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El legado de los cielos - Capítulo 119

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Capítulo 119: ME HAS HECHO ENOJAR, AHORA SI ME PONDRE SERIO

Capítulo 119: Me has hecho enojar, ahora sí me pondré serio.

La presión dada por el anciano de negro se quitó totalmente.

Pedro Ocampo y los miembros de la DEANC sintieron como si el peso del mundo se levantara de sus espaldas. El aire volvió a fluir con normalidad y pudieron respirar con dificultad, incorporándose lentamente. Rodrigo también se puso de pie, aunque aún sentía el eco de aquella presión resonando en su cuerpo.

Pedro y su gente miraron al cielo instintivamente. No había nadie.

El silencio duró apenas unos segundos, pero fueron suficientes para que la tensión se acumulara como una cuerda estirada al límite.

De pronto, una luz azul apareció en el aire. No fue un destello violento, sino una manifestación elegante, profunda, como si el propio cielo se abriera. De esa luz emergió una mujer vestida completamente de azul, con el cabello del mismo color cayendo como una cascada hasta su espalda.

Era Sherapine.

Su presencia hizo que el ambiente cambiara por completo. El aire se volvió frío, denso, pero al mismo tiempo claro, como si todo estuviera bajo su control.

Sherapine miró a Rodrigo y habló con calma absoluta:

—Yo me encargo de este maldito viejo. Ve, dale esta píldora. Ya que el destino los unió, entonces acepta tu destino.

Le lanzó un pequeño frasco de porcelana blanca.

Rodrigo lo atrapó al vuelo. Sin dudarlo, miró en dirección a donde estaba la joven tendida e inconsciente. Caminó rápidamente, se agachó junto a ella, la levantó con cuidado —como si temiera romperla— y le dio la píldora, asegurándose de que la tragara.

Pedro Ocampo observó toda la escena en silencio. Miró a Rodrigo, luego a la joven inconsciente, y después a Sherapine.

Era evidente: aquella mujer era poderosa, extremadamente poderosa. No había forma de enfrentarse a ella. Pero tampoco podía permitir que un peligro así quedara suelto sin control. Su mente ya trabajaba buscando una salida, un plan, una manera de hacer que estos cultivadores ayudaran a la nación en lugar de convertirse en una amenaza.

El anciano de negro fijó su mirada en Sherapine y habló con voz cargada de desprecio:

—Tú también vienes a buscar la muerte. Hoy nadie se irá de aquí.

Sherapine sonrió levemente, una sonrisa fría, peligrosa.

—Mira quién es… —dijo—. El mismo bastardo que traicionó a su maestro y lo mató. Pensé que el karma ya te había llevado al nirvana.

El anciano bufó.

—Hmmph. Ese viejo era parcial. Yo era el discípulo más talentoso, pero prefirió a esa mujer que no tenía talento.

Sherapine negó suavemente con la cabeza.

—No importa.

Hizo una señal con la mano, como si descartara algo insignificante, y continuó:

—Ya que estás aquí, hoy te daré una lección en nombre de tu maestro.

Sacó su espada. La hoja brilló intensamente cuando le inyectó energía espiritual. Sin más palabras, la lanzó hacia el anciano. Una espada gigante azul se materializó en el aire, vibrando con un poder aterrador, y se lanzó directamente contra él.

El anciano reaccionó de inmediato. Sacó su propia espada y la lanzó también. Una espada gigante blanca apareció, chocando de frente con la espada azul.

El impacto fue brutal.

Una onda de choque se expandió en todas direcciones, levantando polvo, hojas, ramas y arrancando pequeños árboles de raíz. El suelo tembló con fuerza, provocando un pequeño sismo. En esta zona volcánica, llena de fallas geológicas, esos movimientos eran comunes; apenas se sentían en la ciudad, pero aquí, de pie sobre la tierra, se percibían claramente.

Aun así, no llamó la atención de nadie. Era de noche, y estaban lejos de las zonas visitadas por turistas.

El choque quedó en empate. Ninguno de los dos obtuvo ventaja.

El anciano habló con una sonrisa torcida:

—Esa mocosa ha mejorado con los años. Parece que estar aquí no te ha cobrado el precio del dao.

Sherapine respondió con frialdad absoluta:

—Hoy, aunque el dao me lleve, no quedarás con vida. Iremos juntos. Al menos cumpliré lo que mi maestro me pidió, pero tú no renacerás.

Diciendo eso, se elevó en el cielo. Un fuego verde se encendió alrededor de Sherapine, envolviéndola como una corona ardiente. Sus manos se movieron formando sellos complejos y antiguos.

Un dragón de fuego verdoso se materializó en el aire. Su cuerpo era imponente, sus ojos ardían con furia espiritual. Rugió y se lanzó directamente hacia el anciano.

El anciano no tuvo tiempo de reaccionar por completo. Alzó su espada y lanzó un ataque defensivo. Una espada gigante blanca salió a interceptar al dragón.

El choque fue aún más violento.

El temblor sacudió la zona con más fuerza. Rocas, tierra y escombros salieron volando. Durante tres respiraciones completas, la espada blanca resistió, luchando contra el dragón. Finalmente, se quebró.

El resto de la energía del dragón impactó de lleno al anciano, mandándolo a volar unos tres metros. Su cuerpo se estrelló contra el suelo, dejando una grieta en la tierra.

El anciano se tocó el pecho lentamente. Su expresión cambió; ya no había burla, solo furia.

—Me has hecho enojar… —dijo con voz baja pero cargada de intención asesina—. Ahora sí me pondré serio. Te haré saber lo que somos los cultivadores demoníacos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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