielo, y un fuego ardiente descendió sobre el área, cubriendo a la pareja de ancianos.

Era pura energía espiritual, de atributo fuego.

La pareja de ancianos sintió la presión.

No, era más que presión.

Sintieron su muerte.

La anciana, con el rostro lleno de terror, gritó suplicando y lamentándose:
—No… no… No puedes matarnos, mi amo no los dejará ir.

La joven sonrió con frialdad y dijo:
—No hay medicina para el arrepentimiento.

Hizo una breve pausa y continuó:
—Y su amo no me importa.

Quién sea hoy, ni el emperador los salvará.

Terminó los sellos, y el círculo cayó sobre la pareja de ancianos.

Solo se escucharon gritos de dolor.

Luego, de repente, se esfumaron, como si nunca hubieran estado ahí.

Rodrigo quedó completamente impactado.

Esa era la primera pelea real que veía entre dos verdaderos cultivadores.

Había visto a Sily y había sentido la presión de Sily y Sherapine, pero nunca las había visto realizar movimientos de combate reales.

Aunque la presión de esta joven era menor que la de Sily, sus movimientos habían acabado con dos ancianos que aparentaban ser extremadamente fuertes.

¿Qué tan fuerte es esta joven?

Pensó, conmocionado.

La joven se acercó a Rodrigo y le tendió la mano.

Una energía espiritual lo envolvió, bañando su cuerpo.

Rodrigo la sintió caliente durante unos segundos y luego fresca; el dolor desapareció por completo.

Después, la joven sacó una píldora y se la entregó.

—Toma, amo.

Tome esta píldora y se curará de sus lesiones.

Rodrigo quedó aún más impactado.

—¿Amo?

—preguntó sorprendido—.

¿Acaso te mandó Sily o Sherapine a que me salvaras?

Qué genial.

La joven sonrió y respondió:
—No sé quiénes sean.

Solo sé que el destino nos unió, y será mi amo.

Solo mi amo puede ayudarme, y yo ayudaré a mi amo.

Rodrigo quedó aún más confundido.

¿Quién era esta joven?

¿Por qué insistía en llamarlo amo?

Pedro Ocampo se levantó con dificultad.

Sabía que esta joven era más fuerte; no debía meterse en problemas.

Sin embargo, tampoco podía dejar pasar un posible peligro para la nación, y ese joven podría ser la clave.

—Gracias por su ayuda, joven.

Somos del CNI, fuerzas especiales del país.

¿Puedo saber su nombre?

Rodrigo lo miró por un momento y dudó.

CNI, fuerzas especiales.

Aunque tenían equipo táctico, claramente eran cultivadores.

Nunca había sabido de esto; era totalmente nuevo para él.

¿Más cultivadores existían en realidad?

Después de un momento pensando, dijo:
—Solo soy alguien que pasaba por aquí.

Miré la pelea y me llamó la atención.

Estaba cerca y no quise meterme en este asunto… casi muero.

La joven miró al grupo de cultivadores y le dijo a Rodrigo mediante su sentido espiritual:
Amo, estos son cultivadores.

El más fuerte está en el reino del establecimiento de la fundación.

El resto son del refinamiento de qi.

Rodrigo se sorprendió al escuchar la voz en su mente.

Recordó una serie que había visto días atrás, donde un chico despertaba un sistema.

¿Acaso sería algo así?

¿Estoy loco?

Eso jamás pasaría en la vida real… ¿verdad?

Miró a la joven sorprendido.

La joven, como si comprendiera sus pensamientos, dijo:
Le estoy hablando mediante sentido espiritual.

Nadie más puede escuchar.

Haga una seña y los mataré de inmediato.

Rodrigo volvió a sorprenderse.

Aunque tenía una herencia y contaba con Sily y Sherapine, nunca había entrado en estos temas.

Todo esto era completamente nuevo para él.

Pedro Ocampo, al ver el silencio, habló de nuevo:
—Gracias a ustedes dos por ayudarnos.

Si necesitan algo, puedo ayudarles.

¿Tienen algún problema, van a algún lugar, necesitan asilo?

Rodrigo respondió:
—No necesito…
Pero fue interrumpido por una fuerte presión y una voz profunda que resonó en el aire:
—Cuando matan a un perro, deben saber quién es su dueño.

Tras terminar la frase, apareció un anciano vestido de negro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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